Revista de Psicoterapia Humanista Corporal

La psicología en el mundo de las redes sociales

*Mtra. Carolina Sánchez

 

La psicología se ha convertido en un producto más de venta en el mundo digital y por eso el psicólogo debe ir más allá del egocentrismo de tener muchos seguidores, no caer en banalizar información o simplificar para que sea consumible. ¿Cómo poder surfear la ola digital y no ahogarnos en el proceso?

Vivimos en una época donde las conexiones entre personas, aparte de ser de cara a  cara, se realizan por medio del internet, especialmente en las redes sociales. Sería un gran  error negarnos a esta realidad, tratar de luchar en contra de ella o minimizar el impacto que  tiene a nivel social en  todo el mundo. Nos encontramos sumergidos en ellas,  tanto para el  contacto  con  seres  lejanos  como  con  los  cercanos  y  ahora  también  se  añaden  otras  herramientas  como  la  compra  de  productos, publicidad  pagada  por  marcas  y  contenido  informativo de prácticamente cualquier área que nos podamos imaginar.

Si bien, las redes  han  ayudado  mucho  a  interconectarse  y  la  tecnología  nos  ha  permitido  ampliar  nuestro  alcance,  también es  real que ha perjudicado en otros aspectos. La información compartida  en redes sociales suele ser breve, está lo suficientemente maquillada para convertirse en el  gancho  que  atraerá  a  más  seguidores y  por  ende  existe  una  tendencia  a  simplificar  el  contenido  que  se  comparte.  Al momento  de  simplificar  el  contenido  se  corre  el  riesgo  de  perder aspectos clave para el correcto entendimiento de la información y al mismo tiempo  se  manda  el  mensaje  incorrecto  o  incompleto  a  los  lectores,  ocasionando  que  problemas  que pueden llegar a ser importantes y complejos se simplifican en una frase motivadora.

¿Qué pasaría si un psicólogo, al entrar en este mundo de las redes sociales,  comienza a simplificar la información que comparte? Estaríamos hablando de un problema  directamente  de  ética  profesional,  incumpliendo  nuestro  deber  de  informar  de  manera correcta y completa. Al  final los medios y la misma interacción en las redes han provocado  que  la  información  se  comparta  “mediante  representaciones reduccionistas,  planificadas  y  en  ocasiones  distorsionadas  o  simplemente  erróneas  de  la  realidad” (Golob  et  al.,  2021,  como  se  cita  en  De  Frutos  Torres  et  al.,  2021).  Encontrar  el  punto  de  equilibrio  entre compartir información que pueda ayudar a las personas sin caer en trivializaciones o frases  gancho solo para conseguir más aforo es el objetivo a cumplir por los psicólogos.

Las redes sociales  llevan  años  dentro  del  mundo  digital y se  han  ido  adecuando  a  los  avances  que  se  van  desarrollando. El aumento de personas que las utilizan ha hecho que aplicaciones como  Facebook,  Instagram,  Tik  Tok,  etc,  ahora  puedan  también  ser  un  espacio  para  vender  productos, compartir conocimientos, generar publicidad, crear contenido artístico, entre otras cosas.  Lo  que  comenzó  como  una  interacción  basada  en  comunicación  escrita  ahora  permite  compartir música,  fotografías, videos y otros  recursos visuales para compartir información.  La velocidad con la que se comparte dicha información  también ha cambiado, ahora es en  cuestión de segundos que uno puede conectarse con alguien del otro lado del mundo. Poco  a poco el tiempo que se le dedica al uso de las redes ha ido en aumento; conforme pasan los  años  la  sociedad  se  envuelve  cada  vez más  en  ellas  y  es  también  a  partir  de  éstas  que  la  información compartida puede llegar a más lugares que antes.

Es por esto, que es fundamental repasar la ética profesional del psicólogo al momento de  utilizar las redes sociales como medio de publicidad, promoción y prevención. El código ético  del psicólogo fue escrito cuando el uso de las redes sociales no era parte fundamental de la  vida y no se consideraba el tener aproximaciones a través de estas plataformas. Hoy en día  es  una  realidad,  al  vivir  conectados  es  más  fácil  acceder  a  información  24/7,  conocer  personas nuevas, plataformas nuevas y que vayan de acuerdo a nuestros intereses. ¿Cuál es el  reto de las  redes sociales? Existe una tendencia a sobre compartir nuestro día a día y esto  puede resultar en un problema grande para los psicoterapeutas, ya que parte fundamental dentro del vínculo con el paciente es que la vida privada del psicólogo sea secreta. Por otro  lado, también encontramos que en el marco de las redes sociales, el campo para escribir y  explicar  conceptos  es  muy  limitado,  por  lo  que  en  la  promoción  y  prevención  de  la  salud  puede resultar un problema al dejar contenido a medias o de manera superficial.

Vivimos en una sociedad inmersa en el consumismo. Donde el mundo digital ha ayudado a que de manera inmediata puedas satisfacer esas necesidades de consumo al alcance de un  clic. La extrema comercialización de experiencias ha hecho que las personas cada vez sientan una mayor necesidad de obtener ese bienestar lo más rápido posible. Describe Adela Cortina  en  el  libro  Por  una  ética  del  Consumo  (2002) que  la  ética  del  consumidor  moderno  es  realmente una forma de hedonismo moderno.

Lipovetsky escribe en La  felicidad  paradójica sobre  el  nuevo  hedonismo  que  podemos  encontrar  en  la  sociedad  actual. Pone acento en que la sociedad en la que vivimos es una que gira en torno al placer y  está  vinculada  directamente  al  auge  en  los  estilos  de  vida  que  promueven  la  satisfacción  personal y el goce individual. Describe a la sociedad actual como hiperconsumidora y la sitúa  en una etapa que él clasifica como hipermodernidad  (Lipovetsky, G., y Moya, A. 2007). Esta nueva sociedad se caracteriza por tres rasgos esenciales: el consumo, el individualismo y el  progreso tecnológico (CF, Ruiz citado en Román, R., y Montero, M., 2013).

Lipovestky  describe  el  nacimiento  de  una  especie  de  turboconsumidor  que  está  constantemente al acecho de experiencias emocionales y de mayor bienestar, de calidad de  vida y  salud, de inmediatez y de comunicación. Por un lado, este consumidor  se encuentra  informado  y  “libre”  de  buscar  entre  un  abanico  de  opciones  lo  que  le  pueda  producir  un  mayor bienestar al menor costo y esfuerzo. Pero lo que no se da cuenta es que se encuentra  inmerso en el consumo de masas personalizado y que diversas marcas han logrado satisfacer  las  necesidades del  consumidor al  ofrecer  de manera  oportuna y  particular  productos  que  promoverán la felicidad y el goce de sentidos en el aquí y el ahora.

Este hedonismo con corte consumista prioriza ante  todo el bienestar y los placeres del  cuerpo,  enfocando  la  atención  en  la  cultura  del  ocio,  el  tiempo  libre,  las  vacaciones  y  la  juventud (Román, R., y Montero, M., 2013).

“El materialismo  de  la  primera  sociedad  de  consumo  ha  pasado  de  moda:  actualmente  asistimos  a  la  expansión del mercado del alma y su transformación, del equilibrio y la autoestima, mientras  proliferan  las  farmacopeas  de  la  felicidad.” (Lipovetsky,  G.,  y  Moya,  A.  2007).

Como  se  mencionó anteriormente, la sociedad en las redes sociales está presentando un auge en los  temas  relacionados con el bienestar mental, emocional y espiritual, pero al estar inmersos  en el mundo digital se buscan de manera rápida y efectiva. La búsqueda se ha convertido en  un consumo obsesivo que busca mejorar la calidad de vida de las personas, busca ofrecer la  imagen de ser poseedor de una vida equilibrada, sana y  tranquila; sin embargo, no es más  que  una  fachada  que  encubre  una  verdadera  carencia  interna.  La  sociedad  ya  no  tiene  la  paciencia  de  comenzar  un  proceso  a  largo  plazo  para  sentirse  bien,  busca  lo  que  en  su  momento presente los haga verse bien y por ende comprar la ilusión de felicidad.

Hay  ahora  una  demanda  de  confort  psíquico,  de  armonía  interior  y  plenitud,  que  ha  llevado a que técnicas de “Desarrollo Personal” tengan éxito (Lipovetsky, G., y Moya, A. 2007) y  que  doctrinas  orientales  y  nuevas  espiritualidades  atraigan  a  más  público  interesado  en  “sentirse bien”. El problema no es en sí la búsqueda de bienestar, sino la inmediatez con la  que se busca. Ya no hay tiempo para que la persona pueda entender a profundidad qué le  causa ese dolor, cómo es el dolor y la magnitud que tiene. Se conforman con leer una buena  frase que les motive a sentirse bien sin importar si la persona que lo comparte predica en su  vida diaria este estilo de vida. Ya no hay tiempo para corroborar congruencias entre lo que se publica y lo que realmente puede ofrecer esa persona, la importancia de obtener la ayuda  de  un  profesional  queda  en  segundo  plano  para  satisfacer  la  necesidad  de  felicidad  inmediata que se tiene en el presente. Citando a Lipovetsky y Moya (2007): “la cuestión de la  felicidad interior vuelve a estar «sobre el tapete», convirtiéndose en un segmento comercial,  en  un  objeto  de  marketing  que  el  hiperconsumidor  quiere  tener  a  mano,  sin  esfuerzo,  enseguida y por todos los medios”. 

No  es  de  extrañar que  ahora  la  sociedad  busque  compulsivamente  consejos,  definiciones y contenido relacionado con la psicoterapia. La psicología se ha vuelto un nuevo  producto  a  vender  y  quien  logra  hacerlo  cumpliendo  con  la  inmediatez  y  la  facilidad  que  busca el consumidor, es quien logra el éxito en el mundo digital y global. Y con esto no se  debe hacer a un lado el hecho de que gracias a este boom social, la psicología ha comenzado  a tomar fuerza e importancia entre las personas y los viejos conceptos que se tenían de ella  han quedado atrás. Nos ha ayudado a dejar atrás los tabúes de la salud mental para dar  espacio a una nueva concepción sobre nuestra propia mente.

La llegada de los influencers ha cambiado el campo de juego en redes sociales y el tipo de contenido y perfiles que la gente busca consumir en su día a día. Para  Koining  (2022)  los  influencers  se  definen  como  personalidades  online  que  tienen  grandes  cantidades  de  seguidores  en  plataformas  sociales  tales  como  Youtube,  Facebook,  Instagram,  etc y  que  influencian  a  esos  seguidores. Tienen  la  capacidad de  alcanzar  a  mucha  gente  al  mismo  tiempo,  sin  importar  la  localización  geográfica.  Se  podrían  comparar  con  celebridades  o  portavoces por su gran alcance en la gente. Existen  muchos  influencers  que  se  dedican  a  crear  contenido  de  “autoayuda”  o  “autoconocimiento”  y  generalmente  son  personas  que  no  tienen  estudios  dentro del área de la salud mental. Desde artistas hasta gente que por el mismo trabajo en  redes ahora ha encontrado maneras rápidas de conseguir más seguidores a través de frases  “inspiracionales”. Es muy fácil copiar frases o crearlas con el objetivo de vender la imagen de  ser  una  persona  que  sabe  del  tema,  empero  en  muchas  ocasiones  en  la  realidad  no  hay  congruencia con eso que se muestra al público.

El  peligro  es que  personas que no están capacitadas para diagnosticar lo hagan,  situación que ocurre en las  redes  sociales  de  manera  constante; y  también  sucede  que  el  mismo  personal  de  salud  tiende a simplificar tanto la información compartida que terminan banalizando el contenido.  Las  redes  sociales  son  un  espacio  para  que  la  gente  pueda  comunicarse  y  conectar  con  diferentes  personas,  pero  ahora  también  se  ha  convertido  en  un  espacio  de  consumo  masivo.  Una sociedad consumista es definida por Adela Cortina (2002) como “…aquella en  que  triunfa  el  consumo  masivo  porque  conecta  con  determinados  deseos  y  con  determinadas creencias sociales” y son esas creencias y deseos sociales los que promueven  que  las  personas  deseen  obtener  soluciones  rápidas,  sentirse  bien  rápido  y  tener  herramientas fáciles y rápidas para vivir bien.

Si como psicólogos entramos en esta dinámica de la simplificación en las redes sociales,  podemos caer en banalizar información de salud que es  realmente importante. Los psicólogos tenemos principios por los cuales nos regimos al momento de laborar,  pero el mundo digital y de redes sociales fácilmente pueden hacernos perder la brújula de lo  bueno,  lo  no  tan  bueno  y  lo  malo.  A  toda  costa  debemos  evitar  que  nuestra  labor  se banalice,  se  deforme  y se  simplifique  ya  que  perderíamos credibilidad  y  legitimidad en  un  área  de estudio  que  tiene  toda  una  base  científica  que lo  respalda.  La  diferencia entre  un  psicólogo, un influencer y un coach de vida yace en el proceso académico que nos avala a  nosotros  como expertos en materias  de  salud mental  y  no  sería  congruente  que  todo ese  bagaje académico quede resumido en un par de imágenes con frases motivacionales. Si los  psicólogos  compartimos  información  debe  ser  aquella  que  ayude  a  promover  y  prevenir  temas  de  salud  de  manera  completa,  directa  y  sin  vender  soluciones  fáciles  y  rápidas  a  problemas que son más complejos.

Si  lo  vemos  como  la  estrategia  que  nos  ha  permitido  desenvolvernos  de  manera  más  abierta en la sociedad, nos encontramos con un espacio idóneo donde la psicoeducación es  bienvenida  y  bien  recibida  por  la  sociedad.  Hoy  en  día  es  mucho  más  fácil  hablar  sobre  temas que conciernen al mundo emocional y a los procesos mentales que todo ser humano  posee.  Ahora  hay  espacio  para  que  las  ciencias  de  la  salud  puedan  seguir  descubriendo  diferentes maneras de ayudar, de entender y de mejorar a la sociedad.

Caminamos al filo de la navaja, es nuestro trabajo poder mantenernos en  un  punto  intermedio  entre  el  hiperconsumismo  y  la  ayuda  mediática  para  normalizar  procesos  mentales  y  emocionales  de  la  población.  De  nada  nos  serviría  compartir  el  conocimiento  de  nuestra  área  si  caemos  en  la  satisfacción  de  necesidades  inmediatas  de  bienestar,  si  compartimos  contenido  a medias  o  bien maquillado  solo  para  conseguir más  aforo.  Al  final  los  psicólogos  tenemos  la  responsabilidad  de  compartir  información  que  ayude  y  no  perjudique  más  a  la  sociedad.  No  solo  hablamos  de  códigos  éticos,  sino  de  valores  personales  como  seres  humanos  y  como  integrantes  de  una  sociedad;  constantemente trabajar para un bien colectivo que al final se podrá ver reflejado en nuestra  vida personal.

 

Extracto de: Sánchez, C. (2022). La psicología en el mundo de las redes sociales: Análisis del psicólogo trasladada al mundo digital. Tesis de final de grado en psicología, Universidad Internacional de la Rioja: UNIR.

*Mtra. Carolina Sánchez Oliveros: Licenciada en psicología, Mtra. en Psicoterapia Gestalt Integrativa y Maestrante en Psicoterapia Corporal Humanista.

 

Referencias

Cortina, A. (2002). Por una ética del consumo: La ciudadanía del consumidor en un mundo  global [Libro electrónico]. Mowgli.

De Frutos Torres, B., Pastor Rodríguez, A., & Cruz-Díaz, R. (2021). Credibilidad e  implicaciones éticas de las redes sociales para los jóvenes. Revista Latina de  Comunicación Social, 79, 51–68. https://doi.org/10.4185/rlcs-2021-1512

Koinig, I. (2022). Picturing Mental Health on Instagram: Insights from a Quantitative Study  Using Different Content Formats. International Journal of Environmental Research  and Public Health, 19(3), 1608. https://doi.org/10.3390/ijerph19031608

Román Alcalá, R., y Montero Ariza, Maria del Mar. (2013) Repensar el hedonismo: De la  felicidad en epicura a la sociedad hiperconsumista de Lipovetsky. Endoxa, (31), 191- 210. https://doi.org/10.5944/endoxa.31.2013.9371

Lipovetsky, G., y Moya, A. (2007). La felicidad paradojica/ The Paradoxical Happiness:  Ensayo Sobre La Sociedad De Hiperconsumo (1.a ed.) [Libro electrónico]. Editorial  Anagrama.

 

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