Mtra. Marilenca Bailey Jáuregui
Contexto histórico
La Psicoterapia humanista surge en el siglo XX en Europa revolucionando la psicología de la época con sus teorías sobre el inconsciente, los sueños y la sexualidad. Principalmente estaban en boga el antisemitismo, la moralidad y la filosofía victoriana, y también la teoría de la evolución y el positivismo, en donde solamente lo comprobable científicamente era lo que contaba. Desde el materialismo de esa época se le da crédito a lo material, no a lo ideal entendiéndose esto como lo espiritual o no visible.
Antecedentes intelectuales
Se respetaban la neurología y la psiquiatría con los valores de la causa y el efecto lineal desde Darwin hasta Goethe, donde se creía que descendemos del mono, y no de un origen divino. El objeto y método de estudio: se llamaba psicoanálisis. Su objeto de estudio son los procesos mentales inconscientes en donde los principales procedimientos son la libre asociación y la transferencia subrayando que los procesos mentales inconscientes son inaccesibles para volverlos conscientes. El objeto del psicoanálisis es ayudar al paciente a determinar el mejor nivel posible de funcionamiento, dados los inevitables conflictos que tienen origen en el ambiente externo en el Super yo y en las implacables exigencias del ello interno, es decir, se trataba de desarrollar un yo más fuerte que pueda negociar entre el adentro y el afuera. El concepto implícito del hombre es que es un ser dotado de razón, un organismo biológico con mucha conexión emocional se creía firmemente en el determinismo, puesto que no hay accidentes en los procesos mentales, sino que todo tiene su origen en el inconsciente con raíces en la infancia. Las sesiones propuestas son trabajar en el diván, hablando durante horas y desarrollando la asociación libre y el terapeuta apunta, pero casi no participa para propiciar la transferencia; se analiza e interpreta todo el material, buscando la historia oculta en la infancia. El objetivo tiene que ver con ser conscientes, para una mayor funcionalidad, (buscando siempre las causas, es decir, los porqués). Aclaro que, para el psicoanálisis, la existencia del inconsciente como entidad psíquica está regida por sus propias leyes y a estas leyes se les llama proceso primario. La conducta está dada por impulsos y defensas. Los fenómenos psíquicos son interpretables y asociados a causas anteriores. El “super yo” es la interiorización o aprendizaje de las prohibiciones morales, sociales, familiares, etc., el “yo” es quien hace la negociación y la conciliación entre el “ello” y el “superyó”, siendo el “ello” los impulsos primarios. Cuanto más carga y madurez tengamos en el “yo”, la conducta será más armónica y equilibrada. La idea es fortalecer el “yo” en el proceso de Terapia. En PHC, intentamos fortalecer la capacidad autorregulatoria del paciente a nivel somático mental y psíquico, entendiendo que esto se logra fortaleciendo al yo.
El humanismo está en contra del determinismo, subrayando que, si hay libertad relativa, y que recobrar la salud autorregulatoria nos da más libertad y menos reactividad, logrando una respuesta centrada en el presente. El concepto del hombre es diferente, y la postura del terapeuta también es diferente. El humanista considera la libertad como una posibilidad que se puede o no tener y en algún momento podemos tener tres posturas ante la libertad:
- Nunca. El hombre no es libre, y este es el determinismo de Freud y de Skinner
- Siempre. El libre albedrío absoluto, de Sartre
- A veces. Puedes o no ser libre, de Fromm, Rogers, Frankl, etc.
Fenomenología
Esta perspectiva pone el énfasis en el fenómeno presente mismo, constituyéndose como el método fundamental del existencialismo y del humanismo. La fenomenología estudia los fenómenos tal como emergen de la existencia concreta del ser humano. Se trata de un enfoque concreto y anti conceptual, en el sentido de que no busca explicar las causas de los hechos, sino describir el cómo de la experiencia: cómo aparecen las cosas, cuál es su intencionalidad y de qué manera sujeto y objeto se encuentran inseparablemente unidos. Desde esta mirada, la experiencia es comprendida de forma holística.
La fenomenología se contrapone al positivismo, el cual se centra en el estudio de los hechos objetivos, buscando explicaciones causales y el porqué de los fenómenos, sin atender a la intencionalidad de la conciencia. En el enfoque positivista predomina una visión dualista, donde el hecho es concebido como algo que existe en sí mismo, externo al sujeto. En cambio, para la fenomenología, el fenómeno es la manera en que ese hecho objetivo es vivido y percibido internamente; así, lo objetivo y lo subjetivo no se encuentran escindidos, sino relacionados a través de la experiencia.
De acuerdo con Edmund Husserl (2018), el método fenomenológico consiste en examinar los contenidos de la conciencia, discerniendo si estos son reales, ideales o imaginarios, y en realizar la suspensión fenomenológica, lo cual permite atenerse a lo dado tal como se presenta al describirlo en su pureza, o intentar reflejarlo así en terapia.
Desde esta perspectiva, para un mismo fenómeno existen tantas realidades como sujetos que lo perciben. Incluso en los fenómenos físicos no es posible alcanzar un conocimiento totalmente objetivo o completo, ya que toda experiencia está mediada por la conciencia que la vive.
Rogers y Perls, trabajan desde una perspectiva fenomenológica, privilegiando una actitud empática y una relación horizontal, procurando suspender teorías, diagnósticos e interpretaciones con el fin de aproximarse de manera más directa y fiel al fenómeno de la experiencia.
Según Skinner en el conductismo, toda conducta es una respuesta a un estímulo, tomando mucho en cuenta en su visión al mundo externo.
Otro aspecto importantísimo que caracteriza las terapias humanistas es la responsabilidad, pues se hace énfasis en el poder inherente que tiene el ser humano para vivir de forma consciente y responsable, aceptando las consecuencias de sus elecciones y convirtiéndose en el dueño de su propio destino, en lugar de buscar culpables externos. La toma de responsabilidad paulatina de nuestros pacientes los va haciendo más adultos y corresponsables y no victimas solamente.
La sabiduría organísmica es un concepto humanista: Rogers, Maslow, Perls, dicen que existe una sabiduría organísmica, altamente especializada compleja y sutil, que incluye la parte emocional y biológica, y es por eso por lo que los terapeutas no aconsejamos. Creemos que el ser humano no solamente debe ser visto desde las ciencias naturales y la psicología, sino también desde la creatividad, desde la ética, la estética, etc. Esta sabiduría asume que somos auto propulsados, en gran parte, y no determinados por el inconsciente interno, como decía Freud, ni por los estímulos externos, como decía Skinner, sino que le damos mucha más importancia libre albedrío.
En el humanismo, creemos que el ser humano tiene una naturaleza inherente, potencialmente positiva, que puede considerarse como originalmente buena, con la metáfora de la semilla que naturalmente da fruto, a no ser que algo haya obstaculizado el proceso de crecimiento. Tenemos adentro de nosotros un elevado e insospechado potencial de desarrollo Espiritual y Social. El ser humano tiende naturalmente a la actualización de su potencial.
Es muy importante para Fromm distinguir entre las necesidades falsas creadas o neuróticas y las necesidades reales y nos enseña a hacer esa distinción en nosotros y con nuestros pacientes. Nos invita a permanentemente a estar observando la diferencia entre ser y hacer y tener, para no alienarnos. Para Maslow lo que importa son las metanecesidades, es decir, las necesidades de crecimiento y autorrealización. En lo que coincidimos es que las necesidades de seguridad, amor, pertenencia y libertad son reales en el ser humano y perduran a lo largo de toda su vida, aunque se transforman.
Lo que intentamos tener es una personalidad productiva, según Fromm (1941); o ser una persona autorrealizada, según Maslow (1973); o una persona que funciona plenamente, según Rogers (2020); o una personalidad genital, según Freud (2012); o una persona con individuación, según Jung (2015).
Rogers, creía que la persona tiene recursos propios y potencialidades y que merece confianza porque tiene una tendencia al crecimiento. Tiene recursos para la autorrealización, si las condiciones son propicias y favorables. El individuo se desarrolla adecuadamente para sentirse autorrealizado con estas condiciones favorables y en términos de crecimiento. Esta idea nos invita a que en nuestro consultorio recreemos estas condiciones, estableciendo una atmósfera que facilite el desarrollo de los pacientes. Las patologías se producen cuando las condiciones son desfavorables y entonces viene la disfuncionalidad en general y el sufrimiento. Las condiciones favorables y desfavorables están combinadas y alternadas porque no hay situaciones perfectas. Parte de las condiciones favorables para el desarrollo son: la congruencia, la transparencia, la autenticidad, la empatía, el respeto, y la genuinidad, que producen confianza. El paciente sólo va contactando y ajustando su propia percepción sin necesidad de interpretación. La aceptación positiva incondicional es aceptar lo que el paciente es, no necesariamente lo que hace, incluyendo los problemas y dilemas de su vida. La comprensión empática es una condición necesaria, con contenido cognitivo y contenido afectivo; no es una técnica de reflejo, es una actitud poniéndome los zapatos del otro, manteniendo el “como sí” para no sobre identificarme, es lo que Rollo May diría de “tener un pie adentro y otro afuera”; todas estas condiciones, actitudes y valores, deben de ser percibidas por el paciente y comunicadas por el terapeuta. Si no, no sirven terapéuticamente. Al crear estas condiciones, el paciente va a ir encontrando mayor claridad y autopercepción. La congruencia es el resultado de alinear el hacer, el sentir y el pensar y sobre todo, es darnos cuenta cuando están desalineados.
Como expone Rogers (1998) la personalidad se basa en la congruencia entre el «yo real» y el «yo ideal«, buscando la autorrealización, un proceso de desarrollo hacia una persona plenamente funcional, abierta a experiencias y en constante ajuste; la terapia debe ofrecer empatía, congruencia y aceptación incondicional sostenidas para facilitar que el paciente encuentre sus propias soluciones, transformando la incongruencia en una autoimagen más realista y positiva.
Es en esta base filosófica, metodológica y actitudinal que trabajamos en PHC el cuerpo y sus temas somato emociónales, favoreciendo el desarrollo espiritual (Bailey 2025).
Bibliografía
APA (2023) DSM-5-TR Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Editorial Médica Panamericana.
Bailey, M. (2025) Psicoterapia y Espiritualidad: el camino de regreso: Una Visión a partir de la Psicoterapia Humanista Corporal. Edición particular.
Berger, M. (1993) Más allá del doble vínculo. Paidós Ibérica.
Camus, A. (2021) El extranjero. Random House
Ende, M. (2023) Momo. Santillana Educación México.
Fadiman, J. y Frager, R. (2010) Teorías de la personalidad. Alfaomega
Freud, S. (2012) Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad: y otros escritos. Alianza.
Fromm, E. (1941). Escape from freedom. Farrar&Rinehart.
Fromm, E. (1990) Grandeza y limitaciones del pensamiento de Freud. Siglo XXI Editores.
Fromm, E. (2015) El arte de amar. Paidós.
Fromm, E. (2016) Ética y psicoanálisis. Fondo de Cultura Económica.
Fromm, E. (2021) El corazón del hombre. Fondo de Cultura Económica.
Husserl, E. (2018) La filosofía como ciencia estricta y otros textos. Prometeo Libros.
Jung, C. (2015) Los arquetipos y lo inconsciente colectivo. Trotta.
Maslow, A. (1971) Hombre autorrealizado: hacia una psicología del ser. Editorial Kairós.
Matson, F. (1984) Conductismo y Humanismo. Trillas.
Quitmann, H. (2005) Psicología Humanística. Herder.
Rogers, C. (1998) Terapia, personalidad y relaciones interpersonales. Nueva visión.
Rogers, C. (2020) El proceso de convertirse en personal. Ediciones Culturales Paidós.

