El eneagrama en una psicoterapia corporal integrativa

Mtra. Ilse Kretzschmar Rieckmann

 

Mi encuentro con el eneagrama sucedió en el primer taller sobre este tema que Claudio Naranjo impartió en 1985 en México. A través de un proceso de 4 días nos íbamos metiendo poco a poco por medio del autodescubrimiento en este mundo complejo de las 9 pasiones humanas y las correspondientes fijaciones, con ejercicios psicológicos, meditaciones, prácticas de interacción y de reflexión teóricas. Sentí curiosidad y una cierta resistencia hacia este nuevo aprendizaje, porque me encontraba ubicada y familiarizada con clasificaciones corporales con cuya caracterología había estado trabajando ya durante varios años.

Había estudiado a Reich, y a sus definiciones, y descripciones de cómo se expresa el carácter en términos biológicos, psíquicos y mentales, la concepción clara de lo que era esta armadura, esta coraza caracterológica, esta estructura, que crea el yo como el conjunto de defensas de nuestros impulsos. Luego fueron Lowen y Pierrakos que me aportaron conocimientos básicos en relación con los estilos caracterológicos con sus reflexiones acerca del desarrollo de 5 formas de acorazamiento de acuerdo con las deficiencias vividas en las etapas del desarrollo infantil y de la respuesta del niño a ellas: el carácter esquizoide, el oral, el psicopático, el masoquista, y el rígido, en sus distintas formas de expresión. También señalaron cómo leer en un cuerpo los bloqueos energéticos en términos de contracciones musculares, de acumulación o de falta de grasa en distintas partes, del uso ineficiente o distorsionado de la respiración, y toda la serie de impresiones que la vida ha marcado en un organismo. El carácter es visible en la postura coma en el movimiento coma en la mirada coma en la manera de hablar y en el actuar. Fueron también principalmente Lowen y Pierrakos quienes crearon una serie de ejercicios, de trabajo de “mano a cuerpo”, de estímulos verbales y corporales integrados en un proceso terapéutico cuya aplicación se basa en las caracterologías de la persona. Como hemos vivido un conjunto de experiencias problemáticas en el transcurso de la primera infancia casi no existen caracteres “puros” ya que, desde este esquema de referencia de las clasificaciones caracterológicas corporales, encontramos toda clase de combinaciones.

En el proceso de una terapia psicocorporal tratamos de disolver las corazas y bloqueos, de revivir e integrar los momentos de las heridas profundas, de reestablecer el fluir energético natural en el cuerpo y de conectar a la persona con su ser espiritual con su “Core”, con su esencia. Siempre cuidamos de no “etiquetar” a nadie sino utilizar el diagnóstico caracterológico como una base de conocimientos ante el cual se toma en cuenta a la persona y en su totalidad como ser único. Además del Reichiano y de la Bioenergética, ya había integrado en la psicoterapia corporal enfoques como el método Feldenkrais, la Eutonía, el masaje Boyesen, diversas técnicas de relajación y de expresión corporal. Con un énfasis especial había trabajado con la técnica del renacimiento creado por Leonard Orr y ampliado por Stanislav Grof y en la integración de la Gestalt con las terapias corporales. Posteriormente me encontré con John Pierrakos y la Core-Energética, un enfoque que abarca de manera muy global el trabajo corporal, emocional, mental y espiritual.

Tal era mi experiencia cuando asistí a dicho taller de Claudio Naranjo, a quien ya conocía desde hacía 7 años, por otras actividades. Fui primero su discípula, después también su colaboradora y a través de él, encontré un camino espiritual que me ha permitido y estimulado a quedarme abierta a los distintos métodos que buscan la transparencia del ser. Esto era mi trasfondo teórico y práctico cuando conocí el Eneagrama. Además, como no me encontré en esta ocasión en ninguna de las pasiones (lo que es típico para un “3”), guardé al principio una cierta actitud defensiva.

Al tercer día estaba yo sentada frente a una cliente mía con rasgos masoquistas; llevaba un proceso de terapia conmigo de aproximadamente un año y medio, que iba con cierta lentitud, lo que tampoco es sorprendente en este tipo de carácter. Ella se ubicó en el número 9 del eneagrama, en la indolencia, en la pereza psicoespiritual, se identificó con las descripciones de esta pasión con mucho interés, con dolor y, al mismo tiempo, le noté cierta alegría. Nos platicó con detalle cuáles eran sus actitudes principales: apegarse demasiado a lo concreto, tener enormes dificultades de tomar decisiones, sentir la falta de propia iniciativa, ser totalmente dependiente de otra persona, etc…  al verla y oírla hablar tuve la impresión de que ella había llegado a casa, de que se había encontrado por primera vez con ella misma, con la totalidad de un sistema de defensa expuesto a la luz, de verse realmente desnuda frente a un espejo en este olvido de sí del 9, cuya lógica interna se había hecho completamente visible. A partir de este taller, su proceso de terapia se aceleró, entre las 2 logramos irnos directamente hacia sus asuntos estancados, desenredar la psicodinámica subyacente y encaminarla hacia una vida mucho más plena.

Mi propio encuentro conmigo misma y con mi pasión dominante sucedió este mismo día. En un grupo de personas del rasgo 3 -la vanidad, la inautenticidad- no pude evitar ver, como yo era bastante parecida a estas gentes cuyas características no me agradaron del todo. La rigidez, el estilo de arreglarnos, la eficiencia, el querer brillar, todo eso y bastante más; teníamos tanto en común, que ya no pude excluir la posibilidad de pertenecer a este tipo de personalidad. Mientras que Claudio hablaba de ciertos rasgos de este carácter: del grado del autoengaño a un nivel muy profundo, del estilo de vivir hacia fuera y del nivel de no darse cuenta de la persona de su traición de fondo a ella misma, me vino a la mente una escena que viví 10 años antes. Estaba a punto de una operación difícil y en un llanto catártico vi una película completa de mi vida y de mi situación en aquel momento, que era perfecta y bella hacia afuera, pero en la profundidad de mi ser me estaba negando lo que más deseaba. Al salir de ahí inicié un proceso psicoterapéutico y una búsqueda espiritual. Ahí sentada en el taller del Eneagrama, recordé la escena del “insight” -debido a una crisis fuerte- como un tocar fondo de mi pasión, que era la clave para mí y ahí entre vida y muerte desperté de la vida inconsciente que había llevado. Entendí, que no tenía opción. Entre la muerte o ir a la verdad, me decidí por el camino interior y por la vida.

En medio de estas reflexiones empecé a trabajar más específicamente en mi neurosis. Al mismo tiempo de encontrarme con las locuras y compulsiones de mi pasión, me atreví a desarrollar con más confianza mis cualidades. Me dieron un mapa de mi personalidad que marcaba mis rasgos caracterológicos muy detalladamente, me señalaron muchas posibilidades de cómo moverme dentro de él y un camino de cómo trascenderlo.

Al regresar del taller intentaba encontrar rápidamente cómo concordaba el eneagrama con los caracteres definidos por Reich y posteriormente por Lowen y Pierrakos (2). En algunos números encontré bastantes coincidencias con los sistemas usados en la bioenergética y las demás, hasta entonces por mí conocidas, terapias psico-corporales, en otros números esto no fue tan obvio a primera vista. En España, en donde varios terapeutas corporales comenzaron a trabajar con los tipos del Eneagrama a fines de los años 80’s, intentaron también comparar los dos sistemas. Llegué a la conclusión de que era imposible que un modelo cupiera totalmente en otro, más bien existen aproximaciones que se me han ido aclarando y que sigo descubriendo a la medida que estoy utilizando las dos caracterologías. En base a mi experiencia con las distintas psicoterapias corporales, empecé a desarrollar lo que hoy llamo “Psicoterapia Corporal Integrativa”, en donde el trabajo con los eneatipos tiene su lugar básico, tanto como método diagnóstico y como herramienta que acompaña todo el proceso terapéutico. La posibilidad de ubicar a una persona tan claramente en una de las nueve pasiones con sus estilos neuróticos tan definidos, facilita entrar a fondo en la sanación caracterológica.

Este trabajo es un primer intento de describir cómo y de qué manera la pasión está energéticamente enraizada en el cuerpo y de señalar las vías, métodos y procesos psicocorporales que facilitan su movilización: de reconocerla, de expresarla, de transformarla en el camino hacia la virtud correspondiente. Como este artículo forma parte de una revista acerca del Eneagrama, no voy a explicar en qué consiste este sistema y tampoco voy a describir los distintos eneatipos. Pido al lector que no posee dichos conocimientos, acudir primer a aquellos artículos y/o libros que proporcionan dicha información.

Quiero empezar a revisar el trabajo terapéutico psicocorporal con el “eneatipo 6”, uno de los 2 ejes de la neurosis en donde la dirección emocional dominante es el miedo. Para entender mejor este tipo diferenciamos más que en las otras pasiones entre el “6 de instinto sexual” en el cual el miedo y la suspicacia se manifiestan de manera contra fóbica, el “6 social” y el “6 de conservación”, quienes son más bien tímidos, directamente miedosos, fóbicos, evitando el peligro. En el “6 fóbico” he encontrado rasgos esquizoides-orales dentro de una cierta rigidez de tipo obsesivo, mientras que la persona “6 contra fóbica”, pertenece más a la estructura psicopática.

Al iniciar el trabajo corporal con el “6” me fijo en su contacto con la Tierra, en el arraigo, que es deficiente en los 3 subtipos. Es importante fortalecerlo en este aspecto, trabajar con las piernas y con los pies para que aprenda a plantarse más firmemente en el piso y a desarrollar un sentido de realidad mayor. Al mismo tiempo utilizamos ejercicios que ayudan a aumentar su nivel respiratorio. El “6” no se mantiene del todo derecho en su postura, tiende a colapsarse y su capacidad de respiración está reducida.

Muchas personas del tipo 6 llegan a la terapia con una clara identificación del miedo, de la ansiedad en el pecho y/o en el estómago, o llegan a sentirlo rápidamente después de algunas sesiones de cargar el organismo energéticamente. El pecho y la espalda están contraídos en su musculatura, el miedo impide la expresión de emociones sobre todo de las agresivas como la rabia o el enojo, esta limitación se observa más en el “6 fóbico” mientras que para el “6 contra fóbico” es más difícil la aceptación y la expresión de emociones de ternura. El 6 es muy sensible al trabajo corporal, necesita un apoyo continuo, firme y empático al mismo tiempo para permitir que la coraza ceda y deje salir a la luz el miedo en forma de temblores físicos de grito y de llanto, así como abrir su necesidad escondida de haber querido ser más protegido. De la misma manera, se le anima a la expresión directa de sentimientos de rabia, de odio, que han estado tan encerrados. Estas descargas tanto regresivas como del presente lo ayudan a confiar más en sí mismo desde su instinto natural, de asumir su propia autoridad. “Mi pecho es una cárcel”, comentó hace poco una persona “6”. “Gritar o hacer ruido estaba prohibido en la infancia”. “Para no sentirme todo el tiempo amenazado, comentó otro, me hice duro en todo mi cuerpo”.

Con el “6 contra fóbico” que tiene acceso a su agresión, el trabajo consiste más en contenerlo para que encuentre su vulnerabilidad escondida bajo a su actitud prepotente y rebelde. El trabajo con los conceptos de la Core energética, de buscar el ser inferior bajo la máscara, de encarar frente a frente el propio asesino interior, de asumirlo plenamente y de no proyectarlo más hacia afuera, lleva momentos claves en los procesos psicocorporales-espirituales de todos los caracteres y es especialmente eficaz con las personas cuyo anclaje neurótico es el miedo. En la medida en que se libere esta furia asesina y que integre su pánico más profundo, se prepara el camino hacia su ser espiritual, hacia su Core, hacia su fuerza interna, hacia la valentía que es él virtud de su centro.

El tipo “3”, la vanidad, localizado en el otro rincón del triángulo interno, pertenece en términos de la caracterología corporal al carácter rígido, tanto con rasgos del tipo fálico narcisista, como del histérico, como los describe Lowen (3). En la mayoría de las personas “3” encontramos más abajo elementos orales y sobre todo esquizoides. Como todas las pasiones viven de menor o mayor grado dentro de nosotros, también todas las estructuras corporales están presentes en nosotros con mayor o menor fuerza. Aparte de las dominantes, voy a mencionar únicamente aquellas que me han llamado específicamente la atención para ser trabajadas durante los respectivos procesos.

El cuerpo del “tipo 3” en general está bien formado y físicamente entrenado. Para entrar a la coraza del “3” que se extiende como una especie de red por toda su musculatura, he encontrado que lo más efectivo es una combinación, tanto de trabajo corporal fuerte, como es la provocación y la descarga energética y, trabajo corporal suave, de tipo Feldenkrais, Eutonía y Masaje Boyensen. Es esta aparente contradicción entre romper y derretir los bloqueos lo que nos ayuda a ablandar la rigidez. Como el “tipo 3” tiene una excelente relación con su cuerpo a nivel superficial no le cuesta ningún trabajo realizar cualquier ejercicio que se le indique. Lo que es muy difícil para un “3” y requiere de paciencia para el terapeuta es que conecte somáticamente experimentando con las emociones, acerca de las cuales reporta, desde su defensa de manera estereotipada, “estoy muy bien” o “no siento nada”.

Para empezar a crear conciencia de lo que es falso y de lo que es verdadero, es útil emplear pequeños procesos corporales sencillos y preguntarle ¿qué está sintiendo? o ¿qué está pasando en otras partes de tu cuerpo cuando te tomo de la mano o cuando te toco la espalda? Hay que llevar al “3” a diferenciar sus sensaciones y sus sentimientos a partir de que entren a su conciencia, a tener derecho a ellos y a confiar en su emoción verdadera correspondiente a un estímulo interior o exterior, así como a aprender a actuar en concordancia con su sentir.

Como el “3” padece de la separación del rígido entre el corazón y la sexualidad, el proceso psicocorporal se enfoca principalmente hacia la concientización de esta escisión y hacia la unión energética entre la pelvis y el pecho, entre el segundo y el cuarto chakra, de abrir el bloqueo del diafragma para encontrar la conexión entre el amor y el sexo, el trabajo de respiración de la core energética de activar los chakras, de trabajar con la mano directamente sobre las zonas de bloqueo en el cuerpo, de conectar psicodinámicamente el presente con la herida de la infancia y la dimensión energía-conciencia, desde la cual se enfatiza en la voluntad de amar, es el mejor camino que he encontrado para lograr esta unificación interna. La cáscara del “3” está bien armada y es muy funcional. Hasta que no entre en una crisis, es poco probable que se conecte con contenidos profundos y descubra que, dentro de su cuerpo tan perfecto, cuidado y espejeado hacia afuera, existe un alma, un espíritu, un núcleo profundo desde donde él es auténtico.

La pasión que corresponde al tipo “9”, es la indolencia, la pereza espiritual, la “pasión por lo cómodo y la disposición sobreajustada” (7). Ubicada en el punto central de la estructura del Eneagrama representa de manera especial el “olvido de sí” que “es la raíz de todas las patologías” (8). El “9” corresponde a la estructura corporal bioenergética del masoquismo de manera bastante clara. Lo que más he encontrado de rasgos son aspectos rígidos sobrepuestos y en general orales y esquizoides subyacentes. El “tipo 9” tiene mucha dificultad en movilizar físicamente su energía y en expresar sus emociones, por lo tanto, el trabajo corporal tiene que ser continuo y fuerte, hay que acompañarlo con paciencia para que él se permita, poco a poco, la liberación de tanta carga acumulada. Como en el “tipo 9” ha habido humillación, trato abusivo y sobrecontrol en su infancia, tanto la expresión de la rabia, como la del placer, crean ansiedad y culpa. No hay que empujarlo, sino más bien esperar hasta que esté listo para dar el próximo paso. Reconectarse con el berrinche y posteriormente buscar la afirmación asertiva le ayudan a lograr mayor autoestima e independencia, así como paulatinamente responsabilizarse de emociones agresivas y placenteras.

Físicamente es importante que se mueva este cuerpo de tremendos bloqueos energéticos: bailar, realizar actividades juguetonas que aumenten la flexibilidad; que luche para liberarse del atrape en que se encuentra y que estire el cuerpo sobre el rodillo con el que se trabaja en la Bio y en la Core Energética. Lo que es una base cierta para todos los eneatipos, para el “9” hay que enfatizarlo especialmente: las voces negativas, la parte oscura, la sombra, el odio, el rencor, el resentimiento, tan guardados necesitan ser plenamente expresados e integrados, el grito del “no” con todo su cuerpo y del “no quiero”, son de particular importancia aquí, así como el asumir muy desde adentro un “sí”, un “sí quiero” hacia la vida, hacia la autonomía, hacia la acción esencial.

En sesiones de Renacimiento varias personas “9” han experimentado la dificultad para nacer, el haberse querido quedar en la primera etapa, o en la matriz perinatal número uno, como Grof llama esta fase (10), un no querer salir del útero y de querer restablecer la relación simbiótica posteriormente durante su vida. El trabajo de “reparentar” con el “renacer” propicia también fuerza en el paso del “no” hacia el “sí” interno a la vida en su sentido profundo.

El “tipo 1”, donde la pasión principal es la ira, no se caracteriza por la agresión obvia, sino por el perfeccionismo, en el cual el enojo se expresa intelectualmente. Esta personalidad, que lucha por lo correcto en el nombre de Dios o de la moral, es físicamente fuerte, rígido y corresponde al carácter anal como lo han descrito Freud, Abraham y Reich (11). También se acerca a la personalidad obsesiva-compulsiva de Johnson (12). Este organismo, en general algo compacto pero erguido, tiene mucha dificultad en soltar el control, de soltar las expectativas tan severas que tiene hacia sí mismo y hacia los demás. Su nunca y la parte posterior de su espalda están muy contraídas; se liberan con masajes y con la descarga de todas aquellas emociones que fueron reprimidas o convertidas de manera reactiva. El miedo a romper su imagen tan idealizada es muy grande en el “tipo uno”. La frente está fruncida con una cierta expresión de superioridad. Con juegos, como sacar la lengua y hacer muecas con la cara, lo invito a movilizar la energía rigidizada en el rostro, y con posturas de estrés como el arco en sus diversas formas, le facilito a sentir pulsaciones involuntarias en su cuerpo.

Hay que ayudarle al “1” a que la “olla exprés” de la ira muy guardada se abra y se ventile antes de que explote desmedidamente. Poco a poco la persona necesita aprender a darse permisos, a ser más espontánea, a ir más hacia lo placentero de la vida. Aquí trabajo con la reactivación de los centros energéticos receptivos en la parte frontal del cuerpo, cuya apertura suaviza las excesivas obligaciones y se despiertan más las verdaderas necesidades.

Una paciente del “tipo 1” se describió al principio del proceso terapéutico como “una máquina del tipo robot” con su energía “congelada y atrapada”. Después de trabajar en el abrir y balancear el fluir energético entre la parte superior e inferior del cuerpo y muchas sesiones de descarga, se empezó a pervivir como “más humana, con odio y amor, más como los demás”. A la frase “No empujes el río” que parece especialmente escogida para el “1”, ella agregó “y siéntate en la orilla, ve a los demás y ten confianza de que sobrevivan sin tanto orden y control”. Cuando ella toca momentos de serenidad, vislumbra su fuerza interna, que se está expresando cada vez más directamente.

El “tipo 2”, entre el “1” y el “3”, es el del orgullo, en el cual la autoimagen está inflada y la pseudoabundancia encubre el sentir de la necesidad. En la caracterología corporal, el “2” corresponde al carácter histérico. Claudio Naranjo tiene razón, cuando dice que las descripciones de la personalidad histérica o histriónica no aparecen referencias al orgullo como un aspecto principal de la dinámica interna (13). En su alta emocionalidad, en su tendencia a coquetear y a seducir, en su manera de llamar la atención, sale la actitud orgullosa a la luz desde el principio, lo que luego he encontrado además en todas personas “2” con las que he trabajado, es una profunda oralidad, que está totalmente compensada; “no necesito, yo te doy”, es el lema del orgulloso.

En el acercamiento hacia el cuerpo trato de equilibrar el fluir de la energía que es bastante irregular en su distribución; es explosiva y llega fácilmente a expresiones involuntarias. Frecuentemente encontramos una pelvis muy desarrollada y una caja torácica bastante restringida (sobre todo en la mujer). Se tiene que movilizar la energía acumulada en la zona pélvica, animar las expresiones de las emociones asociadas con el haber sido explotada y traicionada, así como asistirla en soltar y entender los sentimientos tan contradictorios hacia el otro sexo. El trabajo hacia la unión del corazón con la sexualidad es parecido al que describí con el tipo 3, por la base estructural rígida que tienen en común; sin embargo, las cualidades infantiles y la emocionalidad fuerte pero defensiva de la persona dos, requieren otra atención: enfocar la expresión hacia algo, de darle contención pero no dejarla ir con tanta teatralidad, sino de ayudarla a que utilice su energía para encarar su miedo, su enojo y su necesidad con el fin de construir su propia fuerza interna y su propio sentido de poder.

Se tienen que propiciar procesos emocionales-corporales regresivos que la llevan a sentir a fondo su necesidad tan negada y expresar el pedir directamente desde el corazón con los brazos levantados, lo que transforma la seducción del orgulloso en un acercamiento más directo en donde aprende a reconocer sus límites reales. Ir desde la pasión del orgullo hacia la virtud de la humildad significa psicocorporalmente moverse desde la elevación sobre una división interna, hacia una integración energética entre espíritu-mente-corazón-sexualidad.

El “tipo 4” que sucede a la vanidad en el círculo, corresponde a la envidia, que se expresa en una demanda excesiva por el amor. Este carácter es muy pasional y dirige su profundo enojo contra sí mismo. Claudio Naranjo ve la envidia ubicada en el carácter depresivo-masoquista, como lo han descrito Reich y Kernberg (4). La oralidad está también muy presente en el tipo cuatro, en su forma agresiva y pesimista. El “4” anhela con vehemencia perderse en el otro en una unión que no la ha podido encontrar dentro de sí mismo.

Corporalmente hay que empezar, antes que todo, con ejercicios de arraigo, enraizarlo en el piso, en la tierra y mantener esto como una constante durante el proceso. También el cargar el pecho con más aire y el abrir la respiración preparan al organismo para etapas de trabajo más profundas. Cuando el “4” toca el odio -junto con el tipo 8, es el carácter que con mayor facilidad tiene acceso a las emociones “negativas”-, pero se colapsa fácilmente por la culpa y dirige la agresión contra sí mismo. Lo asisto a que en esta fase del proceso descargue hacia “el otro”- la persona frustrante que en la mayoría de los “4”, fue alguien real- o emocionalmente lo abandonó. Aquí aparece frecuentemente el vómito: un soltarse vegetativamente, el expulsar el objeto introyectado, desde sus entrañas hacia afuera. Esta fase va acompañada por ansiedad de perder al mismo tiempo al ser odiado y querido a la vez.

La rabia del “4” está centrada en la mandíbula y en la parte superior de la espalda. La persona necesita morder, deshacer algo con la boca, con las manos y luego soltarlo. Al haber descargado es muy importante llevar al “4” hacia posturas y movimientos que lo pongan en contacto con su propia energía, con su propia fuerza, a fin de que desarrollo confianza en sí mismo, autorresponsabilidad, así como estimarse en lo que es y aprender a ser su propia fuente del bienestar.

El otro día me dijo una persona del tipo 4, en una de las primeras sesiones, sin conocimiento del Eneagrama: “Mi problema es la envidia, y lo que necesito y quiero, es ser más ecuánime”. Ella intuyó acertadamente cual podría ser el estado natural de su ser en virtud. Pero tampoco aquí, como en ningún carácter nos podemos brincar etapas del camino. En el tipo 4, que es deprimido, pero muy expresivo, tenemos que cuidar que no se quede estancado en la repetición continua de la descarga de rencor y resentimiento, sino que aprenda a auto-nutrirse, a auto-confrontarse y llegar a más mutualidad en relaciones de adulto a adulto. Lo que he notado, que es de gran beneficio para la persona 4, en experiencias grupales, son las meditaciones (15) y el encaminarse hacia una actitud meditativa (16) en donde se ensaya y se practica la ecuanimidad naturalmente.

El “tipo cinco” corresponde a la avaricia, que representa una retención más generalizada que la acumulación del dinero. Como la envidia, hay un sentir de vacío y de carencia, pero aquí se expresa en una “depresión seca” (17). El “5” es el más distanciado y menos involucrado afectivamente de los eneatipos. El individuo es hipersensible y apático en una polaridad. En la caracterología corporal, el “5” equivale al carácter esquizoide. Energéticamente tiene muchas interrupciones en el fluir organísmico, con una falta de integración funcional. El pensar puede ser brillante, pero está disociado del sentir. Su cuerpo es tenso y frío; sobre todo en manos y pies, alejado de sí mismo, seccionado y conectado en sus partes. Su respiración es muy restringida.

Al principio se requiere una sensibilización y concientización corporal en relación al tocar, oír, ver y oler. Hay que ayudarlo en que no se desintegre en muchos pedazos, a sentir cada vez más el fluir energético en su organismo. Le sugiero posturas y movimientos sencillos que Incrementen la dirección energética desde adentro hacia la periferia.

Cuando trabajo con una persona “5” trato de acercarme y de conectarme con ella desde mi propia vulnerabilidad y sensibilidad. “Menos” es mejor que “más”, sobre todo al principio. Hay que establecer confianza sobre una base sólida de paciencia y sobre un afecto honesto y no invasivo.  Le ayudo a reducir las tensiones crónicas que tiene en muchas áreas del cuerpo, especialmente en la región ocular, en la base del cráneo y las articulaciones.  Un buen apoyo adicional en él conectarse con su cuerpo y vitalizarlo, es el método Feldenkrais, que ayuda a restablecer la coordinación interna mental-corporal de manera profunda y no amenazante (18). El masaje Boyesen abre el cuerpo en su contacto físico suave y firme hacia el trabajo de regresiones (19).

En la medida que se crea un vínculo más sólido entre el terapeuta y el cliente, se puede emprender el camino hacia “el vacío”, hacia el “infierno”, hacia lo “desértico”, como los tipos cinco describen el fondo de su herida tan temprana, y traer a la luz el terror congelado ante el rechazo, el odio guardado ante el frío, para su liberación catártica y su integración.

En un taller de trabajo sobre las virtudes, el desapego; la virtud del “cinco” se describió por parte de un grupo de caracteres de este tipo, como el “no quedarse pegado y tieso ante el mundo”, un “no retirarse u olvidarse del otro”, un “llegar a ser con la posibilidad de compartir”, como “una mano que abre”.

El tipo siete de la pasión de la gula, es el rebelde juguetón, optimista, simpático, de cara alegre. Es el carácter oral-receptivo, es narcisista, permisivo consigo mismo y con los demás. El trabajo corporal es una prueba para el “siete” porque lo paramos en el hablar constante y lo llevamos a expresar su necesidad primaria con el cuerpo: el succionar, el mordisquear, el alcanzar con las manos, que abre las emociones de necesitar, del anhelo, le ayudo a identificarse más directamente con ellas. Le ayudo a abrir y fortalecer la respiración en la parte alta del pecho, para que se acostumbre a llenarse de aire, de energía, de confiar en su propia fuerza. Le doy contención física durante el proceso de aprender, a llenarse de él, y límites dentro de una actitud empática pero confrontativa.

Lo difícil es, para el tipo siete, regresar hacia aquellos momentos en los cuales había carencia o una abundancia vaga y difusa, vivencias que implicaban un dolor profundo y desesperación. El “siete” prefiere seducirnos, capturarnos con su mirada, de ojos brillosos y anhelantes, para convencernos de llegar al cielo sin pasar por el infierno. En la medida de permitirse entrar en la herida, aumenta la posibilidad de equilibrar sus patrones de compensación y de colapso, así como su apego a lo “goloso”, lo cómodo y lo gratificante. Al desarrollar la expresión directa de sus emociones amorosas hacia el otro, baja la necesidad de los sustitutos. El “siete” tiene que aceptar que en el proceso de transformación profunda emocional-espiritual, no hay camino verdadero si no tocamos el dolor emocional. Paulativamente hay que revivirlo e integrarlo, lo que trae a la vida presente un sentido más profundo y una actitud más sobria.

En el tipo “ocho”, el lujurioso, la mirada es incisiva y la actitud corporal recuerda una fiera en guardia, lista para atacar en cualquier momento. El “ocho” es el psicopático, el psicópata o el fálico-narcisista, en la descripción de Reich (20). La persona muy energetizada, sobre todo en la parte superior del cuerpo, en la espalda, donde se encuentran los centros energéticos de la voluntad. El pecho es impresionante e inflado, pero rígido y esconde las emociones tiernas. Como la pelvis es angosta y tensa, y las piernas son más débiles en relación a la mitad superior de su organismo, hay que propiciar procesos corporales que llevan la energía hacia la parte inferior del cuerpo.

El trabajo de descarga emocional tiene otra dimensión que en los otros caracteres, porque el tipo ocho actúa a la menor provocación hacia afuera. La descarga tiene que ser muy precisa y dirigida directamente hacia aquellas figuras (en general las paternas), contra las que actúa inconsciente o inclusive conscientemente todo el tiempo, en “acting outs” hacia afuera. En el trabajo psico-corporal, tanto individual como en un grupo, se tiene que cuidar, si la persona está suficientemente en contacto con su conciencia para aceptar las reglas de la no-violencia contra otros u objetos.

En un momento llevé a un cliente “ocho” a un trabajo en grupo, en donde lo confrontamos con la autoridad del padre, a la que desafió directa y abiertamente. Le pedí a un terapeuta hombre (que era físicamente bastante fuerte y entrenado en artes marciales), que abrazara a mi cliente a la fuerza, que lo dejara luchar y defenderse, pero que no lo soltara. Mi cliente luchó con toda su fuerza para liberarse y cuando se dio cuenta, después de un buen rato de furia, de que era imposible, se relajó, se entregó a la experiencia de sentir por primera vez la contención de la autoridad de un padre, la que nunca había tenido. Sintió la frustración y las consecuencias que había vivido por la debilidad y ausencia de su padre. Dijo que sentirse contenido era una sensación totalmente desconocida, muy agradable y curativa. Empezó a canalizar su energía destructiva hacia las artes marciales. En el trabajo individual procesamos sus acting outs, sus venganzas hacia el mundo y psicocorporalmente tratamos de encontrar acceso hacia su vulnerabilidad, hacia su ternura tan encerrada dentro de su incesante compulsión por la intensidad, y por su  constante necesidad de controlar la situación. En el trabajo en grupo, en donde también participaba, meditamos frecuentemente, lo que le abrió la visión de lo que podría ser el estar sin tanto prejuicios en el “aquí y ahora” en la inocencia.

El llevar realmente un proceso terapéutico con una persona del tipo ocho es algo excepcional. En general no busca el crecimiento interno y si se expone a una psicoterapia debido a una crisis fuerte, la deja en el momento de haber pasado lo peor.

Lo más importante que me ha aportado la visión de los Eneatipos, en una terapia psico-corporal integrativa, es poder dirigir el trabajo en menos vueltas hacia el meollo del asunto neurótico. Las creencias, imágenes, comportamientos y actuaciones que existen alrededor de la pasión dominante en un ser humano, contienen y retienen de manera distorsionada nuestra energía, y con ella, nuestra conciencia. La liberación, recanalización y reintegración de ellas a nivel psicocorporal, nos permite, ir en el camino hacia la transformación espiritual con más herramientas, con más sentido de realidad y con más conciencia acerca de quienes somos y hacia donde podemos y queremos ir.

 

REFERENCIAS

  1. Véase Willhelm Reich. Análisis del carácter. Paidós. Barcelona 1980. Alexander Lowen. El lenguaje del cuerpo. Herder. Barcelona 1985.
  2. Véase Reich, Lowen (1), además John C. Pierrakos. Core Energetics. Life Rhythm. Mendocino 1987.
  3. Lowen (1) Pág. 247 ff
  4. Véase Moshe Feldenkrais. Autoconciencia a través del Movimiento. Paidós Barcelona 1985.
  5. Véase Gerda Alexander. La Eutonía. Paidos 1983.
  6. Véase Gerda y Mona-Lisa Boyesen. Byodinamik des Lebens. Synthesis Verlag. Essen 1987.
  7. Véase Claudio Naranjo. Eneatype Structures. Gateways, Nevada City 1990. Pág. 141 (Estructura de los eneatipos; de la version inglesa 1995).
  8. Naranjo (7). Pág. 143.
  9. Véase Leonard Orr. Renacer a la Nueva Era. C.S. Buenos Aires 1991.
  10. Stanislav Grof. Beyond the brain: birth, death and transcendence in Psychiatry. State Univ. of New York Press. 1985.
  11. Reich (1)
  12. Steven M. Johnson. Character Styles. Norton. Ney York 1994. Pág. 266 ff
  13. Claudio Naranjo. Character and Neurosis. Gateways, Nevada City 1994. Pág. 177
  14. Naranjo (11). Pág. 98 ff
  15. Véase Hetty Draayer. Vind je zelf door Meditarie. Miranda Wassenaar 1983. Karlfried Graf Dürkheim. El hombre y su doble origen. Cuatro Vientos. Santiago de Chile.
  16. Aquí trabajo con meditaciones interpersonales, desarrolladas y enseñadas por Claudio Naranjo.
  17. Naranjo (11) Pág. 67 ff
  18. Feldenkrais (4)
  19. Boyensen (6)
  20. Reich (1) Pág. 212 ff

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