Mtra. Salma Akele Achcar
Aunque solemos creer que el pesimismo es un fallo mental, la neurociencia demuestra que es, en realidad, una respuesta fisiológica de protección. Este artículo explora cómo el sistema nervioso, la teoría polivagal y la psicoterapia humanista corporal explican la tendencia natural a anticipar el peor escenario… y cómo volver a sentir esperanza desde el cuerpo, no desde el pensamiento.
La capacidad humana para imaginar el futuro, sostener esperanza y tomar decisiones orientadas al bienestar depende críticamente del estado del sistema nervioso autónomo. A partir de la Teoría Polivagal (Porges, 2011), la neurociencia afectiva (Schore, 2012), los modelos de psicoterapia somática (Ogden et al., 2006) y los fundamentos de la psicoterapia humanista corporal (Lowen, 1975; Kurtz, 1990), este artículo examina cómo la regulación emocional es el soporte fisiológico indispensable para la regulación cognitiva. Se argumenta que funciones complejas como la planificación, la mentalización y la prospección futura requieren un sistema nervioso en estado de seguridad ventral vagal. Se presentan técnicas corporales basadas en evidencia que facilitan dicha activación, así como implicaciones clínicas para el trabajo terapéutico profundo desde un enfoque humanista corporal.
En el contexto clínico es frecuente que los pacientes, especialmente durante periodos de estrés o crisis, proyecten futuros reducidos, catastróficos o sin salida. Tradicionalmente, estas percepciones se han explicado mediante distorsiones cognitivas, guiones familiares o creencias limitantes. Sin embargo, la literatura neurocientífica reciente muestra que el estado fisiológico antecede y determina la calidad de nuestros pensamientos sobre el porvenir (Dana, 2018; Porges, 2011).
Para la psicoterapia humanista corporal, esta afirmación no sorprende: la mente no puede separarse del cuerpo. Toda emoción, recuerdo e imagen interna se sostiene en patrones musculares, respiratorios y posturales (Lowen, 1975; Kurtz, 1990). Así, imaginar un futuro posible —o sentir esperanza— es más un acto fisiológico que cognitivo.
El presente artículo propone una integración entre la Teoría Polivagal, la neurociencia afectiva y la psicoterapia humanista corporal para comprender cómo la seguridad fisiológica abre la puerta a la claridad cognitiva, la flexibilidad y la capacidad de proyectarse hacia adelante.
Sesgo hacia la negatividad y función adaptativa del sistema nervioso
El negativity bias describe la tendencia humana a privilegiar la atención y memoria de lo negativo sobre lo positivo (Baumeister et al., 2001). Si bien suele interpretarse como una falla cognitiva, cumple una función evolutiva esencial: priorizar la supervivencia.
Cuando el sistema nervioso detecta amenaza, se activa el estado simpático, caracterizado por:
- inhibición del pensamiento flexible;
- hiperfocalización en peligros potenciales;
- dificultad para imaginar escenarios futuros amplios o esperanzadores;
- disminución del acceso a la corteza prefrontal.
En estados de estrés, el eje HPA (hipotálamo–pituitaria–adrenal) domina la actividad cerebral, reduciendo dramáticamente la capacidad de planificación (Sapolsky, 2004). Desde esta perspectiva, la incapacidad de “pensar en positivo” no es un déficit psicológico, sino una consecuencia fisiológica.
La Teoría Polivagal: fisiología de la conexión y el pensamiento claro
La aportación crucial de Porges (2011) fue describir que el sistema parasimpático tiene dos ramas:
- Vago dorsal: inmovilización, colapso, desconexión.
- Vago ventral: seguridad, conexión social, claridad cognitiva.
Solo en estados de activación ventral vagal el organismo puede:
- regular emociones;
- mentalizar;
- planear;
- crear;
- vincularse armoniosamente;
- imaginar futuros posibles.
Dana (2018) resume esta dinámica en una frase que se ha vuelto un eje del trabajo somático modern:
“La regulación es la condición para la relación, y la relación es la condición para el pensamiento complejo.”
Desde esta perspectiva, un organismo en modo simpático o dorsal vagal no puede pensar con claridad, no porque no quiera, sino porque no puede. La fisiología bloquea la cognición avanzada.
Integración con la psicoterapia humanista corporal
Décadas antes de la neurociencia contemporánea, la psicoterapia humanista corporal ya afirmaba que la transformación psíquica requiere trabajar con el cuerpo. Lowen (1975) describió cómo el tono muscular crónico condiciona la emocionalidad; Kurtz (1990) subrayó que la experiencia presente —no la narrativa— es el vehículo del cambio profundo.
La integración actual con la Teoría Polivagal redefine estas intuiciones con precisión neurofisiológica:
- La respiración amplia, el enraizamiento y la postura erguida activan vías ventrales del nervio vago.
- La descarga muscular disminuye hiperactivación simpática.
- El contacto y la presencia del terapeuta funcionan como coregulación (Schore, 2012).
- La sensación de sostén corporal y vincular precede al acceso a memorias y significados profundos.
La seguridad fisiológica, entonces, no es un lujo terapéutico, sino un prerrequisito para la exploración emocional y narrativa.
Imaginación futura, esperanza y cognición encarnada
La capacidad de proyectarse al futuro —prospección— depende de circuitos prefrontales que solo funcionan adecuadamente en estados de calma y conexión (Gilbert & Wilson, 2007). La esperanza, entendida no como pensamiento positivo sino como apertura perceptiva hacia posibilidades futuras, emerge de estados ventrales y no de actos voluntarios.
Esta visión coincide con la tradición humanista corporal, que plantea que:
No se puede crear un futuro desde un cuerpo en estado de amenaza.
Solo desde un cuerpo en presencia.
La mente superior requiere un cuerpo seguro para desplegarse.
Técnicas basadas en evidencia para activar el sistema parasimpático ventral
1 Respiración de coherencia cardíaca
Respiración 5/5 (5 segundos inhalar, 5 exhalar).
Favorece variabilidad cardíaca, reduce cortisol y estabiliza estados ventrales (HeartMath Institute, 2013).
2 Descarga bioenergética
Golpeo suave de talones, vibración, exhalación sonora.
Reduce carga simpática y libera tensión muscular (Lowen, 1975).
3 Orientación sensorial (orienting)
Identificar estímulos en el ambiente desde una postura receptiva.
Reinforma al sistema nervioso de que el entorno es seguro (Porges, 2011).
Claro. Te explico cada una, con base en la imagen y en su fundamento somático y terapéutico. Ambas son técnicas muy usadas en psicoterapia humanista corporal, Hakomi y modelos somáticos modernos, y las dos apuntan a activar el vago ventral, aumentar el sostén interno y reducir estados de amenaza.
- Autocontención somática
¿Qué es?
Es una técnica de autoregulación donde la persona coloca sus manos en zonas específicas del torso —pecho, costillas, diafragma o abdomen alto— para activar receptores táctiles que envían señales de seguridad, contención y calma al sistema nervioso.
En la imagen, eso es exactamente lo que la persona está haciendo:
una mano en el esternón (centro del pecho) y la otra en costillas/diafragma.
¿Qué sucede fisiológicamente?
- El contacto cálido de las manos estimula fibras C-táctiles en la piel.
- Estas fibras se comunican con la rama ventral del nervio vago.
- El cuerpo interpreta ese toque como cuidado, sostén y presencia.
- Se reduce activación simpática, baja la frecuencia cardíaca y aparece más regulación.
¿Para qué sirve?
- Bajar ansiedad.
- Recuperar la respiración.
- “Aterrizarse” en el cuerpo.
- Reducir estados de alarma, confusión o colapso.
- Aumentar la sensación de yo me sostengo / estoy conmigo.
En términos de Hakomi, se usa para cultivar el estado de mindfulness somático: presencia interna, sensación de seguridad y contacto.
- Postura de soporte

¿Qué es?
Es una técnica típica de Hakomi, Gestalt corporal y Somatic Experiencing donde se ayuda al cuerpo a reorganizar patrones posturales asociados a colapso, derrota emocional o desconexión.
El colapso es una postura muy común:
- hombros hacia adelante,
- pecho hundido,
- peso al frente,
- respiración corta,
- pelvis retraída,
- mirada hacia abajo.
Esta postura envía señales de inseguridad al sistema nervioso y activa el vago dorsal.
¿Qué se hace en la postura de soporte?
Se invita a la persona a:
- colocar los pies firmes en el suelo,
- activar ligeramente piernas y base pélvica,
- elevar suavemente el esternón,
- abrir espacio respiratorio,
- sentir que la columna recibe sostén desde abajo.
En la imagen, ves la primera parte de esto:
la persona sostiene el torso con sus propias manos, lo cual reorganiza la experiencia de “ser sostenida”.
¿Qué sucede fisiológicamente?
- La postura más erguida activa musculatura antigravitatoria.
- Esto interrumpe patrones de colapso dorsal vagal.
- La columna se alinea → aumenta capacidad respiratoria.
- Se manda al cerebro el mensaje: “estoy a salvo, puedo estar aquí”.
¿Para qué sirve?
- Recuperar sensación de poder personal.
- Salir del colapso corporal/emocional.
- Mejorar la presencia y el enraizamiento.
- Recordar al cuerpo que puede sostenerse y ser sostenido.
En Hakomi, esta postura es un experimento central para explorar creencias núcleo como:
- “no tengo apoyo”,
- “estoy sola”,
- “tengo que sostenerlo todo”,
- “mi cuerpo no aguanta”.
Al reorganizar el cuerpo, la experiencia emocional cambia automáticamente.
Implicaciones clínicas
A la luz de la regulación neurofisiológica, la clínica adquiere una lectura más precisa:
- Un paciente en estado simpático no puede trabajar cogniciones complejas.
No puede mentalizar, integrar, ni hacer insight. No es resistencia: es neurofisiología.
- Las intervenciones corporales preparan el terreno para el trabajo narrativo.
El cuerpo regula → la mente se organiza. Esta secuencia es más efectiva que lo inverso.
- La esperanza terapéutica es un estado fisiológico, no un constructo cognitivo.
Surge cuando el cuerpo siente que el futuro es posible porque no hay amenaza inmediata.
- El cuerpo es una brújula clínica.
Permite detectar cuándo un proceso está listo para profundizar y cuándo no.
- La coregulación es parte esencial del trabajo humanista corporal.
El terapeuta modula, a través de su presencia, la fisiología del paciente (Schore, 2012).
- Trabajar con el sistema nervioso permite intervenciones más seguras y profundas.
Esta mirada integrada permite diseñar procesos terapéuticos que honran la fisiología en lugar de luchar contra ella. La terapia deja de ser meramente discursiva y se convierte en experiencia encarnada.
Así, vemos que el futuro no se imagina desde la voluntad, sino desde el sistema nervioso.
Cuando el cuerpo está regulado, la mente se expande. Cuando está en amenaza, la mente se contrae.
La psicoterapia humanista corporal, con su énfasis en el cuerpo, la presencia y el vínculo, coincide plenamente con la evidencia neurocientífica contemporánea: la regulación emocional es la base de la regulación cognitiva y de la capacidad de imaginar posibilidades futuras.
El cuerpo es el camino para habitar un futuro posible.
Referencias
aumeister, R. F., Bratslavsky, E., Finkenauer, C., & Vohs, K. D. (2001). Bad is stronger than good. Review of General Psychology, 5(4), 323–370.
Dana, D. (2018). The Polyvagal Theory in Therapy: Engaging the Rhythm of Regulation. W. W. Norton.
Gilbert, D. T., & Wilson, T. D. (2007). Prospection: Experiencing the future. Science, 317(5843), 1351–1354.
HeartMath Institute. (2013). Science of the Heart (Vol. 2).
Kurtz, R. (1990). Body-Centered Psychotherapy: The Hakomi Method. LifeRhythm.
Lowen, A. (1975). Bioenergetics. Penguin.
Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2006). Trauma and the Body: A Sensorimotor Approach to Psychotherapy. W. W. Norton.
Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-Regulation. W. W. Norton.
Sapolsky, R. (2004). Why Zebras Don’t Get Ulcers (3rd ed.). Holt.
Schore, A. N. (2012). The Science of the Art of Psychotherapy. W. W. Norton.

