Por: Psicot. Miguel Jarquín
¡Nosotros somos el campo de labor de las cosas!
Es preciso que germinen en nosotros
imágenes de existencia.
Friedrich Nietzsche
EL FRÍO Y LA LUZ
Ese viernes, 1 de octubre, abría con una luz tenue que tintineaba con las gotas de la lluvia que se arrebataban por el viento que las impulsaba contra mi ventana y hacía que se colara un frío que recorría mi cuerpo. Un temblor me recordó que había hecho un espacio para ingresar a la sesión mensual del INIDH y mi corazón temblaba: dos perros dentro de él, se mostraban los colmillos y uno ladraba con un aullido que me amenazaba con la frase: “y ¿éste quién es?”. El miedo a no ser reconocido me amenazaba[1]. El otro perro me lamía la cara y me anunciaba una bonita recepción: la caricia regocijaba mi aliento y me decía: “ahí hay personas que te quieren”. De cualquier manera, mi corazón estaba despedazándose a mordidas. ¡Qué miedo no ser confirmado en mi existencia!
ALREDEDOR DE LAS 10
Antes de que la manecilla grande del reloj señalara las 12, para anunciar con la otra flecha las diez, empecé a ingresar a la liga que nos habían mandado para entrar a la sesión. Después de unos minutos, entré y empecé a ver que sí era el lugar indicado. Sin embargo, en lo que inicié a saludar, la Internet me sacó y caí desalentado. En aquellos años, las abuelas dirían: “mal presagio. Empiezas mal. Mejor no ingreses”. Los nuevos vientos ensayaron una invitación: “arriésgate, hoy no es ayer. Atrévete a atisbar el horizonte que se abre ante ti”.
Así lo hice, con el temblor que continuaba, di click a la tecla ordenadora y rápidamente quedé dentro. La sorpresa me iluminó en un abrir y cerrar de ojos: Ricardo dejó caer unas palabras que eran un rayo de luz cálido abriendo la nube del temor para abrazarme con cariño y darme la bienvenida. Se sucedieron las palabras de aprecio y no faltó la broma de mi querido amigo Sergio, que ¡vamos!, no se le escapa una. ¡Qué regocijo sentí en mi corazón! Mi cuerpo dejó de temblar y pude ir viendo los rostros de mis amigos que aparecían y, claro, uno muy esperado, Luisito.
Pasaba de las diez con unos cuantos minutos, cuando el amor de mis amigos[2], ya apuntalaba las zapatas para generar un calorcito que mostraba que mis fantasías catastróficas se habían ido al caño. Cuánto cariño me aguarda en el corazón de quienes caminan conmigo en esta historia de conquista personal y construcción comunitaria. ¡Qué maravilla saberme bien recibido!
Entre risas y cantos, celebrábamos el cumpleaños de Gaby. Dio inicio la sesión con la sugerencia de Ricardo de iniciar con el ejercicio propuesto por los Michel y que inicia solicitando: “muéstrame una fotografía”[3]. El plan era que una persona presentara su fotografía y yo la siguiera según fuera describiéndola. Me dispuse para que nuestro primer narrador, Pablo, abriera el álbum fotográfico y nos enseñara la imagen. La novedad es que la figura tiene movimiento.
Las palabras del cronista empezaron a colaborar para ir diseñando el cuadro: empezó a surgir un hombre blanco, me parece alto, con voz radiante y lo veía caminar con gallardía relatando uno de sus logros. De pronto, se dobló su pierna y como si trajera una piedra en el zapato o le diera un calambre, se quebró y dejó salir una deuda con quien llamó su “abuelo espiritual”. Sentía que no había “cerrado”[4] con él un pendiente que aún hervía como ascua encendida en el bracero.
La tristeza reventó desde el nido del pecho saltando a través de las lágrimas, a pesar de que, según decía: “no soy un hombre fácil de llorar”. El llanto lo avasalló y su cuerpo se encorvó. Un viento suave bajó en la voz de su esposa y lo acarició con unas palabras de seda que se volvieron un bálsamo para él. En ese instante sentí que aquel hombre estaba listo para que su amor del presente resignificara aquel pasado que seguía carcomiendo su entraña[5]. Con aquel orgullo sobre sus logros, su dolencia insufrible y su sentirse amado, me hizo recordar unas palabras: “Éste es su modo de decir: yo soy éste y no otro, ni de otra manera. […] Su yo está ligado como vivencia intencional a esa realidad exterior que lo envuelve en la apertura a su conciencia”[6].
Una vez que terminó su narración, le pidieron eligiera una persona que le proporcionara un “acto de escucha”[7] y, una vez que lo hiciera, se convertiría en el siguiente narrador. Pablo escogió a Lourdes, quien con gran aprecio dejó volar sus palabras para retroalimentar a Pablo[8]. Toda vez que lo hizo, pasó la hoja del álbum y apareció su fotografía: observé a una mujer adolorida ante la vivencia de ruptura que vivía con su familia y por la contrastación que hacía al ver que en otros lugares donde ella actuaba, era muy querida y valorada. Al recibir los “actos de escucha” de sus compañeros, descubrió una vivencia más: no sólo estaba el descrédito, sino que también podía sentir la ternura con que su hermana la trataba y eso cobijó su corazón[9].
SOBREPASANDO LAS 11
Tomó la palabra Ricardo para seguir el orden de trabajo y respetar el tiempo. Pidió a Gaby pasara a la lectura de la relatoría de la sesión anterior, lo cual hizo con gran tino. Esta lectura me gustó mucho: hace tiempo que no tenía oportunidad de oír “leer en voz alta”, ese ejercicio que aprendí de niño y que me encantaba, pues podía volar en las palabras que surgían del lector y seguir su ritmo, su énfasis, sus emociones, en fin, era una actividad que, además de alimentar la fantasía, enriquecía el encuentro con el otro: leer como si se narrara a sí mismo y escuchar como si el lector me llevara a una tierra de ensueño. ¡Qué gran lectora resultó ser Gaby! Su cara de gozo seguía presente. En la mañana había recibido un ramo de flores de su hijo y la alegría brotaba por toda su cara. En su rostro pude seguir la melodía de alegría que Beethoven dedicó al poema que tantos años acarició[10]. Constaté que la alegría expresa el manantial del ser[11].
Siguieron varias participaciones que se agolpaban ordenadamente como cadetes en un desfile. Dos de ellas llamaron mi atención: la primera fue la que realizó Roque al precisar que, de momento, aparecen dos formas diferentes de escribir: una se refiere a dar fe de un evento, podríamos decir: la constatación de un hecho, con palabras de los narradores, “lo más objetivamente posible”. La otra se refiere a la narración de la propia vivencia.
Surge aquí la visión fenomenológico-hermenéutica, en la que primero se da la vivencia, tal como sucede, sin saber de ella; sólo vivirla. Después viene la tarea de percatarse de ella, y en un tercer nivel, reflexionar sobre ella[12]. Sacando la puntilla a este dato, se me antoja llamar a este ejercicio: “Reflexión sobre la práctica de acompañamiento”.
La segunda participación que me atrapó fue el comentario de Medardo: “estamos logrando lo que parecía imposible”. Qué alegría formar parte de un grupo constructor, que es muestra del ejercicio que fomenta la habilidad de “aprender a pensar en grupo”. Además, que puede partir de la vivencia intencional, como la llamó Husserl[13], es decir esa vivencia cargada de significados y que llamaremos: vivencia significativa[14]. Justamente, en esto está el que la fenomenología sea un humanismo: nos permite apropiarnos significativamente de nuestras vivencias.

LOS TEMAS: UN INICIO
Me sentí dentro de un río lleno de vitalidad que arrastraba gran riqueza en su bajada hacia el mar y no quiero dejar pasar dos temas que me atrajeron: el crecimiento personal y la afirmación del yo.
El crecimiento personal saltó como un fruto del encuentro consigo mismo, venido desde el otro. Pareciera que el trabajo lo hace la persona y sí, claro que sí. Sin embargo, esto sería imposible sin la mirada del otro. En este ejercicio, la llamada a dar un “acto de escucha” se vuelve relevante. La primera narración que realiza el protagonista sólo deja brotar su vivencia, pero al recibir el “acto de escucha” inicia un ejercicio de interiorización que “…sorprendo entonces (como) un singular trabajo subterráneo…”[15]. La persona, a la luz del otro, inicia una interiorización que le lleva, poco a poco, a conquistarse a sí mismo.
Brincó de nuevo la petición acerca de “dar una fotografía”, recurso que colabora a que surjan los sentimientos escondidos detrás de las palabras[16], sí, qué recurso tan potente y más si recordamos que fotografiar es el arte de escribir con luz. Cada que puedo, tomo la punta del rayo de luz que viene a mí y toca mi corazón cincelándolo para pasar de un corazón de piedra a un corazón de carne.
La persona no realiza un cambio de primer orden, siguiendo una imagen de Watzlawick[17], sino de segundo orden, es decir, una conversión, es cambiar el «corazón del corazón» y esto conlleva un desgarramiento. Este camino de conquista personal duele, aunque, más tarde, trae sus propios gozos, como los frutos de un árbol. El cambio propicia un ritmo en el que vamos y venimos en una dialéctica que enriquece a la persona[18].
La afirmación del yo, que sigue los caminos del aprendizaje del yo, no es una actitud autoritaria por la cual el yo individual grita desaforado con los timbales de la orquesta que lo anuncian: “yo, soy yo”, sino más bien, se consolida a partir de una realidad móvil y progresiva, que se descubre, se enriquece y gana en autoridad interior[19]. Este descubrimiento avanza en un movimiento de personalización que se orienta para su progreso en tres carriles, según lo vio Mounier: el movimiento de exteriorización, el movimiento de interiorización y el movimiento de superación o trascendencia.
- El movimiento de exteriorización que se acopla al mundo bajo la impronta del medio ambiente. Coincide con lo que Freud llamó el principio de realidad[20]. Este movimiento lleva al yo fuera de sí mismo para contactar con las cosas y las personas. Le induce a diferenciar la diversidad de los objetos definiendo las confusiones del propio yo. Lo invita a entusiasmarse con la diversidad de lo real, lo cual, corre el peligro de dispersarlo y perderse. Finalmente, para enfrentar esta dispersión, surge una fuerza de apropiación que tiende a sostener integrando lo disperso en una consolidación al paso del yo entre las cosas.
- El movimiento de interiorización lleva a un retraimiento del yo con respecto al mundo de las cosas y de las personas tomadas como cosas. Lo atrae hacia zonas más silenciosas y profundas en donde puede refrescarse en sus propias aguas. La paradoja muestra sus garras de acero: huir ante el otro por el miedo ante el amor y, al mismo tiempo, recogimiento para libar la dulzura que manará leche y miel. Mezquindad y prodigalidad se ahíjan en el fondo en donde se da la conquista del yo.
- El movimiento de superación o trascendencia constante de lo dado. Es avanzar de lo dado a lo querido. Somos seres de voluntad cuya libertad asume que el yo, ha de ir más allá de sí mismo. El yo sólo se halla como persona en el movimiento de personalización que lo invita a superarse a sí mismo constantemente: es más lo que está delante de él, que lo que está en él. Va más allá del hábito, es actitud.
Cuánta riqueza en este campo fértil del yo. Sin caer en los elogios del narcisismo que hoy nubla la vida radiante del yo, es tiempo de ponerlo en su lugar y desplegar sus potencialidades, sin perder al tú, ni menos aún, a la comunidad en donde los aprendizajes se forjan.
Aquí me despido queridos amigos del INIDH, agradeciendo en cada uno, al tú que me dirigió su palabra y me ayudó a encontrar algunas sorpresas de la luz.
FUENTES DE INFORMACIÓN
- Bibliográficas
- Buber, Martin. Distancia originaria y relación en Diálogo y otros escritos. Traducción de César Moreno Márquez. Ríopiedras ediciones. Barcelona, 1997.
- Chávez, Rosario y Michel, Sergio. Los Círculos de Aprendizaje Interpersonal: Alternativa viable y de alto impacto en la educación socioemocional. Documento enviado al INIDH. Septiembre de 2021.
- Freud, Sigmund. Más allá del principio de placer en Obras Completas III. Traducción de Luis López-Ballesteros y de Torres. Biblioteca Nueva. Cuarta edición. Madrid, 1981.
- Husserl, Edmund. Investigaciones Lógicas 1. Traducción de Manuel García Morente y José Gaos. Alianza editorial. Madrid, 1985.
- Jarquín, Miguel. Hacia una Poética del Otro. 1. La persona: presencia inefable. Ediciones Yoltéotl. Zapopan, 2014.
—. Hacia una Poética del Otro. 2. La educación: El florecer de la existencia en relación. Ediciones Yoltéotl. Zapopan, 2015.
—. Hacia una Poética del Otro. 3. Conciencia: sentido y existencia. Ediciones Yoltéotl. Zapopan, 2018.
- Lacroix, Jean. El fracaso. Traducción de Antonio Pérez González. Editorial Nova Terra. Barcelona, 1967.
- Mahrer, Alvin. How to Do Experiential Psychotherapy. A Manual for Practitioners. University of Ottawa Press. Ottawa, 1989.
- Michel, Sergio y Chávez, Rosario. Una foto de tu experiencia. Editora Norte-Sur. CIPRE. Irapuato, 2016.
- Mounier, Emmanuel. Tratado del carácter en Obras completas II. Traducción de Antonio Ruiz, Jesús Ma. Ayuso, Félix Cabello, Francisco León, Antonio Calvo. Ediciones Sígueme. Salamanca, 1993.
—. El Personalismo en Obras Completas III. Traducción de Carlos Díaz, Juan Carlos Vila, José Luis Martín, Michèle Berger, Pedro Ortega, Gonzalo Tejerina, José Ángel Moreno, Carmen Pitarque. Ediciones Sígueme. Salamanca, 1990.
- Nietzsche, Friedrich. La voluntad de poderío. Traducción de Aníbal Froufe. Editorial EDAF. Madrid, 1998.
- Polster, Erving y Miriam. Terapia guestáltica. Traducción de María Antonia Oyuela. Amorrotu editores. Segunda reimpresión. Buenos Aires, 1991.
- Rogers, Carl. Psicoterapia centrada en el cliente. Práctica, implicaciones y teoría. Traducción de Silvia Tubert. Ediciones Paidós. Segunda reimpresión. Barcelona, 1986.
- Prohaska, Leopold. Pedagogía del encuentro. Traducción de Ismael Antich. Editorial Herder. Barcelona, 1981.
- Szilasi, Wilhelm. Introducción a la fenomenología. Traducción de Ricardo Maliandi. Amorrortu editores. Buenos Aires, 1973.
- Watzlawick, Weakland y Fisch. Formación y solución de los problemas humanos. Traducción de Alfredo Guéra Miralles. Editorial Herder. Séptima edición. Barcelona, 1992.
- Musicográficas
- Beethoven, Ludwig. Symphony No. 9 in D minor Op. 125. Mit Schlusschor über Schillers Ode An Die Freude. Brillant Classics. Staatskapelle Dresden, Herbert Blomstedt. Rundfunkchor Leipzig. Chor der Staatsoper Dresden. Recording: Lukaskirche Dresden, 1980.
[1] Buber recuerda con fuerza la necesidad de la vivencia de la confirmación en el orden de la existencia: “El fundamento del ser-hombre-con-el-hombre es esta dualidad y unidad: el deseo de cada hombre de ser confirmado por otros hombres como lo que es y puede llegar a ser, y la capacidad innata al hombre para confirmar a sus prójimos justamente de ese modo”. (Buber, Martin. Distancia originaria y relación en Diálogo y otros escritos. Traducción de César Moreno Márquez. Ríopiedras ediciones. Barcelona, 1997. p. 103.).
[2] Prohaska, para ilustrar el amor de amigos, usa como ejemplo la vivencia entre Schiller y Goethe, y lo hace con estas palabras: “Se formó entre ellos una amistad raras veces alcanzada. Se basaba esta amistad en una mutua estimación y halló su expresión en la obra conjunta”. (Prohaska, Leopold. Pedagogía del encuentro. Traducción de Ismael Antich. Editorial Herder. Barcelona, 1981. II, 1, p. 39.).
[3] Los Michel, han desplegado una estrategia para colaborar a que la persona haga contacto con una “conducta óptima”, esto es, una conducta que representa un salto cuántico en la cualidad de la vivencia y una de ellas es la escucha atenta, imaginaria, dispuesta, apreciativa y experiencial, para lo que piden, siguiendo a Alvin Mahrer quien “solicitaba sólo una escena, un momento de sentimiento fuerte” y con ella, formar una fotografía. (Michel, Sergio y Chávez, Rosario. Una foto de tu experiencia. Editora Norte-Sur. CIPRE. Irapuato, 2016. p. 9.).
[4] En la terapia Gestalt, llaman a estos eventos que se quedan en el tintero y no se concluyen: “asuntos inconclusos”. Los Polster escriben sobre estas vivencias: “Toda experiencia se queda rondando y molestando, hasta que uno acaba con ella. La mayoría de las personas tiene una gran capacidad para las situaciones truncas; por suerte, ya que estamos condenados a que muchas cosas queden truncas a lo largo de la vida. Con todo, aunque pueda tolerarse una considerable cantidad de experiencia inconclusa, estos derroteros tienden a completarse…”. (Polster, Erving y Miriam. Terapia guestáltica. Traducción de María Antonia Oyuela. Amorrotu editores. Segunda reimpresión. Buenos Aires, 1991. 2, p. 50.).
[5] El segundo principio del Enfoque Centrado en el Nosotros —ECN—, postula: “son los amores del presente los que resignifican el pasado y no a la inversa”. (Cfr. Jarquín, Miguel. Hacia una Poética del Otro. 1. La persona: presencia inefable. Ediciones Yoltéotl. Zapopan, 2014; Hacia una Poética del Otro. 2. La educación: El florecer de la existencia en relación. Ediciones Yoltéotl. Zapopan, 2015; Hacia una Poética del Otro. 3. Conciencia: sentido y existencia. Ediciones Yoltéotl. Zapopan, 2018.).
[6] Jarquín, Miguel. Hacia una Poética del Otro. 3. Conciencia: sentido y existencia. Ediciones Yoltéotl. Zapopan, 2018. XII, p. 73.
[7] Siguiendo la lectura que los Michel mandaron al INIDH, puedo entender que “un acto de escucha” al ser verbalizado permite a la persona aclarar y profundizar. (Cfr. Chávez, Rosario y Michel, Sergio. Los Círculos de Aprendizaje Interpersonal: Alternativa viable y de alto impacto en la educación socioemocional. Documento enviado al INIDH. Septiembre de 2021.).
[8] Aquel estilo de dar el “acto de escucha” me hizo recordar el modelo rogersiano, que luego dio un paso adelante con la “escucha experiencial” de Alvin Mahrer, a quien los Michel consideran como su Maestro. Me parece que una de las diferencias básicas es el énfasis que coloca Mahrer en “accesar” a un sentimiento fuerte y profundo. (Cfr. Rogers, Carl. Psicoterapia centrada en el cliente. Práctica, implicaciones y teoría. Traducción de Silvia Tubert. Ediciones Paidós. Segunda reimpresión. Barcelona, 1986; Mahrer, Alvin. How to Do Experiential Psychotherapy. A Manual for Practitioners. University of Ottawa Press. Ottawa, 1989.).
[9] No hay ninguna vivencia que sea lineal o univalente, aunque queramos, todas despliegan una gama de posibilidades. El centro de nuestra persona responde al llamado de la realidad con emociones que la pintan de colores, haciendo un florilegio de perspectivas. La vida humana es plurivalente. (Cfr. Mounier, Emmanuel. El Personalismo en Obras Completas III. Traducción de Carlos Díaz, Juan Carlos Vila, José Luis Martín, Michèle Berger, Pedro Ortega, Gonzalo Tejerina, José Ángel Moreno, Carmen Pitarque. Ediciones Sígueme. Salamanca, 1990.).
[10] Cfr. Beethoven, Ludwig. Symphony No. 9 in D minor Op. 125. Mit Schlusschor über Schillers Ode An Die Freude. Brillant Classics. Staatskapelle Dresden, Herbert Blomstedt. Rundfunkchor Leipzig. Chor der Staatsoper Dresden. Recording: Lukaskirche Dresden, 1980.
[11] Cfr. Lacroix, Jean. El fracaso. Traducción de Antonio Pérez González. Editorial Nova Terra. Barcelona, 1967.
[12] Cfr. Szilasi, Wilhelm. Introducción a la fenomenología. Traducción de Ricardo Maliandi. Amorrortu editores. Buenos Aires, 1973.
[13] Cfr. Husserl, Edmund. Investigaciones Lógicas 1. Traducción de Manuel García Morente y José Gaos. Alianza editorial. Madrid, 1985.
[14] “Lo que la razón capta es el yo fenoménico, es decir el sujeto consciente, tal como se aparece empíricamente a sí mismo: éste es susceptible de descripción, pero de una descripción que tiende, por su movimiento mismo, a dispersarlo y materializarlo” (Mounier, Emmanuel. Tratado del carácter en Obras completas II. Traducción de Antonio Ruiz, Jesús Ma. Ayuso, Félix Cabello, Francisco León, Antonio Calvo. Ediciones Sígueme. Salamanca, 1993. 10, pp. 548 y 549.).
[15] Mounier, Emmanuel. Tratado del carácter en Obras completas II. Traducción de Antonio Ruiz, Jesús Ma. Ayuso, Félix Cabello, Francisco León, Antonio Calvo. Ediciones Sígueme. Salamanca, 1993. pp. 303 y 304.
[16] Cfr. Michel, Sergio y Chávez, Rosario. Los pequeños conspiradores del kiosquito. Editorial Norte-Sur. CIPRE. Segunda edición. Irapuato, 2018. 1, p. 15.
[17] Cfr. Watzlawick, Weakland y Fisch. Cambio. Formación y solución de los problemas humanos. Traducción de Alfredo Guéra Miralles. Editorial Herder. Séptima edición. Barcelona, 1992.
[18] “Entre el cambio puro que no conduciría nunca a un ser al mismo estado y la identidad pura que lo mantendría absolutamente igual a sí mismo, el ritmo asegura un cierto retorno y, en consecuencia, una cierta estabilidad en el cambio”. Mounier, Emmanuel. Tratado del carácter. Óp. Cit. 6, p. 292.
[19] Mounier, Emmanuel. Tratado del carácter. Óp. Cit. 10, p. 590.
[20] Cfr. Freud, Sigmund. Más allá del principio de placer en Obras Completas III. Traducción de Luis López-Ballesteros y de Torres. Biblioteca Nueva. Cuarta edición. Madrid, 1981.

