*Psicot. Carlos Ramos Bolívar
Mis padres no tenían una buena relación cuando vine al mundo, y su unión nunca fue aprobada por mi familia materna. Durante los casi nueve meses de gestación, fui un secreto para ellos, y mi mamá intentó abortarme en dos ocasiones. A los 12 años, me enteré de esto por accidente, cuando dos primos escucharon a mis tíos mencionarlo durante una conversación familiar. Años más tarde, mi madre lo confirmó, sin mucho detalle, pero dejando claro que había sido cierto.
El día de mi nacimiento, mi madre llegó al hospital con dolores de parto, y tras una evaluación, el médico concluyó que yo había muerto en el útero. Decidieron proceder con una cesárea. Durante el procedimiento, al extraerme, una enfermera tomó la iniciativa de darme una palmada en las plantas de los pies, pese a la falta de signos vitales. En ese momento, grité. Contra todo pronóstico, volví a la vida.
El Trastorno Esquizoide y su gestación
El carácter esquizoide encuentra su origen en experiencias tempranas que fracturan la conexión entre el cuerpo y la identidad emocional. Estas vivencias, como el rechazo percibido durante la gestación o incluso la amenaza de una muerte prematura, marcan una impronta que define la forma en que una persona se relaciona con el mundo y consigo mismo.
Cuando un humano en formación enfrenta rechazo o amenaza en el vientre materno, no solo se está frente a la vulnerabilidad de la vida, sino que también desarrolla estrategias de supervivencia que pueden reflejarse como un distanciamiento de la realidad. Este distanciamiento, que tiene un impacto tanto en lo emocional como en lo físico, no es solo una desconexión, sino un intento de protegerse de un entorno percibido como peligroso.
Así lo refleja Lowen cuando afirma:
“Si el rechazo del padre no es total, el niño sobrevivirá, pero debe encontrar alguna manera de amortiguar el dolor, logrando esto mediante una coraza emocional que bloquea su capacidad de expresión y conexión con la vida.” Lowen, A. (1994) P. 213
La posibilidad de muerte al nacer ya sea real o simbólica, refuerza este patrón. El cuerpo, en su búsqueda por sobrevivir, se retrae y adopta una rigidez que afecta no solo su vitalidad, sino también su capacidad para sentir y conectar. A nivel emocional, esto se traduce en una presencia que parece tangible, pero que carece de arraigo profundo, una constante dualidad entre estar aquí y querer desaparecer.
“El individuo esquizoide sobrevive a base de no existir realmente. Se desconecta de la vida, se aísla en su cabeza y se disocia de cualquier sentimiento profundo. Este bloqueo equivale a la suspensión de la vida, convirtiendo la supervivencia esquizoide en una condición de no vivir.”
Así, el carácter esquizoide no es únicamente el resultado de un rechazo inicial, sino también de la lucha por encontrar un lugar en el mundo cuando ese mundo parece no darle la bienvenida. Esta lucha, aunque invisible, queda registrada en la consciencia, el cuerpo, moldeando un individuo que vive desconectado, protegido por una máscara que oculta la fragilidad de una identidad aún por construir.
El Falso arraigo en la estructura esquizoide
A lo largo de mi infancia y preadolescencia, los cambios fueron una constante. Tras la separación de mis padres, desde los 2 hasta los 6 años de edad viví con la hermana gemela de mi madre y su esposo, quienes aún no tenían hijos. A los 6 años regresé a vivir con mi madre, y comenzamos una etapa con normas claras y estrictas. Había reglas sobre horarios y comportamientos, como no reírse al comer porque, según ella, eso me hacía parecer un idiota. Cada vez que cometía un error, su corrección siempre comenzaba con la frase: “Carlos Eduardo, te voy a ahorcar”.
En ese entorno, encontré maneras de mantener el equilibrio y construir un sentido de arraigo:
- Fantaseaba con ser adulto y un superhéroe, alguien fuerte y admirado.
- Me esforzaba por destacar como estudiante, siempre desde la discreción.
- Inventaba historias sobre mi vida, llenas de fantasías, que compartía con amigos y maestros, creando una identidad distinta.
- Me convertí en un consejero para mis primos y, más adelante, también hasta de mis tíos.
- Alimentaba la idea de que, al ser diferente, algún día yo obtendría reconocimiento de mi familia y de aquel que no conocía.
El falso arraigo como mecanismo de supervivencia
Lowen describe que el esquizoide busca el arraigo a través de una «conexión intelectualizada» que, si bien parece útil, no le permite sostener su identidad. Este tipo de arraigo es un esfuerzo por compensar su desconexión emocional y física que experimenta. Como resultado, el esquizoide puede involucrarse en actividades que lo hagan sentir temporalmente válido o reconocido, pero sin la capacidad de experimentar una verdadera integración cuerpo-mente. Como señala Lowen, “el bloqueo del sentimiento equivale a la suspensión de la vida, siendo la condición para la supervivencia esquizoide el no vivir” (Lowen, 2005, p. 296).
El individuo esquizoide puede buscar refugio en la mente, elaborando fantasías sobre ser un superhéroe, un consejero ideal o el mejor en su campo, como una manera de escapar de la sensación de vacío interior. Sin embargo, estas fantasías no resuelven el conflicto real: la desconexión con el cuerpo y la falta de un sentido de pertenencia. Estas estrategias solo sirven para evitar enfrentar el miedo al abandono, al rechazo y a la vulnerabilidad que se originaron en experiencias tempranas de desarraigo.
La desconexión cuerpo-mente y su impacto en el arraigo
La incapacidad de experimentar placer y conexión es de vital importancia en el carácter esquizoide. Sandor Rado describe esta dinámica como una «deficiencia integradora del placer», que impide al individuo identificar su cuerpo como fuente de seguridad y vitalidad (Rado, 1956, p. 215). Sin un sentido claro de arraigo físico, el esquizoide recurre al control mental y la voluntad como sustitutos de la conexión emocional. Esto resulta en un cuerpo que, aunque puede ser funcional, le falta espontaneidad y vitalidad, reflejando la desconexión entre su mente y el cuerpo.
Por otro lado, Otto Fenichel afirma que el esquizoide sustituye el contacto emocional con «seudocontactos», adoptando roles o máscaras que le permiten interactuar con el mundo sin comprometerse emocionalmente. Estos roles refuerzan la desconexión, ya que perpetúan la idea de que el contacto genuino con los demás y con uno mismo es peligroso o inalcanzable (Fenichel, 1945, p. 439).
La paradoja del arraigo esquizoide
La paradoja del intento de arraigo esquizoide es que, aunque busca desesperadamente anclarse a la vida, sus estrategias refuerzan la desconexión. La mente, enfocada en el control de la experiencia de la vida, impide el flujo natural de la energía vital en el cuerpo, lo que genera un ciclo en el que el individuo siente que habita su cuerpo, pero no vive en él realmente. Este falso arraigo puede dar la apariencia de éxito, estabilidad o fuerza, pero en realidad no tiene profundidad y el sustento que brinda un arraigo auténtico.
En palabras de John Pierrakos, “el verdadero arraigo no puede ser forzado ni fingido; es una conexión profunda con la vida que se siente a través del cuerpo y las emociones” (Pierrakos, 2005, p. 67). El esquizoide, al evitar esta conexión por miedo al dolor o al rechazo, queda atrapado en un estado de «existencia suspendida», donde funciona, pero no vive plenamente.
El resultado del falso arraigo esquizoide es una vida sin descanso.
Antes de iniciar mi proceso terapéutico, el falso arraigo que había construido se tradujo en una vida sostenida por una estructura rígida y pesada. Este modelo se manifestaba en varias conductas específicas:
- Tomaba múltiples responsabilidades simultáneamente, excediendo lo manejable.
- Asumía las obligaciones de otros como propias.
- Mantenía una actitud de suficiencia y superioridad que evitaba cualquier posibilidad de pedir ayuda.
- Cultivaba un interés intenso por el ocultismo, que más tarde derivaría en investigaciones dentro del campo de las áreas no éticas.
- Mantenía relaciones cercanas en un nivel superficial, postergando consistentemente la intimidad.
Es importante aclarar que las estrategias de falso arraigo descritas no son las únicas formas en las que una estructura esquizoide puede buscar establecer un sentido de conexión. Sin embargo, para los fines de este artículo, se han abordado específicamente aquellas que experimenté personalmente, sustentándolas en la bibliografía disponible.
El falso arraigo en el carácter esquizoide es una estrategia defensiva que busca compensar la desconexión interna mediante la asunción excesiva de responsabilidades, el uso de máscaras de suficiencia y la evitación de la intimidad. Según Lowen, “las personas con un carácter esquizoide tienden a disociar sus pensamientos y emociones, lo que las lleva a perder el contacto con la realidad” (Lowen, 2005, p. 296). Esta desconexión estimula comportamientos que, aunque parecen funcionales, carecen de una base emocional genuina.
El esquizoide suele evitar la vulnerabilidad, manteniendo una fachada de autosuficiencia. Como explica el Instituto Ananda, “evita el acercamiento íntimo porque lo considera demasiado peligroso, pensando que su existencia corre peligro si expresa su necesidad de conexión” (Instituto Ananda, 2020, p. 14). En este intento por protegerse, sus relaciones suelen ser distantes y superficiales. La Clínica Mayo señala que “les resulta muy difícil expresar una amplia gama de emociones” (Mayo Clinic, 2021, p. 3).
En resumen, estas estrategias de falso arraigo refuerzan el aislamiento y dificultan la formación de vínculos auténticos, perpetuando las dinámicas características del trastorno esquizoide.
El arraigo real y el acompañamiento desde la Psicoterapia Humanista Corporal
Este camino es apenas el comienzo, pero reconocer mi falso arraigo y aventurarme a experimentar el arraigo verdadero ha sido un proceso significativo. Hasta ahora, estas acciones me han ayudado a avanzar:
- Reconocer mi historia y mi origen, incluso cuando hacerlo genera resistencia. A esto lo llamo ponerle nombre y apellido a la realidad, para dejar de huir de lo que temí enfrentar.
- Identificar y validar los bloqueos que construí para protegerme, pero que al mismo tiempo me impiden vivir plenamente.
- Sentir desde el cuerpo, en lugar de pensar cómo debería sentirse, enfrentando el miedo a que experimentar plenamente pueda significar morir emocionalmente.
- Aceptar que descansar y respirar en calma no es equivalente a ser ahorcado o a desaparecer, sino una forma de habitar la vida con mayor autenticidad.
La Psicoterapia Humanista Corporal como Camino hacia el Arraigo Verdadero
La Psicoterapia Humanista Corporal platea un abordaje integral para tratar historias de desarraigo. Este enfoque busca restaurar la conexión cuerpo-mente, permitiendo al paciente experimentar un arraigo auténtico y sostenible.
Lowen señala que el arraigo comienza con el cuerpo, utilizando ejercicios que liberan tensiones crónicas y desbloquean emociones reprimidas, ya que “el cuerpo es el ancla de la personalidad” (Lowen, 2005, p. 124). Reich complementa esta visión al trabajar sobre las «corazas musculares», para facilitar la fluidez energética y una mayor conexión con la realidad (Reich, 1973, p. 87). Pierrakos, desde su perspectiva espiritual, afirma que el arraigo también implica alinear la energía vital con el propósito de vida, lo que permite al individuo reconectarse de manera más plena con su ser (Pierrakos, 2005, p. 45).
Desde esta mirada, el acompañamiento terapéutico permite al paciente reconocer y liberar bloqueos, fortalecer su conexión con el cuerpo y aprender a habitar la vida con autenticidad. Este proceso transforma el miedo y la desconexión en una experiencia de arraigo profundo y significativo.
*Psicot. Carlos Ramos. Cuenta con estudios superiores en Trabajo Social y Psicología, con postgrados en gerencia de crisis, gestión de proyectos, psicoterapia integral, psicoterapia psicosomática y epigenética. Actualmente, está cursando una maestría en Psicoterapia Humanista Corporal. Se dedica tanto a la práctica de la psicoterapia como a la investigación.
Referencias Bibliográficas
- Fenichel, O. (1945). The psychoanalytic theory of neurosis. New York: W. W. Norton & Company.
- Instituto Ananda. (2020). Características del carácter esquizoide: Descripción y abordaje terapéutico. Recuperado de https://www.institutoananda.com.
- Lowen, A. (1994). Bioenergética: El cuerpo y la mente en la terapia y la vida diaria. Barcelona: Editorial Paidós.
- Lowen, A. (2005). El lenguaje del cuerpo: La energía y el movimiento para alcanzar la salud, la vitalidad y el bienestar. Barcelona: Editorial Paidós.
- Mayo Clinic. (2021). Schizoid personality disorder: Symptoms and causes. Recuperado de https://www.mayoclinic.org.
- Pierrakos, J. (2005). Core energetics: Developing the capacity to love and heal. Mendocino: LifeRhythm.
- Rado, S. (1956). The problem of melancholia. Psychosomatic Medicine, 18(3), 202–216.
- Reich, W. (1973). Análisis del carácter. Madrid: Siglo XXI Editores.