Las coincidencias significativas en la vida
Por: Lic. Carlos V. Cicottino
“La Sincronicidad es una visita relámpago que el cielo nos hace. Una experiencia sorprendente y maravillosa porque nos presenta la visión de una dimensión infinita y el acceso instantáneo al Orden Celestial. ¿Todo ya preparado para nosotros? Lo que parecería inalcanzable (para los mortales), simplemente sucede”. Carolina Yung
En este artículo analizaremos la estructura del principio de Sincronicidad, la mecánica de su manifestación y su relación causal en la vida humana. Algunos relatos verídicos matizarán su contenido.
Podemos definir la sincronicidad como una aparente coincidencia, normalmente imprevista para el observador, conformada por un objetivo urdido con cierta antelación e impulsado por el Destino, que satisface un “requerimiento” de carácter consciente o inconsciente, latente o manifiesto.
LA PRIMERA FUENTE
En su monografía “Sincronicidad” (1973), Carl Jung relata el siguiente episodio:
“Durante su terapia, una joven paciente me narra su sueño: Alguien le había regalado una joya, un escarabajo de oro. Simultáneamente oí detrás de mí ligeros golpes en el vidrio, era un escarabajo Cetonia Aurata de color dorado, que intentaba ingresar en la habitación. Abrí la ventana y atrapé el insecto al vuelo. Aquí está su escarabajo, le dije. Con asombro la paciente lo asoció de inmediato con la joya obsequiada”.
Carl Jung no sólo atrapó el insecto al vuelo, capturó además la presencia contundente del fenómeno, lo tipificó y encapsuló otorgándole un nombre: nace el concepto de Sincronicidad.

SU ESTRUCTURA
Para que este misterioso fenómeno se consolide en la vida humana, deben complementarse ciertas variables que hacen al conjunto. En primer lugar, nace del ser una voluntad direccionada, constituida por un anhelo, una necesidad o un implícito pedido de auxilio. Dicha inquietud es captada por la Mente Universal (poder o inteligencia creadora) que diseñará la estrategia adecuada para obtener un resultado propicio. El mecanismo que empleará suele ser ingenioso y, eventualmente, estar incorporado con antelación a la naturaleza sincrónica. Una vez ensambladas por su artífice las piezas necesarias (diseño) y concretado el modelo definitivo, éste se complementa con el reclamo inicial conformando un denominador común que da lugar a la sincronicidad. Se presentará a modo de suceso inesperado que irrumpe transgrediendo la “ley de coherencia” (conexión consecuente de una cosa con otra).
- Paso a relatar dos ejemplos:
“LO QUE BUSCAS TE ESTÁ BUSCANDO…” Hafez Rumi
Difundido en parte por la relevancia del involucrado, en parte por la dinámica que compaginó el suceso, es el caso vivido y narrado por el actor Anthony Hopkins. Cierto día del año 1973 procuró infructuosamente en librerías de libros usados de Londres conseguir un ejemplar de “The girl from Petrovka” (La chica de Petrovka).
Tomando el Metro de regreso a su casa, desalentado por no haber hallado el aludido libro (herramienta necesaria para inspirarlo en una próxima filmación), encuentra olvidado sobre un asiento sin ocupar, un ejemplar del mismo y, como remate de esta “coincidencia significativa”, como sobreactuación del fenómeno, el ejemplar en cuestión había pertenecido a George Feifer, autor de la novela, con anotaciones del propio escritor.
El caso mencionado, es un típico ejemplo de sincronicidad que he denominado inducida (a diferencia de la que llamo espontánea por carecer de mandante), en el que el fenómeno parte de un anhelo, deseo o necesidad (llamado) que provocará la acción de una fuerza superior como respuesta. Dicho pedido de auxilio puede ser consciente o inconsciente.

SINCRONICIDAD ALTRUISTA
Otro ejemplo de sincronicidad inducida está relatado por el médico Charles Nicolle en su libro “Biologie de L´invention”, París 1932.
“Era un espectáculo corriente el ver a estos pobres indígenas enfermos de tifus, delirantes y febriles, llegar con paso demente hasta las proximidades del refugio y caer extenuados, en los últimos metros. Como de costumbre pasé por encima del cuerpo. Fue en este preciso momento cuando recibí la luz. Al ingresar un instante después en el hospital de Túnez poseía ya la solución del problema. Sabía yo, sin posibilidad de duda que la solución era aquella, que no existía otra. Este cuerpo, la puerta ante la cual yacía, me habían mostrado bruscamente la barrera ante la que se detenía el tifus. Era el piojo. Al enfermo se le quitaban los vestidos, toda la ropa, era lavado, afeitado. El agente de contagio era pues algo ajeno a él, pero llevado sobre sí mismo, en su ropa, sobre su piel. Solamente podía ser el piojo. Luego logré la confirmación de la verdad que poseía ya desde el encuentro revelador que he mencionado”.
La asociación mental compaginada en el fenómeno de sincronicidad fue el elemento develador de la incógnita. Se tejió en la mente, pero surgió a través de una fuerza impulsora que se expresó con la contundencia que le es propia. La angustia latente producida por la incapacidad de descubrir el motivo de la enfermedad provocó el reclamo de auxilio, el llamado.
- A través del recorrido de mi vida, tanto las denominadas coincidencias significativas, como las actuaciones puntuales del destino, modificaron en mí, como lo han hecho en otros, su presumible derrotero. Relataré dos de ellas:

PROVIDENCIAL ENCUENTRO EN BARCELONA
La Basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona, figura como el punto turístico que no debe dejar de visitarse en esa ciudad. Es su carta de presentación.
Obedeciendo a los dictámenes del turismo, allí estábamos, mi esposa y yo, intentando comprar las entradas para ingresar en la basílica. Se habían agotado. Procuramos sacarlas para el día siguiente pero tampoco fue posible. Dado que el tercer día iniciábamos el regreso hacia Argentina, debimos resignarnos a no conocer el interior del templo.
Nos conformaríamos observando la construcción desde el exterior. Sus distintas fachadas, torres, esculturas. Serpenteábamos entre una entusiasta multitud de observadores de diferentes nacionalidades que, con sus cámaras fotográficas, deseaban abarcarlo todo. Nosotros éramos también partícipes de ese torrente humano, que, a fuerza de arrastre, nos condujo a un grupo de tres personas abocadas a la observación de la imponente obra.
Un aparente sacerdote explicaba a sus dos acompañantes aspectos particulares de la construcción. Pese a ser un absoluto desconocedor del mundo de la arquitectura, decidí intervenir en los comentarios:
—Pude observar que hay superpuestos, al menos tres estilos arquitectónicos diferentes. ¿Verdad?

El sacerdote me observó y respondió:
—En efecto, pero fueron varios los participantes que aportaron su profesionalismo. Tiene influencias de los estilos gótico español-europeo, modernismo catalán y art nouveau. Por dentro es más sencillo reconocerlos. ¿Ya entraron?
—Lamentablemente no. Y no podremos hacerlo en esta oportunidad por haberse agotado las entradas y en dos días estamos regresando.
—No se preocupen. Vengan. Síganme.
El cura se encaminó con decisión hacia uno de los ingresos. Nosotros, por detrás, pegaditos a él, junto con los dos circunstanciales acompañantes lo seguíamos.
Fue reconocido por los guardias de la entrada, los que insinuaron una reverencia al verlo y se hicieron a un lado. Se limitó a decirles: “Vienen conmigo”.
La fortuna de poder acceder se había cumplido. Estábamos en el interior, pero faltaba aún la secuencia contundente que suele acompañar al proceso de sincronicidad.
—Debo retirarme — mencionó el cura, pueden recorrer a gusto la basílica y la cripta.
—¡Gracias Padre, quería decirle que ha sido usted muy amable!
—Está bien. Si quieren pueden venir a la misa de las 20 horas que yo mismo daré en la capilla de la cripta.
—Bien, seguramente asistiremos, pero anótenos su nombre por si nos perdemos —y le acerqué un folleto y una lapicera—.

Escribió con la sencillez y humildad que puede apreciarse: LLuis Bonet.
Recorrimos el interior, deleitándonos con todo su esplendor. Cumplimos con lo prometido y asistimos a la misa a la que nos había invitado.
A nuestro regreso, contar con su nombre anotado en el folleto nos permitió poder informarnos sobre él. Supimos su nombre completo: Lluis Bonet Armengol, su cargo de Rector de la Cripta y Párroco de la Sagrada Familia, su militancia.
La sincronicidad, en este caso, provocó la situación cuasi mágica de pasar súbitamente de ser un paria, un excluido, un marginado, a ser “invitado de honor” por la máxima autoridad del lugar.
UNA OBRA DE “INGENIERÍA METAFÍSICA”
Después de 20 años de trabajar con relación de dependencia y recorrer la escala de funciones de vendedor a gerente de ventas, pasé a desempeñarme como distribuidor de una compañía internacional.
Conocía bien los códigos de la empresa y sabía que se ponía en alerta si recibía como pago un cheque sin los fondos suficientes. Infelizmente, por torpeza de un funcionario, me ocurrió ese percance.
Consecuencias: Cierre automático de mi cuenta por parte de la compañía dado que el hecho acusaba “que algo funcionaba mal”, sea inestabilidad financiera, descuidismo, desprolijidad y todo eso acarreaba explicaciones, explicaciones, explicaciones…
VÍSPERAS DE UNA NUEVA PESADILLA
Son las primeras horas de la tarde de un 9 de mayo de 1989. Han transcurrido sólo tres meses desde el desagradable episodio del cheque rebotado. Con estupor y angustiados, mi esposa y yo, reparamos que por “descuido” no estaba lo suficientemente cubierto el cheque N° 19078 por $ 145.001,21, destinado a un nuevo pago a la compañía, y que esa inadvertencia significaría repetir las inevitables sanciones. Se instalaría, además, el concepto de que “dos puntos determinan una recta”.
¡Volamos al banco! En vano, el banco ya había cerrado. Las cartas estaban echadas. ¿Estaban…?
SORPRESA
El día 10 de mayo, presurosos, concurrimos al banco. No lo podíamos creer: el cheque en cuestión ingresó, pero… ¡había sido pagado! Contábamos en la cuenta un saldo de $4.678,14, es decir $20.000 se habían agregado al “haber”, pagando así el fatídico cheque.
¡Qué buen tipo el gerente! me dije, realizó un movimiento de caja y nos cubrió. Pero no, no había sido él…
DEVELACIÓN
El día 31 de mayo de 1989 se reveló el misterio. En el resumen mensual aparecen descontados por el banco los $20.000 con fecha 30/05/1989. Consultado el asistente nos relata lo sucedido:
“El día 9 de mayo, casi sobre el cierre del banco, un cliente ingresa y solicita una boleta de depósito porque ha olvidado su talonario. Un empleado se dirige al archivo, retira una boleta y se la acerca sin constatar los datos impresos. El cliente no repara que no le pertenece ni que está impresa con nuestro nombre y número de cuenta. La completa y la entrega junto con $20.000 en efectivo al cajero, que, a su vez, no percibe el error.”
Así finaliza el prodigioso hecho.
INSTALACIÓN DE LO IMPOSIBLE
En el trayecto del episodio podemos observar una serie de “trastornos” y “disposiciones” que coparticipan para direccionar el propósito establecido, impidiendo que aflore alguna variable que pueda desviarlo o detenerlo. Es así que “casi sobre el cierre del banco”; “ha olvidado el talonario”; “sin constatar los datos”; “no repara que no le pertenece”; “no percibe el error”; son parte del engranaje que conduce a la construcción del hecho.
Dos planos participan casi en simultáneo, uno visible conforma el suceso, otro invisible, pero determinante, acomoda el vínculo de las piezas. Uno “atrae”, el “otro” obra.
UNA REFLEXIÓN FINAL
Es propósito de este análisis esclarecer en parte el gran misterio de las coincidencias y sus causas que nos lleva a reflexionar sobre cómo ellas influyen en los entretelones de las historias humanas. Debemos aclarar que no todos aquellos partícipes en el fenómeno logran captar y valorar al mismo. Suelen no visualizarlo y entonces pasará inadvertido, salvo que se cuente con la adecuada observación consciente y la facultad de asociar. Sin su auxilio, estos sucesos coincidentes no serán percibidos, se ignorarán, solo se observará una sucesión de hechos, una simple continuidad de la vida.
Toda alteración cuasi mágica, cada instalación de lo imposible en la vida ordinaria, representan destellos fugaces de una dimensión superior, como reflejos de una realidad nacida de motivos que trascienden y, a la vez, guían las acciones de los seres. Estamos asistidos por el auxilio de un “ojo vigilante” de nuestro pasar.
BIBLIOGRAFÍA
- “En las fronteras de lo irracional” Jackes A. Mauduit
- “Destino y Sincronicidad en el entretejido humano” Carlos V. Cicottino
- “Sincronicidad” Carl G. Jung
- “Causalidad y accidentalidad de los descubrimientos científicos” René Taton
- “Sincronicidad, puente entre mente y materia” F. David Peat
- El lenguaje de los argentinos II. Carlos V. Cicottino
- “Tipos psicológicos” Carl Jung
- “El espacio, el tiempo y el yo” E. Norman Pearson
- “Obras completas” Jorge L. Borges
- “Fractales de Dios” Kathy J. Forti
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Acerca del autor:
Carlos V. Cicottino nació en la ciudad de La Plata, Argentina y completó su bachillerato en el Colegio Nacional. Se recibió de periodista en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.
Incursionó a lo largo de su vida en diferentes doctrinas de carácter científico-espiritual y fue habilitado por la Sociedad Yoga Ananda Marga como instructor de Hatha Yoga.
Es autor de los libros “HIJO DE TIGRE, Guía de expresiones con acento argentino”, “EL LENGUAJE DE LOS ARGENTINOS, Expresiones, percepciones y modismos que nos vinculan”, “EL LENGUAJE DE LOS ARGENTINOS II, Encuentro con el pensamiento, el acontecer y la palabra”, “SOBREVUELOS EN LA TORRE NUBIS”, libro de cuentos donde introduce un nuevo género literario al que ha denominado “realismo hadático”. Su última publicación es el ensayo “DESTINO Y SICRONICIDAD EN EL ENTRETEJIDO HUMANO”.

