“Jamás un dolor me había hecho crecer y crear tanto, como el dolor de haber perdido nuestra relación”. MTRA. PATY HERRERA ROSAS
Según León Vega (2017) históricamente la rama de la medicina ha considerado al corazón como un órgano vital por su función de bomba sanguínea impelente y aspirante, permitiendo la fisiológica perfusión a todos los rincones del cuerpo humano.
Anatómicamente está ubicado en la caja torácica en el espacio denominado mediastino medio. Guarda estrecha relación con los pulmones en sus bordes, con el esternón en su cara anterior y en la parte posterior con el esófago. Su base se encuentra dirigida hacia arriba, a la derecha y ligeramente hacía atrás, de esta nacen los vasos sanguíneos, su ápex reposa sobre el diafragma. La velocidad en la que late el corazón por minuto está regulada por el centro cardiovascular del bulbo raquídeo, enviando señales químicas a través de los nervios simpáticos y parasimpáticos (León Vega,2017).
Lowen (2010) consideraba que, el corazón puede asimilarse a una bomba, y tiene que ver con la vida total del cuerpo, con su funcionamiento con la vida orgánica, siendo el centro de integración de 3 canales con los cuales se comunica, el primer canal es la garganta y la boca, el segundo canal de comunicación con el corazón son los brazos y las manos, que utilizamos al alargar para alcanzar, tocar, tomar, sostener, acariciar, presionar, frotar, atraer, descargar, etc. Y el tercer canal de comunicación con el corazón está abajo y pasa por la cintura y la pelvis hasta los órganos genitales. Además, existe un control humoral mediado por hormonas vasoconstrictoras: adrenalina, noradrenalina, angiotensina, vasopresina, serotonina; y hormonas vasodilatadoras: bradicinina, histamina, prostaglandinas. Otro de los roles del corazón es el endócrino-metabólico donde realiza dos funciones: la primera como órgano sintetizador de hormonas y distribuidor de hormonas ajenas a él (León Vega, 2017).
Desde la psicología del corazón, Navarro (2007) lo considera como al órgano que se encarga de repartir oxígeno junto con otros nutrientes a todos los mecanismos bioenergéticos del organismo. Desde su punto de vista, el tórax funciona como una caja de resonancia para los sentimientos, por ende, necesitamos la respiración libre para que las emociones adquieran intensidad, la sintamos y respondamos a las circunstancias externas mediante movimientos corporales.
Cuando hay cierto grado de disociación, entre la parte superior del cuerpo con respecto a la parte inferior, los movimientos respiratorios naturales no se propagan libremente a través del cuerpo. La respiración es torácica con escasa intervención abdominal o diafragmática con movimientos pectorales restringidos (Lowen, 2010)
Antropológicamente los nahuas de San Pedro Xolotla que, geográficamente se encuentran asentados en la Sierra Norte del estado de Puebla, en el municipio de Pahuatlán de Valle, conocida como la zona noroccidental de la Huasteca; en su cosmovisión sobre la conformación de ser humano, consideran que todo humano en su interior tiene un “cofre” donde va guardando los recuerdos y donde recae el aprendizaje. Así que el corazón sirve como almacén de las experiencias humanas y la frase que ocupan para referir a ese cofre es niquehua ipanoyolo, “guardo en mi corazón”. (Triana-Alcívar, H., Ureta-Pilligua, J., Mera-Flores, R. R., Bermúdez Cevallos, L., & Rivadeneira Mendoza, Y; 2021).
Del alma-corazón provienen impulsos emocionales positivos como el amor, la alegría, el gozo, el placer; y emociones negativas como la repulsión, el asco y el aborrecimiento. Entre los nahuas, el corazón lo relacionan con “la vitalidad, motricidad, la memoria, los sentimientos, el pensamiento y el lenguaje”. Es considerado sede de la identidad y de la “historia personal”. El corazón físico (iyolo) también es generador de sentimientos y afectos. Las afecciones del corazón se ven reflejadas en los estados de ánimo, cuya expresión en el rostro tiene su origen en el juego de entidades y centros anímicos. De hecho, los nahuas creen que lo necesario para el óptimo des empeño de las entidades es manejar las emociones dañinas y encauzar las favorables. (Triana-Alcívar, H., Ureta-Pilligua, J., Mera-Flores, R. R., Bermúdez Cevallos, L., & Rivadeneira Mendoza, Y; 2021).
Hablando de encauzarlas emociones favorables, una de ellas es el amor, desde la perspectiva de Marcela Lagarde y de los Ríos (2022), el amor es una experiencia de relación con el mundo, de aprehensión, es una experiencia vital, una experiencia constante. El amor como experiencia movilizadora nos lleva a actuar, a crear, a transformar, a trascender nuestra vida, que es la más importante del mundo.
El amor entonces también tiene que ver con el cuerpo, pues marca sus necesidades, deberes y prohibiciones amorosas. Las relaciones amorosas que hemos vivido tienen el cuerpo como su centro y permanecen cifradas durante toda nuestra vida. Y está también en el imaginario de cada persona llevando así a sus seres a quien ama y a quienes amó.
Lowen (2010) considera que el corazón es fundamental en todo tratamiento terapéutico, ya que las defensas tanto psíquicas como somáticas tienen la función de guardar a la persona, es decir, de protegerla contra la ansiedad. En el momento de vulnerabilidad puede producirse ansiedad. La ansiedad se desarrolla cuando un sentimiento más fuerte intenta franquear los límites y se ahoga de miedo. Este miedo hace que el individuo se cierre casi completamente, poniendo en peligro inclusive la vida del organismo. También nos recuerda que el dolor amenaza la integridad del organismo.
DUELO
Los seres humanos somos relacionales por naturaleza. Estamos interactuando constantemente con los que nos rodean: creamos vínculos a lo largo de toda nuestra existencia para satisfacer nuestras necesidades de seguridad y protección, para desarrollar nuestra identidad, para dar y recibir. Cada que nos comunicamos o entramos en conexión con lo de afuera, generamos sentimientos, pensamientos, fantasías, deseos y esperanzas. El mundo interno que creamos con este material está dentro de nuestra piel, mismo que organizamos de forma que tenga sentido (Payás Puigarnau, 2010)
En el mundo interno sucede que cuando la necesidad está colmada, la estimulación cesa. Esta respuesta es natural y se repite una y otra vez a medida que las necesidades van emergiendo y satisfaciéndose, es una serie cíclica de Gestalts, incluye reacciones fisiológicas, emocionales, conductuales y cognitivas que van activando y desactivando, abriéndose y cerrándose, de forma espontánea y a menudo inconsciente. (Perls, 1973; Perls y otros, 1951 citado en Payás Puigarnau, 2010).
Para Lowen (1997) las emociones son hechos corporales, son literalmente movimientos o alteraciones dentro del cuerpo, que generalmente se traducen en alguna acción exterior. La persona es la suma total de sus experiencias vitales, cada una de las cuales está registrada en su personalidad y estructurada en su cuerpo. Cuando lo que ocurre en el mundo exterior afecta al cuerpo, el individuo experimenta, pero la experiencia en realidad le llega su efecto en el cuerpo.
En el mundo exterior entonces las relaciones interpersonales nos ayudan a definir los límites de nuestra identidad, quienes somos y hasta dónde llega nuestro espacio vital en relación con los demás. (Erskine y otros, 1999 citado en Payás Puigarnau, 2010).
El conocimiento se convierte en entendimiento cuando va asociado con el sentimiento. Sólo la comprensión profunda, cargada de un valor emocional fuerte, es capaz de modificar los patrones estructurados de la conducta. El amor suaviza todos los rasgos fisonómicos y llena de calor la piel y los ojos, por el contrario, la tristeza presenta un aspecto decaído, como si la persona estuviese a punto de romper a llorar (Lowen, 1997).
Tras el fallecimiento de un ser amado, el duelo aparece como una respuesta natural del ser humano. El duelo implica la perdida de la relación, la pérdida del contacto con el otro, que rompe el contacto con uno mismo. Es una experiencia de fragmentación de la identidad, producida por la ruptura de un vínculo afectivo: una vivencia multidimensional que afecta no solo a nuestro cuerpo físico y nuestras emociones, sino también a nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos, a nuestras cogniciones, creencias y presuposiciones y a nuestro mundo interno existencial y espiritual. (Payás Puigarnau, 2010)
En la ruptura de la vinculación con una persona que amamos y que nos ha amado, no solo perdemos la fuente de satisfacción de nuestras necesidades de afecto o de seguridad, sino que, al mismo tiempo, se va sacudido nuestro mundo interno de pensamientos, significados, esperanzas, generado en sus aspectos nucleares a partir de la relación significativa. Con nuestro núcleo interno, anulándose nuestra capacidad de ordenar el material de forma que tenga sentido. Al perder a nuestro ser querido se desmantelan también valores, creencias y esperanzas: nuestra visión de la vida, de las relaciones, se quiebra; el sentido de quienes somos se distorsiona. La experiencia de duelo comprende también el proceso de recuperación de esta identidad destruida: la necesidad de reestructurar la fragmentación interna es uno de los objetivos o tareas del duelo. (Payás Puigarnau, 2010).
DUELO TRAUMATICO
Acinas (2011, 2012) en Vedia, 2016; considera la muerte traumática como aquella qué ocurre de manera súbita, inesperada, inoportuna y de forma violenta o con la intención de matar, como lo son muertes múltiples, muerte por accidente, homicidio, asesinato, suicidio, laborales, catástrofe.
Para Worden (1997) en Vedia, 2016; las muertes traumáticas son más complejas de elaborar en contraposición a una muerte donde hay algún aviso previo como sucede en la enfermedad crónica. Los dolientes tienen características definitorias propias:
- Aplazamiento del duelo en caso de haber implicaciones legales y revictimización por el sistema judicial.
- Sensación de irrealidad e incredulidad, es normal mostrar una conducta insensible o de aturdimiento.
- Sensación de impotencia, se pueden presentar en conductas de lucha huida
- Posible aparición y exacerbación de los sentimientos de culpa o remordimientos.
- Necesidad de culpar a alguien o algo.
- Necesidad imperante de entender lo sucedido, encontrar las razones o las causas últimas, así como también el cuestionamiento a creencias y valores religiosos.
Según Ronnie Janoff-Bulman en Payás Puigarnau (2010) en circunstancias de trauma, la persona debe, o bien negar la experiencia de perdida a fin de proteger este mundo interno de la fragmentación, o bien permitirse una cierta reorganización para poder integrar la experiencia incorporándola a una estructura de significados más amplios.
Y de acuerdo con Robert Neimeyer en Payás Puigarnau (2010), la adaptación a la pérdida traumática incluye un proceso de confrontación y exploración de las preocupaciones, que va a permitir construir nuevos significados sobre la muerte del ser querido: creencias anteriores van a ser sacudidas mientras emergen otras nuevas como un proceso continuo de negociar y renegociar nuevos sentidos.
Propone que el duelo es algo que hacemos, y no algo que nos hacen, estimulando el rol activo de los dolientes ante el proceso. Este desmantelamiento y posterior reconstrucción conlleva un dolor emocional necesario, cuya sintomatología asociada señala los esfuerzos de reestructuración y, por tanto, puede verse como adaptativa.
El dolor, es una respuesta natural en el proceso de trauma. Según el autor, si la intensidad del impacto del evento es muy alta, el proceso sintomático de intrusión-evitación es más acuciante y puede indicar patología

TRAUMA Y TEPT
Un trauma es una disrupción crónica de la conexión o del contacto: no es lo que pasó, signos lo que hicimos psicosomática, emocional y circunstancialmente con ese evento o eventos. Nos deja alertas, en frecuencia de sobrevivencia crónica, o sin nada de energía disponible para la vida. Generamos adrenalina, cortisol y opioides endógenos crónicamente y de manera tóxica (Bailey, 2025)
La disociación es un tema muy relacionado con trauma. Es desarraigar una parte nuestra para sobrevivir, la condición fundamental es una en la que el sistema nervioso está limitado en su habilidad de predecir, procesar y responder a estímulos actuales de manera constructiva, es una característica del estrés postraumático. En la PHC rastreamos la disociación no solamente en el sistema nervioso, sino en todo el cuerpo (Bailey, 2025).
El trauma supone una conmoción en el self, que debe responder desarrollando estrategias defensivas, Mordi Horowitz, en Payás Puigarnau (2010) identifica y clasifica dentro de las respuestas de trauma dos tipos de estados: la intrusión y la evitación. La instrucción se refiere a aquellas situaciones donde la persona reexperimenta de forma compulsiva pensamientos y emociones acerca del evento. La evitación se refiere a todo aquello que contribuye a la negación del proceso, incluyendo la anestesia emocional.
El trastorno de estrés postraumático se considera un tipo de duelo complicado que tiene lugar como consecuencia de muertes no anticipadas y muy traumáticas, como suicidios, homicidios o perdidas múltiples. Típicamente las personas responden con altos niveles de ansiedad, debido a la continua reexperimentación intensa del trauma, asociados a unos intensos esfuerzos para evitar los recuerdos intrusivos. Payás Puigarnau (2010), Vedia (2006).
Actúa en la memoria celular repetitiva que causa la misma contracción neuromuscular, la emoción de desconfianza y de miedo/soledad. En esencia la traumatizarían es indefensión combinada con abandono. Vander Kolk (2015) citado en Bailey (2025).
En palabras de Richard Erskine (1999): “no es él trauma lo que destruye la sique humana sino en la ausencia de una relación durante el tiempo en que ocurre un acontecimiento traumático o inmediatamente después”
Bailey 2025, define a la Psicoterapia Humanista Corporal como una psicoterapia con un marco filosófico humanista fenomenológico, y una praxis psico corporal específica. El trabajo somático y psicocorporal es tomado y sintetizado de herramientas de la bioenergética, core-energética, diferentes escuelas somáticas, la yoga, tai chi, anti- gimnasia, feldenkrais, trabajo reichiano, anatomía emocional, neurociencia, trabajo con chacras, sanación y de la sensibilización somático emocional. Esto se trabaja desde el enfoque centrado en la persona, y a partir de una metodología y tecnología de trabajo psicocorporal, siendo un modelo integrativo y relacional.
En ese mismo sentido sostiene que para que suceda la ampliación de la conciencia que irá modificando la conducta, es necesario la creación de ambientes (hoy físicos somáticos y psico emocionales), de seguridad relacional, es decir crear seguridad antes de procesar temas difíciles, promoviendo que el cuerpo sienta seguridad y que lo sepa, es indispensable y amoroso. Trabajar antes de haber creado dicho espacio es irrespetuoso y superficial.
Por lo tanto el vínculo terapéutico es muy importante porque es a partir de este que sanamos, permite que el sistema reprimidos, relajando, confiando, para que entonces se puedan trabajar a nivel físico o psicocorporal con los síntomas, sensaciones y recuerdos sensoriales, nivel psíquico el trabajo engloba los patrones creencias e historias, nivel emocional como sentimientos expresados o reprimidos, la voluntad con la forma de manejar las intenciones, los propósitos y el poder; y a nivel espiritual como el sentido de vida y la conexión con lo divino o sagrado (no religioso).
Sí solo se habla del trauma nos re traumatizamos, creando más desregulación en el sistema nervioso (Bailey, 2025).
De acuerdo con la propuesta del modelo de Procesamiento Dual de Afrontamiento (PDA), descrito por Margaret Strobe y Henk Schut (1999) en Payás Puigarnau (2010), en el proceso de duelo se dan dos tipos de mecanismos de afrontamiento. Los mecanismos orientados hacia la perdida, es decir, hacia el proceso de elaboración de la muerte, que se caracterizan por focalizar la atención en la confrontación de la experiencia misma. Por otro lado, los mecanismos de orientación hacia la restauración, que incluyen todas aquellas estrategias que sirven para manejar los estresores que tienen ligar como consecuencia directa del duelo, cuyo foco de atención está fuera de la experiencia de perdida. Para estos autores, la clave de un buen proceso de duelo es la oscilación entre confrontación y restauración, la idea del balance se traduce en que no podemos estar permanentemente conectados con la perdida, y tampoco sería bueno en el duelo evitar siempre todo aquello que tenga que ver con ella. Por lo tanto, tiene una función reguladora.
REGULACIÓN NERVIOSA DE LAS RESPUESTAS (LOWEN, 210)
El organismo humano está equipado con 2 sistemas nerviosos, uno el sistema cerebroespinal que coordinan la acción de los músculos voluntarios con la potencia sensorial propioceptiva y exteroceptivo, asimismo regula el tono muscular y mantiene la postura, este sistema actúa sobre los músculos estriados del esqueleto.
El cerebro nervioso autónomo o vegetativo que regula los procesos corporales básicos del cuerpo tales como la respiración, la circulación, la acción del corazón, la digestión, la eliminación, la actividad glandular y las reacciones pupilares, los músculos sobre los que actúa se denominan lisos, porque no tienen las estrías características de los músculos del esqueleto, de mayor tamaño. Su control no se halla bajo la conciencia y a su vez está compuesto en dos subdivisiones denominadas simpático y parasimpático, los nervios simpáticos aceleran la acción mientras que los parasimpáticos la aminoran.
Wilhelm Reich señala que el parasimpático está activo siempre que haya expansión, elongación, hipergamia turgencia y placer. A la inversa el simpático funciona cada vez que el organismo se contrae retira sangre de la periferia cuando muestran palidez, ansiedad, o dolor.
La división simpática a través de su inervación de las glándulas adrenales moviliza el cuerpo para atender la emergencia creada por el dolor o la amenaza de peligro. Prepara al organismo para la lucha o la huida; en el proceso los sentidos se alertan se estimula el músculo cardiaco aumenta la presión sanguínea y el consumo de oxígeno. Las situaciones dolorosas son emergencias ante las cuales la persona reacciona por medio y el sistema simpático adrenal aumentando su estado de tensión y su percepción del medio. Originando un estado de hiper tonicidad en los músculos cuando se preparan para actuar.
La voluntad sirve a la función de supervivencia frente a las que parecen posibilidades abrumadoras. Cuando se activa la voluntad, los músculos voluntarios del cuerpo se movilizan, en una emergencia no se tiene ni inclinación ni tiempo para el placer. Los movimientos involuntarios armoniosos y rítmicos que expresan placer deben dar lugar a movimientos controlados que expresan la propia determinación. Su uso implica que la persona se encuentre en una situación dolorosa que requiere una movilización de los recursos totales del organismo.
TRAUMA Y VINCULACIÓN NO ERES LO QUE TE ROMPE. (BAILEY, 2025)
Sólo se puede trabajar con seguridad para darle significado y proporción al trauma y transitar desde una experiencia traumática hacia una sensación de seguridad y empatía que busca y crean nuevos caminos neuronales, permitiéndonos metabolizar diferentes sentimientos y autorregularnos como no pudimos entonces. Ese transitar es lo que integra y sana al trauma e integrarlo y darle significado y proporción. Transitar desde una experiencia traumática y sus sensaciones/emociones, hacia una sensación e imagen de seguridad/cariño, crean nuevos caminos neuronales permitiéndonos metabolizar diferente y autorregularnos.
Al reexperimentar el pasado, es importante añadir lo nuevo, la experiencia faltante, el acompañamiento, la escucha, el recurso o recuerdo distante, el movimiento somático, exhalación, la postura, la expansión, al otro: todo lo necesario para acompañar la experiencia aquí y ahora que no hubo en el pasado, Kurts (1990) citado en Bailey (2025)
Poco a poco el organismo va a ir con el corazón/mente y cuerpo creando otro paradigma para estar en el mundo. Crear espacios seguros es la base de la sanación y de la ampliación de conciencia. El organismo al responder desde el trauma está concentrado en protección hoy debido al trauma caracterológico o circunstancial y estará enfocado en la supervivencia: hoy no es momento de conexión, ya que estos no se perciben. El organismo está en un estado llamado vagal dorsal o de contracción crónica y en su reacción en expansión crónica. Estamos preparados y alertas todo el tiempo y la conexión será superficial. Si se logra el trabajo corporal se hace con el sistema nervioso autónomo.
Es claro que el trauma queda guardado en el cuerpo como parte de la supervivencia y como forma de protección, esto sucede en el sistema nervioso no en la mente racional. Nuestros músculos y fascias se quedan contraídos, creando patrones de respiración emocionales, posturales, energéticos y relacionales.
Es muy importante recordar que el trauma es un patrón de pensamiento, sentimiento, visión, conducta, y no es algo específico, sino algo múltiple, que moldea la identidad.
Una vez que el sistema nervioso central puede regularse a través de respuestas corporales adaptativas como respirar, llorar o temblar; se impide el almacenamiento del trauma. Cuando estas respuestas corporales no han sido totalmente expresadas y el sistema nervioso autónomo no completa su proceso fisiológico, el estrés postraumático se exhibe, y el sistema nervioso mantiene y repite el ciclo traumático una y otra vez, hasta que se resuelve. En cada repetición busca solucionar.
CRECIMIENTO POSTRAUMÁTICO EN EL EDUELO
Lawrence Calhoun y Richard Tedeschi en Payás Puigarna (2010) utilizan el concepto de “crecimiento postraumático” (CPT) para referirse a la mejoría o cambio del doliente, donde además de sobrevivir la experiencia traumática opera en el un cambio positivo que lo lleva a una situación mejor respecto a aquella en la que se encontraba antes de ocurrir el sucedo.
Describen tres categorías de crecimiento:
- Cambios en uno mismo: Al haber conseguido hacer frente a un suceso doloroso y traumático, la persona se siente que ha resurgido más fortalecida, más reafirmada y con más capacidad de enfrentarse a cualquier cosa; se ve a sí misma como alguien más fuerte, más capaz, con mayor tolerancia a la adversidad, con una mejor autoimagen y estima personal.
- Cambios en las relaciones interpersonales: la red de apoyo social que rodea a la persona afectada por el trauma puede verse reforzada a partir de esta experiencia.
- Cambios en la espiritualidad y en la filosofía de vida: las experiencias traumáticas tienden a sacudir de forma radical las concepciones e ideas sobre las que construye la forma de ver el mundo. El trauma puede fomentar una reestructuración de la escala de valores, de los esquemas mentales, en el sentido de mayor madurez y plenitud.
Según Richard Tedeschi y Laurence Calhoun, la vivencia de aprendizaje o crecimiento no anula necesariamente el sufrimiento, sino que puede coexistir con él. La naturaleza del crecimiento postraumática puede ser interpretada desde dos perspectivas diferentes: como resultado o como proceso.
La teoría del crecimiento postraumático señala la necesidad de un modelo de atención al duelo en el que la sintomatología sea acogida como parte importante y necesaria del proceso, en el que los estilos se evitativos y/o negadores. Puedan ser interpretados como adaptativos si funcionan como procesos, pero si la evitación/negación se convierte en resultado serán vistos como estilos de riesgo de no resolución del duelo.
CONCLUSIONES:
Al fundamentarse la PHC con un marco filosófico humanista fenomenológico y con un enfoque metodológico como el enfoque centrado en la persona, aunado a trabajo somático y psicocorporal, así como el reconocimiento de que el duelo es un estado adaptativo que reconoce parte de la sintomatología como necesaria para el proceso de elaboración, es que permite el abordaje de la experiencia por duelo traumático a partir del cuerpo del o la doliente.
Es el espacio y el vínculo terapéuticos a partir de dónde se acompaña a la experiencia del duelo traumático, como psicoterapeuta humanista corporal he aprendido que implica deshacer la soledad, el encuentro es un ritual sagrado, para facilitar y procesar la experiencia psicoemocional y psicocorporal, de esta forma el doliente puede meta procesar y transformar, sintiendo y verbalizando lo que le sucede en el presente con respecto a la muerte traumática, trabajando integralmente además de fomentar la reflexión/profundización/experienciación de la emoción principal y el sentido de su verdad, a través del contacto de las sensaciones que dan origen al sentimiento y a su vez conducen a la necesidad.
El verdadero reto como terapeuta implica crear la seguridad y ser el vínculo seguro para sanar y ampliar la conciencia y la trascendencia, porque entonces es a partir del recibimiento del otro es que comienza a gestarse la relación de acompañamiento.
La noción de contacto como base de la relación terapéutica, la no patologización y una visión adaptativa del proceso forman parte del acompañamiento, mismo que debe estar fundamentado dicha base relacional. La pérdida debe sanarse en el contacto que proporciona la relación con los otros: sin ese otro sanar el duelo no es posible.
La necesidad el vínculo genera sentido de seguridad, de pertenencia, sin embargo, este sentido se pierde cuando se hace presente la impermanencia, la muerte física del otro. La respuesta que emita el doliente a dicha perdida dependerá del carácter, de la forma de resolver ante la desvinculación, la actitud que decida tomar para hacer posible la resignificación de dicha experiencia ya sea que este orientado a la deconstrucción/renovación o reforzamiento de la corza tanto mental como física.
Una de las labores desde la psicoterapia humanista corporal es ayudar al doliente ante la necesidad de reestructurarse a causa de la fragmentación interna. Cuando curre una pérdida por muerte traumática el proceso de acompañamiento se abordan paralelamente las cuatro dimensiones de la persona: cuerpo físico, cuerpo emocional, cuerpo mental y cuerpo espiritual. Donde además el proceso de confrontación y exploración de las preocupaciones va a permitir la construcción de nuevos significados sobre la pérdida. Ante ello es importante recordar que conlleva atravesar dolor emocional, que es necesario para la reconstrucción de significados o sentido de vida.
Un concepto importante qué se devela en el proceso de aprendizaje es la desestructuración del yo mismo ante un duelo traumático, desde la mirada del Enfoque centrado en la Persona una forma de posible respuesta por parte del ser humano es quedarse por tiempo indefinido en un estado de profunda incongruencia, imposibilitando tanto la tendencia actualízate como la valoración organísmica.
Otra de las labores es la responsabilidad de cuidar la inconsciencia o desconocimiento del estado de vulnerabilidad por el que está atravesando el/la doliente, respecto a que la persona queda expuesta a la ansiedad, angustia y amenaza, dolor. Ene le entendido de que la persona hasta antes de la experiencia de pérdida conocía, después de ésta, ya no existe, desestructurándola. Entonces pues desaparece parte de su mundo interior, que estaba lleno de significados en su experiencia emocional, cognitiva, corporal y relacional.
El estado de vulnerabilidad o incongruencia, así mismo puede implicar un reto u oportunidad para que la persona cambie, evolucione o no, sin dejar de mencionar que en paralelo la gran verdad es que la vida misma continúa avanzando a pesar de la pérdida.
Por lo tanto, al acompañar también la labor es ir haciendo este puenteo integrativo entre el yo y la experiencia de trauma, echando mano de la tendencia actualízate, de la sabiduría organísmica, y del biorritmo de la persona doliente. Devolverle en cada encuentro el poder reconectar consigo mismo, ya que con ello se logra desarrollar y fomentar su proceso de valoración organísmica, aludiendo a su pulsión de vida.
Ante las respuestas del trauma como la intrusión y la evitación que están dadas ante la intensidad del impacto de la pérdida en la persona, desde la psicoterapia humanista corporal son vistas como sistema nervioso desregulado. Así pues, como lo consideran Payás (2010), el modelo de Procesamiento Dual de Afrontamiento (PDA) y trabajo con trauma desde la PHC, la clave de un proceso de duelo es la oscilación entre confrontación y restauración.
Partiendo de la idea que el cuerpo físico es el contenedor de lo vivido, me parece fascinante, así como de mucha responsabilidad el acompañamiento a los dolientes desde el enfoque psico-corporal, pues considero que implica ponerme al servicio para devolverle la llave hacia su libertad identitaria, de autodeterminación y autoafirmación, como un derecho para enfrentar con más y mejores recursos la experiencia por muerte traumática. Pues en la medida en la que el doliente tenga un espacio lo suficientemente seguro que le aporte la confianza para la apertura, el darse a su propia experiencia y de su propia emocionalidad, logrará la elaboración del duelo por muerte traumática.
BIBLIOGRAFIA:
- Bailey Jáuregui, M. (2025). Psicoterapia y Espiritualidad: el camino de regreso: Una Visión a partir de la Psicoterapia Humanista Corporal. Independently published
- Lagarde y de los Ríos, M. (2022). Claves feministas para la negociación en el amor. Siglo XXI Editores.
- León Vega, G., (2017). Calor, corazón y personalidad entre los nahuas de San Pedro Xolotla. Revista de Ciencias Antropológicas, 24(70), 195-223.
- Lowen, A. (1997) Bioenergética. Editorial Diana.
- Navarro, R. (2007) Psicoenergética. Pax.
- Payás Puigarnau, A. (2010). Las tareas del duelo: Psicoterapia de duelo desde un modelo integrativo-relacional. Paidós Ibérica
- Triana-Alcívar, H., Ureta-Pilligua, J., Mera-Flores, R. R., Bermúdez Cevallos, L., & Rivadeneira Mendoza, Y. (2021). CORAZÓN COMO ÓRGANO ENDOCRINO METABÓLICO|. Revista Venezolana de Endocrinología y Metabolismo, 19(1), 13-26.
- Vedia, V. (2016). Duelo Patológico. Factores de riesgo y protección. Revista Digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, 6(2), Recuperado en 5 de noviembre de 2025, de https://www.psicociencias.org/revista/resultados.php#

