Autora: María del Rocío Guadalupe Villanueva Medina
*Licenciada en Psicología de la Conducta Social y Maestra en Psicología Clínica con especialidad en Psicoterapia Psicodinámica por la Universidad de las
Américas, A.C., Doctoranda en Desarrollo Humano por la Universidad Motolinía del Pedregal. Especialista en Psicoterapia Sistémica Integrativa (MRI). Se
desempeña como psicoterapeuta, terapeuta de arte, danzoterapeuta, tanatóloga, terapeuta alternativa, docente de cursos, licenciatura y maestría, consultora organizacional.
Resumen
Este artículo analiza la importancia de la gratitud en el desarrollo de la espiritualidad a partir de aportes de la psicología positiva y de investigaciones recientes sobre bienestar, prácticas espirituales y vida interior. Se plantea que la gratitud constituye una disposición cognitiva y afectiva que favorece la construcción de sentido, la consciencia de interdependencia y la apertura a la trascendencia. Asimismo, se revisan hallazgos que vinculan la gratitud con indicadores de bienestar subjetivo, regulación emocional, prosocialidad y fortalecimiento de la interioridad. Finalmente, se señalan algunas prácticas deliberadas para su cultivo cotidiano y se subraya la pertinencia de su estudio en contextos educativos, clínicos, comunitarios y pastorales.
Palabras clave: gratitud, espiritualidad, bienestar, psicología positiva, desarrollo espiritual.
En el campo de la psicología positiva y de los estudios contemporáneos sobre espiritualidad, la gratitud ha sido reconocida como una disposición cognitiva y afectiva de especial relevancia para el bienestar humano. Lejos de reducirse a una fórmula de cortesía o a una reacción emocional momentánea, la gratitud constituye una orientación relativamente estable hacia el reconocimiento del valor de lo recibido y de las fuentes de ese bien (McCullough, Emmons y Tsang, 2002). Desde esta perspectiva, su estudio resulta pertinente para comprender cómo ciertas prácticas y actitudes favorecen el desarrollo de la espiritualidad, entendida como la búsqueda de sentido, conexión, trascendencia e integración personal (Olson, Knepple Carney y Hicks Patrick, 2019).
Si bien, la espiritualidad se cultiva a través de múltiples enfoques y disciplinas, en este artículo se plantea la práctica de la gratitud como una acompañante de la vida espiritual, que puede contribuir activamente a su profundización tanto a nivel personal como comunitario. Así, en múltiples espacios de encuentro entre personas, tales como cursos, talleres impartidos en centros terapéuticos ubicados en la naturaleza, círculos de estudio, casas de oración, centros comunitarios, retiros espirituales y religiosos, se busca trabajar con la espiritualidad. Por lo que una pregunta recurrente es: ¿cómo puedo cultivarla si no tengo experiencia y no sé por dónde empezar? Una respuesta sencilla, a la que todos pueden tener acceso es a la práctica diaria del agradecimiento.
¿Qué entendemos por gratitud?
La gratitud puede definirse como la capacidad de advertir, valorar y responder positivamente ante bienes o beneficios percibidos como significativos. En términos psicológicos, se ha conceptualizado tanto como estado emocional como rasgo disposicional, lo que permite comprender por qué algunas personas experimentan con mayor frecuencia una tendencia sostenida al agradecimiento (McCullough et al., 2002). Asimismo, la literatura especializada ha mostrado que la gratitud se asocia con mayor satisfacción con la vida, optimismo, prosocialidad y reconocimiento del apoyo interpersonal (Moyano, 2010). Esta definición es importante porque permite distinguir la gratitud de formas superficiales de positividad: agradecer no implica negar el sufrimiento, sino incorporar a la evaluación de la experiencia aquellos bienes, vínculos y aprendizajes que también configuran la existencia.
En el ámbito familiar, la gratitud es considerada un alto valor moral, pues desde la más tierna infancia los padres enseñan a sus hijos a dar las gracias. Esta forma de reconocimiento al esfuerzo que otro hace por procurar el bienestar de todos los miembros de la familia les capacita a las nuevas generaciones a reconocer y valorar los aspectos positivos y significativos de su relación con los demás. Al principio, al interior del hogar y después hacia todos los grupos a los cuales se irá perteneciendo (escuela, vecindario, comunidad religiosa, clubes sociales, etc.). La gratitud va más allá de decir un simple “gracias”, puesto que con el paso del tiempo se va convirtiendo en una actitud consciente que transforma la perspectiva de la persona, permitiéndole apreciar todo aquello que le da sentido a su vida; particularmente, en tiempos difíciles.
Psicológicamente, la gratitud representa una fuerza interior y pone al ser humano en la disposición cognitiva para identificar los actos desinteresados de los demás que le benefician. Al reconocer ese bien ocurre una reconfiguración cognitiva, que permite modificar una percepción de posible escasez y peligro a un enfoque de abundancia y tranquilidad.
Gratitud y espiritualidad: una relación profunda
Ahora bien, ¿por qué la práctica de la gratitud moldea la visión del mundo? En el ámbito espiritual, la gratitud siempre trasciende lo material y dispone al corazón a abrirse para conectar con otras personas, con los animales, con la naturaleza y con el universo del cual forma parte integral. Es decir, le ayuda a reconocerse como parte de algo más grande.
Aunado, la relación entre gratitud y espiritualidad puede explicarse a partir de la función que ambas cumplen en la construcción de sentido. La espiritualidad, en términos amplios, remite a la capacidad de la persona para orientarse hacia valores últimos, reconocer su interdependencia con otros y abrirse a dimensiones de trascendencia. En ese marco, la gratitud opera como un mecanismo de descentramiento del yo, ya que desplaza la atención desde la autosuficiencia hacia el reconocimiento de bienes recibidos y de una realidad que excede el control individual. La evidencia empírica ha mostrado asociaciones positivas entre gratitud, espiritualidad y prácticas como la oración, la meditación y la contemplación (Olson et al., 2019). Por ello, puede afirmarse que agradecer no solo expresa una sensibilidad espiritual previa, sino que también fortalece hábitos interiores compatibles con ella.
Desde una perspectiva fenomenológica, la experiencia de gratitud suele ir acompañada de una percepción más intensa de conexión: quien agradece reconoce mediaciones, vínculos, historias compartidas y formas de apoyo que antes podían pasar inadvertidas. Esta expansión de la consciencia relacional resulta especialmente significativa para la vida espiritual, ya que favorece una comprensión menos instrumental y más receptiva de la existencia. En estudios recientes, diversos participantes han descrito la gratitud como una forma concreta de espiritualidad vivida, en la medida en que les permite articular bienestar, significado y apertura a lo trascendente (Fuertes, 2024). En consecuencia, la gratitud puede entenderse como una práctica formativa que amplía la percepción del sentido y fortalece la interioridad.
Beneficios de la gratitud para la vida interior y las relaciones
La investigación disponible indica que la gratitud produce efectos favorables tanto en el plano intrapersonal como en el interpersonal. A nivel psicológico, se ha relacionado con mayores niveles de bienestar subjetivo, mejor regulación emocional y una menor focalización exclusiva en experiencias negativas (Emmons y McCullough, 2003; Moyano, 2010). Además, se entiende que la conexión y la humildad forman parte del reconocimiento de que la vida, los dones y talentos provienen de la generosidad del universo, por lo que no son producto meramente de la genética, de la buena suerte o de méritos propios.
Revisiones recientes señalan que determinadas intervenciones basadas en gratitud pueden contribuir a la reducción de sintomatología depresiva y al fortalecimiento de indicadores generales de salud mental, aunque sus efectos dependen del contexto y de la continuidad de la práctica (Becerra Castillo et al., 2025; Tala, 2019). En el ámbito espiritual y relacional, la gratitud favorece disposiciones como la humildad, la esperanza, el asombro, la empatía y la reciprocidad, todas ellas relevantes para una comprensión ética y trascendente de la vida humana (Olson et al., 2019). Las prácticas cotidianas de la gratitud contribuyen a la expansión del alma, abriendo la puerta al cultivo de la sabiduría y la paz interior para vivir en armonía con el entorno. Asimismo, ayuda a encontrar un propósito superior, que en momentos de debilidad transforme el sufrimiento en lecciones de vida que honren las experiencias vividas.
Cómo cultivar la gratitud en la vida cotidiana
El cultivo de la gratitud puede promoverse mediante prácticas espontáneas, deliberadas y sistemáticas integradas a la vida cotidiana. Entre las estrategias más estudiadas se encuentran el registro diario de motivos de agradecimiento, la redacción de cartas de gratitud, la evocación consciente de personas significativas y la incorporación de pausas reflexivas orientadas al reconocimiento de bienes recibidos (Emmons y McCullough, 2003). La eficacia de estas prácticas parece incrementarse cuando se realizan con regularidad, autenticidad y disposición reflexiva, más que como un ejercicio mecánico o meramente prescriptivo.
Otra manera de hacerlo es por la mañana, al despertar y en la noche, al acostarse como una manera de hacer una revisión de lo que se tiene, de lo aprendido y de lo recibido durante el día. Algunas abuelas, mujeres medicina de conocimiento ancestral invitan a sus comunidades a recibir el día con cantos, sonando sus caracoles, tocando sus tambores y quemando incienso como una forma de agradecer la oportunidad de ponerse al servicio un día más. De esta manera, la naturaleza (bosques, montañas, desiertos y playas) es considerada como espacio sagrado. Pero, aunque no se cuente con acceso a un espacio abierto, desde el hogar, se puede disponer de un lugar personal donde se monte un altar privado con la representación de los 4 elementos (fuego, agua, aire y tierra); el cual se convierte en un refugio para la reflexión, la meditación y la oración.
Asimismo, estudios recientes sugieren que los ejercicios de gratitud pueden potenciar el bienestar en conexión con dimensiones espirituales de la experiencia, especialmente cuando la persona los integra en una comprensión más amplia de sentido y propósito (Srivastava y Iqbal, 2023). De este modo, la gratitud puede consolidarse no solo como técnica de intervención, sino como hábito formativo de la vida interior haciendo pausas conscientes durante el día para brindar agradecimientos verbales o escribiendo algunas cosas por las cuales se siente agradecimiento. La literatura revisada permite sostener que su práctica se asocia con beneficios psicológicos, relacionales y espirituales, al tiempo que ofrece un marco para interpretar la vida desde el sentido, la humildad y la responsabilidad (Becerra Castillo et al., 2025; Fuertes, 2024; Olson et al., 2019).
Perspectivas humanistas y espirituales complementarias
El vínculo entre gratitud y espiritualidad también puede enriquecerse a partir del enfoque centrado en la persona, desarrollado por Carl Rogers (1928), el cual afirma que el crecimiento humano se comprende como un proceso de actualización que requiere apertura a la experiencia, autenticidad y una relación no defensiva con la realidad. Aunque Rogers no sitúa la gratitud como categoría central de su teoría, su comprensión de la persona plenamente funcional permite interpretarla como una disposición congruente con la apertura, la aceptación y la valoración de la experiencia vivida (Joseph, 2025).
En una línea afín, Alberto S. Segrera ha contribuido al desarrollo del enfoque centrado en la persona en contextos iberoamericanos, subrayando la relevancia del sentido, la experiencia, la relación y la dimensión espiritual en los procesos de desarrollo humano (Delgado y Segrera-Quintanilla, 2023). Desde esta perspectiva, la gratitud puede entenderse como una actitud que favorece tanto la integración personal como la calidad de los vínculos interpersonales.
Por otra parte, diversas corrientes de espiritualidad contemporánea permiten situar la gratitud en una visión más amplia de la conciencia y de la trascendencia. En la obra de Teilhard de Chardin, la vida espiritual aparece vinculada a una comprensión dinámica del universo, en la que la materia, la conciencia y el espíritu participan de un proceso evolutivo orientado hacia la plenitud; en ese marco, la actitud agradecida puede leerse como reconocimiento del valor sagrado de la existencia y de su orientación hacia una unidad mayor (Teilhard de Chardin, 2008).
De manera convergente, Ana María González Garza ha desarrollado una reflexión sobre la evolución de la conciencia y el tránsito de la fragmentación a la unidad, destacando procesos de interiorización, integración y trascendencia que dialogan directamente con el cultivo de la gratitud como práctica de conciencia y de sentido (González-Garza, 2022). Estas aportaciones amplían el análisis psicológico inicial y muestran que la gratitud puede funcionar como mediación entre desarrollo humano, apertura espiritual y comprensión holística de la vida.
Conclusión
En síntesis, la gratitud constituye una disposición humana de notable importancia para el desarrollo de la espiritualidad, ya que favorece el reconocimiento del valor de la existencia, profundiza la conciencia de interdependencia y fortalece la apertura a la trascendencia. Si bien su práctica deriva de una disposición cognitiva y afectiva para la toma de consciencia y la búsqueda de sentido, no elimina la tendencia natural a sentir dolor o a experimentar sufrimiento ni sustituye el análisis crítico de la realidad; aunque sí proporciona una especie de brújula interior que puede enriquecer de manera significativa los procesos de maduración personal y espiritual. Por ello, su estudio y su promoción resultan pertinentes tanto en contextos educativos como clínicos, comunitarios, religiosos y espirituales.
La invitación de este artículo es clara: abrirse a la posibilidad de reconocer, diariamente, todas las bendiciones, regalos, oportunidades, lecciones de vida y mensajes que ayuden a identificar la fuente o el origen de esos bienes recibidos. También contribuye a dar respuesta sobre cómo alguien puede realizar un ejercicio sencillo y cotidiano para cultivar su espiritualidad sin necesidad de recurrir a terceras personas o seguir un camino meramente religioso. Es relevante recordar que hay varios caminos para llegar a Roma. La persona tiene la libertad de decidir qué ruta tomar para darle a su vida un nuevo giro, que le lleve al optimismo, a la felicidad y a la paz interior.
Finalmente, los beneficios son muchos. Nunca es tarde para que tanto la sabiduría como la fuerza interior se pongan al servicio de sí mismo y de los demás. Quizá haga falta recordar que todo ser humano es un ser de luz experimentando una experiencia terrenal. Entonces, al reconocer su divinidad agradecerá sentirse parte de algo mucho más grande que sí mismo y eso es un acto de inteligencia emocional, que transforma la perspectiva de inmediato. Para inspirar a otros, es más efectivo apelar a la empatía que a una simple obligación moral de decir “gracias”. En verdad, agradecer tiene el poder de cambiar la vida de una persona por completo.
Referencias
Becerra Castillo, Z. P., Cuenca Robles, N. E., Palomino Tarazona, F. I., & Córdova García, U. (2025). Systematic review on the effectiveness of gratitude intervention in healthy people. Revista de Ciencias Sociales, 31(3), 570–583.
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McCullough, M. E., Emmons, R. A., & Tsang, J.-A. (2002). The grateful disposition: A conceptual and empirical topography. Journal of Personality and Social Psychology, 82(1), 112–127. https://doi.org/10.1037/0022-3514.82.1.112
Moyano, N. (2010). Gratitud en la psicología positiva. Psicodebate, 10, 103–118. https://doi.org/10.18682/pd.v10i0.391
Olson, R., Knepple Carney, A., & Hicks Patrick, J. (2019). Associations between gratitude and spirituality: An experience sampling approach. Psychology of Religion and Spirituality, 11(4), 449–452. https://doi.org/10.1037/rel0000164
Srivastava, S., & Iqbal, N. (2023). Gratitude exercise and well-being in relation to spirituality: A mixed-method study. International Journal of Wellbeing, 13(3),
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Delgado Sandoval, G., & Segrera Quintanilla, A. S. (2023). El desarrollo humano en nuestro tiempo: Fundamentos y experiencias en los diversos ámbitos de la existencia. Ediciones y Punto.
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