Un ejercicio sencillo y profundo
Por: Eusebio Miguel Montiel Ortiz
Objetivo
Con el presente trabajo busco, a partir de un par de premisas relacionadas con el constructo de empatía, proponer un ejercicio que sirva a los lectores, para tener una experiencia que les permita validar algunas de esas premisas, pero, sobre todo, la posibilidad de darle una utilidad práctica al constructo.
Definición de Empatía
Para efectos prácticos, tomaremos la definición de empatía que Carl Rogers nos sugiere en su libro, Terapia, Personalidad y Relaciones Interpersonales: “El estado de empatía o de comprensión empática, consiste en percibir correctamente el marco de referencia interno de otro, con los significados y componentes emocionales que contiene, como si uno fuera la otra persona, pero sin perder nunca esa condición de ‘como si’. La empatía implica, por ejemplo, sentir el dolor o el placer de otro como él lo siente y percibir sus causas como él las percibe, pero sin perder nunca de vista que se trata del dolor o del placer del otro. Si esta condición de ‘como si’, está ausente, nos encontramos ante un caso de identificación.” (Rogers, 1978, pág. 45)
Etapas de Desarrollo de la Empatía
Es un conocimiento muy generalizado el hecho de que los niños recién nacidos son capaces de reconocer el llanto de otros niños y llorar sin más causa aparente. A ese fenómeno se le denomina Ansiedad Empática Rudimentaria. Se trata de una manifestación conductual primitiva de la empatía. Por parte de las madres de esas criaturas, en una situación ideal, ellas estarán, sobre todo durante el primer año de vida, pendientes del cuidado del bebé: su alimentación y cuidados; aprendiendo muchas cosas, entre ellas, los diferentes tipos y razones del llanto: hambre, enfermedad, sueño; en suma, un tipo de interacción empática que será modificada, y a veces olvidada, tras la aparición del lenguaje en el niño.
A partir de la interacción con los padres o cuidadores y del lenguaje, el niño empieza a desarrollar un concepto de la propia identidad, base de la expresión empática. En éste proceso, se pueden identificar tres etapas claras (Rifkin, 2014):
- Empatía incipiente, antes de los 2 años;
- Empatía espontánea, entre los 2 y los 4 años de edad[1];
- Después de los 4 años de edad, la manifestación de empatía dependerá en gran medida de la experiencia y la influencia social de que es objeto la persona.
La Empatía, una capacidad innata
Cada vez existen más evidencias científicas de que la empatía o capacidad empática forma parte del bagaje natural con el que contamos los seres humanos para poder vivir (Rifkin, 2014). Uno de los trabajos más estructurados al respecto, es el realizado por Howard Gardner (1995) y sus inteligencias múltiples, quien nos habla de “dos formas de inteligencia personal, no muy comprendidas, esquivas a la hora de ser estudiadas, pero inmensamente importantes”:
- “La inteligencia interpersonal es la capacidad para entender a las otras personas: lo que les motiva, cómo trabajan, cómo trabajar con ellos de forma cooperativa”(Gardner, 1995, pág. 26)
- “La inteligencia intrapersonal, el séptimo tipo de inteligencia, es una capacidad correlativa, pero orientada hacia adentro. Es la capacidad de formarse un modelo ajustado, verídico, de uno mismo y de ser capaz de usar este modelo para desenvolverse eficazmente en la vida.”(Gardner, 1995, pág. 27).
Si bien la propuesta de Gardner no se refiere explícitamente a la empatía o capacidad empática, sin duda se encuentra implícita en el constructo “inteligencia interpersonal”, la cual, según el autor, “… se construye a partir de una capacidad nuclear para sentir distinciones entre los demás: en particular, contrastes en sus estados de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones. En formas más avanzadas, esta inteligencia permite a un adulto hábil leer las intenciones y deseos de los demás, aunque se hayan ocultado.” (Gardner, 1995, pág. 40)
Aquí la primera premisa: la empatía es una capacidad natural en el ser humano, forma parte de nuestra naturaleza y puede estar más o menos desarrollada, pero ahí está, latente en todos nosotros, a veces subvalorada o subutilizada.
Razonamiento y emoción
Un dato muy importante sobre la Empatía es que implica la comprensión correcta del “marco de referencia interno de otro, con los significados y componentes emocionales (Rogers, 1978)”, es decir, implica el lenguaje y la emoción.
Neurológicamente, se sabe que la estructura del cerebro humano está conformada por tres capas, o funcionalmente, tres cerebros. La primera capa corresponde al cerebro reptiliano, responsable de todas las funciones instintivas del organismo, del monitoreo y la regulación metabólica, tales como el hambre, el sueño, la respuesta sexual y la temperatura corporal. La segunda capa corresponde al sistema límbico o cerebro mamífero, que se podría denominar centro de las emociones. Está formado por la amígdala, el hipocampo, el tálamo, el hipotálamo y la glándula pineal, su función general es regular el equilibrio interno u homeostasis interna, vinculando la información metabólica y los procesos emocionales. Y la tercera capa, llamada corteza cerebral, que en el caso del ser humano concentra el 80% de las neuronas del cerebro, y que alberga y controla las funciones propiamente humanas como el lenguaje, el pensamiento y la imaginación. (Urbiola & Ytuarte, 2002)
La funcionalidad de los diferentes cerebros, evolutivamente, representan herramientas cada vez más sofisticadas para la supervivencia, sin embargo, en el caso del ser humano, su inteligencia específica se encuentra en constante contradicción o lucha con las capas más primitivas, especialmente, la emocional (Damasio, 2010). Sin embargo, algo que parece una obviedad lógica, resulta, desde mi punto de vista, muy importante. Estructuralmente, la corteza cerebral se encuentra sobrepuesta al sistema límbico, pero su interdependencia es también funcional. Después de estudiar a personas con lesiones que literalmente desconectan al sistema límbico de la corteza prefrontal, lo que han encontrado es que esas personas pueden responder pruebas de inteligencia prácticamente sin diferencias respecto a pruebas practicadas antes de la lesión, sin embargo, suelen mostrar dificultad para la toma de decisiones. En este sentido, Antonio Damasio nos explica: “… parece existir una serie de sistemas en el cerebro humano dedicados de forma consistente al proceso de pensamiento orientado a un fin que llamamos razonamiento, y a la selección de respuestas, que llamamos toma de decisiones, con un énfasis especial en el dominio personal social. Esta misma serie de sistemas está asimismo implicada en la emoción y el sentimiento, y se dedican en parte al procesamiento de las señales procedentes del cuerpo”. (Damasio, 2010, pág. 94)
He aquí la segunda premisa: el razonamiento y la emoción se encuentran funcionalmente vinculados. La persona más racional, aun cuando rechace conscientemente ser emocional -o como me lo expresó en alguna ocasión el ejecutivo de una compañía: “No me pidas ser empático, tengo que tomar muchas decisiones impopulares, como para serlo”- concibe razonamientos detrás de los cuales se encuentra la emoción como un elemento indispensable, incluso cuando conllevan decisiones impopulares.
El ejercicio [2]
Le voy a pedir al lector que solicite a alguna persona conocida que le regale unos minutos de su tiempo, de 20 a 40 minutos.
Dígale que tiene el reto de escuchar cualquier cosa que su interlocutor le quiera compartir, sin interrumpirlo y con la intención de entender lo mejor posible aquello que le comparta. Concéntrese en ese propósito. Manténgase alerta de sus pensamientos ante el discurso. Dependiendo de lo que escuche es probable que usted trate de aconsejar, criticar, explicar, regañar, entre otras. Estas son respuestas que algunos autores denominan Respuestas Automáticas Bloqueadoras (RAB´s), que justamente bloquean nuestra capacidad empática (Michel, 2009). Usted sólo guarde silencio y vuelva a poner atención plena a su interlocutor.
Con la intención de que su interlocutor se sepa escuchado y entendido, usted utilizará los siguientes recursos:
1) Asuma una postura corporal cercana y de atención plena a su interlocutor. Siéntese frente a él o ella, véale mientras le escucha, con respeto.
2) Reflejo simple: repita cada tanto las partes importantes del discurso de su interlocutor, de ser posible, todos los elementos del discurso. En esta parte, algunas personas se sienten absurdas al repetir lo que escuchan. Si ese es su caso, con sus propios recursos, demuéstrele que lo(a) está escuchando. No actúe, verdaderamente escuche.
3) Reflejo de sentimientos. Normalmente, en una conversación vamos a detectar uno o más sentimientos. Cada vez que tenga oportunidad, dígale: “Cuando me hablas de…, te percibo…triste, enojado(a), desconcertado(a), etc.”
4) Mientras se vaya conectando con su interlocutor, es probable que durante la charla, en episodios cargados de emoción, usted experimente físicamente algunas sensaciones; si es el caso, es probable que usted esté escuchando “experiencialmente” (Chavez, 2017). Si fuera el caso, dígale a su interlocutor, “cuando me hablaste sobre tal cosa… sentí como un hueco en el estómago”, “sentí como un golpe en el corazón”, o la experiencia que usted llegue a experimentar.
5) Por último, valide sus tres tipos de respuestas empáticas. Cada vez que haga una devolución, pregunte, “¿Es así?”. Su interlocutor asentirá o brindará la información necesaria para ser mejor entendida.
6) Si llegaran a dificultársele las “devoluciones” o “reflejos”, simplemente guarde silencio y escuche con atención, sin perder de vista el objetivo del ejercicio: escuchar y entender lo mejor posible al interlocutor.
Lo que puede suceder
Es muy probable que “descubra” una o varias de las Respuestas Automáticas Bloqueadoras habituales y al principio le represente un conflicto poder quedarse callado(a). Si logra establecer la “conexión” con su interlocutor, es probable que escuche cosas que “no sabía”, o “ni siquiera imaginaba”. De lograrlo, ambos experimentarán comodidad, y al finalizar se sentirán confortables y quizá hasta contentos. Habrán experimentado un encuentro que, sin ser terapia, será terapéutico. Es probable que logres establecer una “conexión”.
Conclusiones
A través del ejercicio propuesto se espera que haya podido recuperar y experimentar su capacidad empática. Una “conexión” de la naturaleza propuesta movilizará los recursos de ambos interlocutores y sucederá lo mejor para ambos. En mi experiencia personal, lo que he observado es a parejas que por primera vez hablan de “algo que nunca habían hablado”, padres que “desconocían” cosas de sus hijos, maestros que “ignoraban” el impacto de alguno de sus actos, compañeros de años de trabajo “que por primera vez se conocen”. En todas estas situaciones, el elemento común es poner en movimiento su capacidad empática. Así pues, las conclusiones más importantes son, sin lugar a duda, aquellas a las que llegue o lo que detonen en usted. A menudo se asume que con el hecho de “saber”, la definición coloquial de que la empatía es “ponerse en los zapatos del otro”, se es empático; o peor aún, que esa y otras actitudes propias del Enfoque Centrado en la persona ya están superados. Le aseguro que, si realiza el ejercicio propuesto, sobre todo, con un ser querido o una persona cercana, se va a sorprender.
Bibliografía
Chavez, R. y. (2017). El espacio protegido del diálogo. Familia y pareja. El reto de convertir la crisis en oportunidad. México: Papiro Omega.
Barbosa, S. M., & Chávez, R. (2010). Psicoterapia de reconstrucción experiencial. Sao Paulo, Santiago, México: Editora norte-sur.
Damasio, A. (2010). El error de Descartes. La emoción, la razón y el cerebro humano. Barcelona: Crítica.
Gardner, H. (1995). Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica. Barcelona, España: Editorial Paidós.
Michel, S. (2009). En busca de la comunidad. Facilitación de procesos de integración y crecimiento personal en la organización. México: Trillas.
Rifkin, J. (2014). La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis. Hoshiko: epublibre.
Rogers, C. R. (1978). Terapia, personalidad y relaciones interpersonales. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión.
Urbiola, M., & Ytuarte, M. (2002). Cerebro inteligencia y aprendizaje. La tríada del éxito. México: Urbiola Ituarte y asociados.
[1] Las manifestaciones espontáneas suceden cuando el niño, ve sufrir a otro y es capaz de darle un juguete para consolarlo, abrazarlo o incluso, llevarlo con algún adulto para que lo consuele
[2] Este ejercicio, está elaborado con base en las propuestas de los Doctores Rosario Chávez y Sergio Michel, quienes han desarrollado una serie de herramientas de comunicación uno a uno como el Espacio Protegido del Diálogo (EPD) o grupales como los Círculos de Aprendizaje Interpersonal (CAI´s). Herramientas muy accesibles y poderosas, aplicadas y probadas en parejas, familias, escuelas e instituciones productivas. Mis queridos maestros, han configurado una propuesta terapéutica denominada Terapia de Reconstrucción Experiencial, una propuesta que integra de una forma muy consistente, las aportaciones de diversas propuestas humanistas de terapia y sus conocimientos sobre Neurología en un Modelo de alto impacto e intervención breve.

