Líc. Andrés Sánchez Bodas
El presente artículo traza un recorrido teórico y clínico que redefine la noción de consciencia y motivación humana desde el Enfoque Centrado en el Encuentro. A través de una integración interdisciplinaria entre la filosofía existencial, las neurociencias contemporáneas y el linaje de la tendencia formativa en Occidente, el autor propone un modelo clínico donde la palabra dialoga directamente con la sabiduría biológica, conceptualizando al ser humano como una «carne conscientizada» en constante actualización relacional.
La consciencia es aquello que nos hace ser humanos, la instancia del desarrollo evolutivo, que nos coloca en el espacio de lo vivo con características que nos son propias y que nos diferencian de los demás seres vivos. Es por ello qué, en este escolio, quiero demarcar brevemente, el proceso de la consciencia como funcionamiento corporal total, en el cual el cerebro toma consciencia de lo que le acontece al cuerpo en todas sus partes internas y en la interacción con el mundo, y como tal – como proceso – deviene a un darse cuenta de sí misma. Es allí, en esa instancia, donde hablamos de noción de sí mismo, el momento de la autoconsciencia, que amplía hacia su darse cuenta global, e introduce la vivencia que eso que le pasa a nuestro cuerpo que somos nosotros.
Por otra parte, es un hecho que nos acontece de muy difícil explicación y ante la cual debemos nutrirnos de pensares filosóficos, psicológicos y neurocientíficos. Pensarlo, nos lleva a un misterio que lleva milenios. Desde que somos humanos, nos preguntamos como sabemos quiénes somos. De hecho, la filosofía surge, entre otras preguntas humanas, ante ella, como un eje del asombro, que la hace a la filosofía madre de todas las ciencias.
La consciencia es una función biológica que nos constituye y, como tal, emerge de lo que percibe el organismo que somos. Una mirada clásica, con la cual coincido, es que la consciencia siempre es consciencia de algo, y por lo tanto es abordada por estímulos que provienen de dentro de nuestro propio cuerpo y por aquellos del afuera de la piel y de los demás órganos de los sentidos. El cerebro posee una capacidad de registrar ambos y darnos esa información. De hecho, si por algún motivo falla- una enfermedad, por ejemplo- es posible que nos vaya muy mal e inclusive que nos conduzca a la muerte.
La filosofía ha dicho, sobre todo aquella denominada existencial, que la consciencia es intencional, es decir, que posee una dirección hacia algo, sea un objeto externo o un desequilibrio interno de algún órgano. Este modo de pensarla coincide con el de las neurociencias, cuando nos dicen que el cerebro siempre “está atento” a los desequilibrios bioquímicos o de otra índole que perturben la homeodinamia que nos hace estar vivos, y responde enviando indicaciones, para encauzarla. Es un proceso del cual no somos conscientes y acontece gracias a una red neuronal inmensa, preparada para detectar y actuar. Cuando se responde a un estímulo externo también procede de la misma manera, en tanto éste también provoca un cambio de la perseverancia de la organización vital que somos siendo. Ésta es necesaria porque la función de todo el cuerpo, desde su más mínima expresión hasta la más profunda experiencia, es mantenernos vivos.
Esa cualidad, es la que me hizo decir, en más de una oportunidad, que el suceder bio-psíquico básico es la supervivencia, y dado que el cerebro siempre “mira” para delante, que toda conducta siempre apunta a ello.
La consciencia es “el órgano” que regula esta pulsión en nosotros, el cuerpo es sabio y lo usa como parte de su sistema adaptativo. Lo hace de dos maneras, una no consciente, y otra a sabiendas, eligiendo desde la noción de sí mismo adonde ir, qué responder, qué hacer. La mayor parte de nuestras respuestas y acciones son no conscientes, son automáticas, otras, las menos, emergen desde el self o noción de sí mismo. Y está bien que sea así, sería imposible pensarnos decidiendo qué hacer ante cada cambio y/o estímulo, sea de “dentro” o de” fuera” de nuestro cuerpo.
Entonces, consciencia es todo aquello que nuestro organismo decide qué hacer en sus distintos planos de “funcionamiento”.
Ahora, como profesionales, lo que nos importa es aquel aspecto o función que llamamos “consciencia de sí mismo”, “self, “noción de sí mismo o Yo. Y nos importa porque desde él emergen las percepciones de las cuales nos damos cuenta que somos parte, que nos pasan cosas y que somos conscientes de ello. También importa, porque desde él es que podemos adueñarnos de nosotros y elegir lo que nos conviene, nos hace bien, deseamos y pretendemos nos pase. Así como también poder reconocer aquello que nos daña y poder modificarlo. Desde allí, desde la toma de contacto es que nos consultan. Pero la pregunta que sigue es: ¿cómo logra la consciencia hacer que nos demos cuenta de quiénes somos?
En principio, esta noción de sí mismos, surge del recorte que hacemos, de las experiencias que vivimos y las hacemos propias. Nuestro cerebro ha adquirido esa cualidad, la evolución nos ha dotado de esa posibilidad, la de sabernos a nosotros mismos.
Es evidente que ha sido necesario para sobrevivir, quizás porque nuestro organismo es débil en comparación con el de otras especies y fue necesario que, desarrolláramos la corteza cerebral, y nutrir al cerebro medio y superior de millones de conexiones en red que algunos neurocientíficos denominan cognitos. Estos se establecen uniendo informaciones, se especializan en alguna de ellas y luego ante lo que acontece se despliegan, se conectan y generan respuestas adaptativas necesarias para vivir. La atención y la memoria como funciones los enriquecen y facilitan esas redes. Luego, todo se traslada a la percepción, que es una función humana, en tanto permite significar lo sentido, darle un valor y desde allí ser lo más eficiente que se pueda. Un complejo conjunto, insisto, en función de sostenernos vivos y de existir. Sepamos que la vida comienza con la unión de un ovulo con un espermatozoide, y la existencia comienza cuando nacemos y somos “tocados” por otro que nos recibe y nos inicia en un contacto, en un encuentro que implica el” ir hacia,” tal cual significa la palabra EXISTIR. El cuerpo es sentido siendo con los otros. Como nos señaló Maurice Merleau Pony, somos “consciencia encarnada”, a lo cual prefiero decir “somos carne conscientizada”.
El cerebro- que es de carne y por ello cuerpo-, como dije, posee la cualidad de discernir desde aquello que podemos llamar provisoriamente una “proto noción de sí mismo”. Esta es la que permite las respuestas automáticas para cuidarnos, sin nuestra intervención conscientemente, de manera homeostática y homeodinámica. La primera para mantener el equilibrio, la segunda para salir “hacia adelante”, buscando caminos nuevos.
El cuerpo “es consciente de sí mismo”, a ello le llamamos “sabiduría organísmica”. Sin embargo, parece que eso no fue suficiente para saber quiénes somos, porque hasta ahí no habría mucha diferencia entre un chimpancé y nosotros, más aún, entre una ameba y nosotros. Esta última también sabe cuidarse a sí misma y buscar el modo de sobrevivir. Lo que nos diferencia es eso que llamamos “el sabernos quienes somos”.
Y ya que mencioné a los chimpancés, parece ser que en sus funciones cerebrales existe un cierto acercamiento a una noción de sí mismos. La diferencia notable, con nosotros los humanos, es que esa cualidad es elemental y sobre todo que al no adquirir el lenguaje abstracto y, al no poder simbolizar sus emociones, están restringidos sólo a ese auto-conocerse. Por tanto, no tienen la posibilidad de poseer sentir emociones significadas, es decir, sentimientos, ni razonamientos abstractos complejos, ni proyección de futuro imaginado.
Cómo aprendemos a saber quiénes somos, es la forma de plantear este tema, porque es una situación de aprendizaje. Lo aprendemos en la experiencia de vida que vamos transitamos, desde que estamos en el vientre de nuestra madre hasta la actualidad. Es un proceso que se asimila en relación a esa posibilidad protomísmica de nuestro cerebro, desde la cual, como dijimos anteriormente, logramos, darnos cuenta sin darnos cuenta, es decir, pre-reflexivamente, de lo que nos pasa en nuestro cuerpo y ver qué hacer con ello.
En una primera etapa con eso es suficiente. El bebé no es consciente sí mismo al principio. Nace inmaduro, y depende de los demás, aunque por la sabiduría organísmica que posee, saber pedir lo que necesita y alejarse de lo que lo daña.
Cuando comienza a existir y se refiere a sí mismo, cuando empieza a hablar, lo hace en tercera persona – “nene quiere”- (quizás por ello Freud llamó “ello” a esa etapa), sin embargo, su cuerpo ha ido registrando lo que viene de “adentro y lo que viene de afuera”. La sensación de hambre viene de dentro, un dolor de panza viene de adentro, una mirada tierna de su madre viene de afuera, un grito de un alguien viene de afuera, un mimo corporal, o una agresión física que produce dolor, viene de afuera, va sabiendo lo que todavía no sabe, es lo que llamamos un “yo primordial”, o un “proto yo”. Va madurando su sistema nervioso central, la socialización (que viene de afuera) se va entramando con su maduración cerebral, adquiere experiencia vivida, y como dije más arriba, ya sabe que es una silla, aunque todavía no pueda nombrarla. Ya sabe que es él, aunque todavía no lo ha elaborado simbólicamente.
La evolución continúa en él existir, las redes neuronales se van organizando. Cuando escuchamos que ese bebe dice “yo quiero”, estamos ante un hecho magistral, se ha realizado el quiasma entre las redes que son conscientes del propio cuerpo, el estímulo formador de lo social, la información para estar en este mundo, en el momento epocal que está siendo, con la posibilidad de que el cerebro pueda informarse a sí mismo sobre quién se es, ante el hecho de que se está “experienciando”. Como he dicho, ese “darse cuenta” de que esto nos está pasando a nosotros, es el inicio de la instalación de nuestra mismidad.
Parece mágico, quizás lo sea, pero fundamentalmente es bio-psico-social-espiritual. Es la vinculación madurativa del ensamble individuo/sujeto mundo, dada por la posibilidad de que ciertos cógnitos, se auto-constituyan sabiéndose.
Lo que estamos viendo, acontece a nivel del cerebro, siendo parte de las últimas investigaciones que se están haciendo en neurociencias, aconteceres que nos seguirán sorprendiendo a medida que se siga investigando.
Esto enriquece la ecuación percepción-acción, es decir, habilita a más posibilidades de revisarse y elegir caminos nuevos ante las dificultades que lo han traído a la consulta.
Por otra parte, esto avala que somos un telar; que todo es allí, aquello que se llama lo no- consciente entramado con lo que si sabemos de sí mismos; aquello que parece oculto, y que quizás lo esté para preservarse y no para negar o pensar algún tipo de trampa, como la que sostiene la cultura de la sospecha, que hay que develar.
No hay nada que develar que sea trampa, negación, ocultamiento ex profeso, aquello que no es a la vista, que es invisible, lo es porque no es necesario que esté disponible, porque funciona en automático, o porque es mejor que se encuentre allí por ahora. Nuestro organismo elige lo que es necesario para vivir y existir.
Cuando nos trabamos, estamos incomodos con nosotros mismos, tenemos conductas que no nos hacen bien, o hacen mal a otros. Cuando eso nos sucede se llama síntoma. Es eso implica una incongruencia entre nuestra consciencia o noción de si mismo, y “la carne” que es nuestro continente.
En esas situaciones existenciales, estamos ante un reclamo organismico que abordemos un trabajo para desenredar el telar.
Si me atrevo a ser más enérgico con esta posición, desde mi mirada Humanística, diría que se ha gastado mucho tiempo en pensar que hay que buscar lo oculto, lo reprimido, lo negado. Y ¿por qué no mirarlo desde otro lugar, aquel que nos instala en el trabajar con lo visible, en no atacar lo no visible y saber con paciencia que una vez que el organismo no se siente amenazado, solito se abre a que esa tela que somos se disponga mejor? Para ello está el poder generar un encuentro. El cerebro, órgano que dispone nuestra mente para saber lo que tiene que hacer cuando las redes fluyen más libremente.
Por otra parte, es muy interesante insistir que, desde nuestra posición fenomenológica, tenemos en claro que hay un saber organísmico pre-simbólico, que inicia el camino de una consciencia organísmica hacia la de auto reconocimiento, y por lo tanto pre-verbal. Con la aparición del lenguaje – lo verbal – el habla nos hace ampliar el sabernos, y proyectar el que queremos ser siendo, desde el seguir sabiendo.
Es aquí donde la tarea profesional también se inserta, en el facilitar desde la palabra como recurso para facilitar este saber de sí mismo y obviamente, desde mi posición, la inclusión de recursos corporales, imaginarios, psicodramáticos, brinda una mayor información que promueve profundizar y resolver aquello que se nos consulta.
En síntesis: parece haber niveles de consciencia, que se van (en los humanos) ensamblando, como un proceso de entrama con el mundo, el otro y nosotros.
- Organísmica: el cuerpo sabe lo que le pasa y actúa para sobrevivir. El cerebro se maneja con imágenes, cognitos, redes neuronales, sistemas de interacción, que no son conscientes para la persona que porta ese cuerpo. Es la memoria evolutiva de la especie que somos.
- Mísmica: el psiquismo se va formando en la socialización al entrar en contacto con los objetos, entes y el otro nosotros.
La función memoria va integrando el cuerpo sentido como propio, aún no simbolizado en tanto es pre-verbal.
Esa memoria va construyendo el núcleo de la identidad, la base de la persona que somos y seremos.
Nuestra psique ya lo sabe.
- Yoica: aparece el lenguaje y la noción simbólica de sí mismo, no sólo nos sabemos, sino más aún, podemos nombrarnos, ampliar nuestro darnos cuenta de quienes somos y abrir el camino hacia el futuro, es decir pro-eyectarnos en la relación con el nosotros.
Nota: se habrá notado, como escribo aquí, la palabra consciencia y no conciencia. Este dato es importante, la “s” antes de la “c”, le da un sentido distinto. Cons-ciencia refuerza la idea del conocer y se apuntala en el saber neurocientífico actual.
Si bien en el uso cotidiano puede ser indistinto, aquí es importante aclarar que conciencia, es una adquisición humana, producto del desarrollo y enriquecimiento del saber de la consciencia. Ésta implica el funcionamiento no consciente del cerebro, que lo hace en automático, al poner en acción las redes corponeuronales para lograr sobrevivir.
En cambio, conciencia conlleva la adquisición de los valores, de la moral, de la ética, de la búsqueda del sentido vital y la trascendencia, del amor y de todo aquello que nos ha hecho humanos.
Para ser más claro, decimos que alguien esta inconsciente cuando se ha desmayado, o en coma, por ejemplo. Decimos que alguien es un inconsciente cuando realiza actos que dañan a sí mismo o a los demás.
Como profesionales es importante tener clara esta distinción, incluso cuando discutimos acerca de conceptos como el inconsciente o lo inconsciente. Por ello para mi es más viable, en nuestra posición, hablar de lo visible o lo no visible, y eso evita confusiones conceptuales en nuestras disciplinas.
Una vez más es clave diferenciarnos del modelo “médico” de la ayuda psíquica y transitar hacia un modelo de “desarrollo humano/personal”.
Es también importante comprender que nos motiva, que es aquello que genera el existir siendo humanos, aquello que Carl Rogers menciono como uno de sus conceptos fundamentales, La Tendencia Actualizante y que “dividió en dos”, una que potencia al organismo y otra al Self, y que yo las una en una: TENDENCIA AUTOACTUALIZANTE. Tendencia que coincide con el Concepto de Tendencia Mórfica del Universo, y veamos como ella ha sido tratada por varios pensadores a través del tiempo. Es por ello que prefiero nominarla como PULSION ORGANISMICA.
Veamos que implica la Tendencia Mórfica en el encuentro con otro.
La Tendencia Mórfica en el Encuentro
Desde mi posición como terapeuta humanístico – descentrado de lo humano- (aclaro esto porque necesito desligarme de la mirada del medioevo sobre él Humanismo) y en un modelo que nomino como Enfoque Centrado en el Encuentro, es nodal, además de tener en cuenta una Posición no directiva, comprender que nuestra vida, en tanto entramada en todo el universo, se motiva desde la Tendencia Mórfica o Formativa y, desde el organismo vivo que somos, con nuestras propias características, se expresa como auto actualización organísmica. En un encuentro terapéutico se entraman las tendencias del profesional con la de los consultantes. Nuestra tarea es facilitar que la potencialidad hacia el desarrollo se haga figura por sobre la del conflicto que lo detiene. Es por ello que, para enriquecer la idea, me propuse explorar este concepto en autores occidentales, que aún en sus diferencias epocales y epistemológicas los ha ido sosteniendo. Y los coloco en orden de aparición como seres existentes.
NOTA: Tendencia Mórfica, es un concepto del historiador Lancelot White, que se refiere a que, en el Universo, en el cual estamos y somos siendo, se observa una tendencia al despliegue hacia un orden creciente y de mayor complejidad interrelacional, sin ignorar que Szent Gyoergy (premio nobel de Biologia en 1974) también existe una propensión al deterioro. Es por ello que menciono la idea de que nuestra tarea es favorecer el desarrollo positivo, y el Encuentro de tendencias/pulsiones, debe ir en ese camino.

Veamos los aportes:
SPINOZA BARUCH 1632 -1677
El conatus en la filosofía de Spinoza es el esfuerzo o impulso innato e inmanente por el cual cada cosa, en cuanto está en ella, se esfuerza por perseverar en su propio ser. Es la esencia misma de las cosas, una potencia de actuar y una fuerza vital presente tanto en seres vivos como en objetos inanimados. Implica esfuerzo, impulso, inclinación, tendencia. Es el motor de la existencia.Principio del formulario
Aspectos clave del Conatus:
Esencia y Acción: El conatus no es solo una tendencia pasiva, sino la potencia activa que define la naturaleza de cada ser.
Apetito y Deseo: Cuando el conatus se refiere a la mente y al cuerpo simultáneamente, se denomina apetito. Cuando el ser humano es consciente de este impulso, se le llama deseo
Emociones (Afectos): La alegría y la tristeza están ligadas al conatus; la alegría es el paso a una mayor perfección (aumento de potencia), mientras que la tristeza es el paso a una menor.
Virtud y Ética: Para Spinoza, la virtud radica en la búsqueda de la utilidad propia, que es perseverar en el ser (auto-preservación).
Universalidad: Todo lo que existe en la naturaleza posee conatus, ya que es la fuerza que la mantiene en existencia.
NIETZSCHE FREDERICH 1844-1900
Es el principio orgánico y psicológico fundamental: la fuerza vital básica que impulsa a todo ser vivo, no solo a sobrevivir (superación de la visión de Darwin), sino a expandirse, auto-superarse, crear y dominar su entorno, superando obstáculos
Más allá de la supervivencia: Nietzsche argumenta que los seres vivos no buscan solo conservarse, sino descargar su fuerza, crecer y expandirse.
Auto-superación y creatividad: Es una fuerza de auto-dominio y creatividad, no necesariamente una dominación tiránica sobre otros, sino la superación de uno mismo para alcanzar una forma superior.
Principio de la realidad: Define la realidad como un devenir constante, una lucha de fuerzas donde los valores se crean y transforman, rechazando el nihilismo
La base del Sobrehombre: Es el impulso motor del Übermensch (sobre hombre), quien crea sus propios valores («así lo quise yo») y afirma la vida.
Crítica a la moral: Es una fuerza afirmativa que se sitúa «más allá del bien y del mal», contra la moral tradicional que Nietzsche consideraba decadente
En el proceso de poder llegar a ser un sobre hombre, describe tres etapas metafóricas del desarrollo espiritual y personal para alcanzar la libertad y la auto trascendencia: el camello, el león y el niño. Este proceso representa la evolución de la sumisión a la moral impuesta, hacia la rebelión contra ella y finalmente la creación de valores propios.
El Camello (Sumisión): Representa la etapa inicial donde el espíritu carga con el peso de la tradición, la religión y los «debes» sociales. Es la aceptación sumisa de los valores establecidos.
El León (Rebelión): El espíritu se transforma en león al luchar contra el «tú debes» y el dragón de los valores heredados, proclamando su libertad y diciendo «no» a la tradición. Busca la autonomía pero carece de la capacidad de crear nuevos valores.
El Niño (Creación): Es la etapa final de libertad máxima, inocencia y afirmación de la vida. El niño representa la creación de nuevos valores, el olvido del pasado y el juego de la existencia, convirtiéndose en el sobre hombre.
Estas metamorfosis no son lineales y pueden experimentarse repetidamente, permitiendo al individuo superar el nihilismo y afirmar su propia voluntad
SIGMUND FREUD- 1856- 1939
La pulsión de vida, denominada Eros por Sigmund Freud, es el conjunto de impulsos fundamentales (sexuales y de auto conservación) que buscan mantener la vida unida e integrada. Regida por el principio de placer, busca la unión, la creación, la satisfacción y la energía libido para garantizar la supervivencia y el dinamismo vital.
Es una fuerza creativa y dinámica que impulsa a conservar la vida, buscando la satisfacción del deseo y la unión con el otro.
Componentes: Integra la pulsión sexual (libido) y las pulsiones de auto conservación o del yo.
Finalidad: Busca la integración, el placer, la construcción, la cooperación social y la unión de la materia viva
Oposición: Se contrapone a Thanatos (pulsión de muerte), que tiende a la disgregación, desintegración y el retorno a lo inorgánico.
Manifestaciones: Se expresa en la alimentación, el amor, la libido, el sexo, la creatividad y la construcción de vínculos.
HENRI BERGSON 1859- 1941
El Elan Vital (impulso vital) de Henri Bergson es una fuerza creativa fundamental e inmaterial que impulsa la evolución, el desarrollo y la complejidad de los seres vivos. Es un «impulso original» que genera nuevas formas de vida de manera impredecible, oponiéndose al mecanicismo determinista y a la teleología estricta.
El élan vital ayuda a todos los organismos vivos a sobrevivir adaptándose a situaciones que le dificulta la existencia.
Ralph Waldo Emerson la denominó fuerza vital.
Elan significa fuerza que, no solo es para sobrevivir sino para la auto organización y la morfogénesis espontánea de las cosas de una manera cada vez más compleja. Además, designa una concepción de la vida opuesta tanto al mecanicismo como a la teleología.
Características Clave del Élan Vital:
Fuerza Creativa y Evolutiva: No es solo supervivencia, sino un empuje interior hacia formas cada vez más complejas y «destinos más altos». Es la causa real de la variación y las mutaciones en la evolución.
Contrario al Mecanicismo: La vida no se explica únicamente por leyes físicas o químicas; el élan vital es una fuerza espiritual o de energía interna que actúa sobre la materia.
Imprevisibilidad: Evoluciona sin un fin predeterminado, creando novedad constante en lugar de seguir un plan rígido.
Continuidad y Tiempo: Se relaciona con la «duración pura» (tiempo interior sentido), avanzando como un impulso continuo que atraviesa generaciones.
- Origen de la Vida: Actúa como el principio impulsor que distingue a la materia viva de la inerte
KURT GOLDSTEIN 1878-1965
La auto actualización, el impulso básico y único del organismo para desarrollar sus potenciales, capacidades y esencia al máximo. Definida como una tendencia holística y vital, no es solo una necesidad superior (como en Maslow), sino una fuerza biológica presente en todos los seres vivos para realizarse y mantener su identidad. Goldstein desarrolló este concepto estudiando a pacientes con lesiones cerebrales, observando que la enfermedad aísla impulsos, pero el organismo sano busca la autorrealización constante, y fue quien instalo el concepto de lo organísmico.
Características clave de la auto actualización:
Impulso Fundamental: Goldstein propuso que es la única motivación real del organismo, un impulso biológico hacia la «perfección» o realización de la propia naturaleza.
Enfoque Holístico: Concibe al individuo como un todo unificado, no como una suma de partes, y la autorrealización ocurre cuando el organismo funciona plenamente en su entorno.
Origen Organísmico: La tendencia a la autorrealización surge del interior del organismo, no viene de fuera.
El «Self» y la Perfección: Implica la necesidad de completar las propias capacidades, incluso arriesgando la vida por mantener la integridad y la identidad.
- Influencia: En Carl Rogers y Abraham Maslow.
CARL ROGERS 1902 1987
La tendencia actualizante –yo la conceptualizo como auto actualizante– es el concepto central de Carl Rogers que define la motivación innata de todo ser humano —y organismo vivo— para crecer, desarrollarse, mantener su integridad y alcanzar su máximo potencial. Es un impulso biológico y psicológico constante hacia la autorrealización, la autonomía y la madurez, incluso ante condiciones adversas.
Fundamentos:
Innata: No es aprendida, está presente desde el nacimiento como una fuerza direccional positiva.
Integral: Abarca el crecimiento físico y psicológico, buscando no solo sobrevivir sino mejorar.
Condiciones para el desarrollo: Para que esta tendencia florezca, Rogers propone la necesidad de un entorno con «consideración positiva incondicional», empatía y autenticidad.
Obstáculos: Cuando el auto concepto se distorsiona (por juicios externos), la tendencia puede ser «secuestrada», bloqueando el crecimiento.
«Persona plenamente funcional»: Es el objetivo de la tendencia actualizante, alguien que vive el presente, confía en sí mismo y es creativo.
ABRAHAM MASLOW 1908- 1970
Desde la idea de auto actualización basada en Kurt Goldstein, realiza una investigación sobre las características de una persona auto realizada y propone un “camino” existencial que nomino PIRAMIDE, partiendo de la idea del cómo ir superando necesidades para acceder a la cúspide y lograr autorrealizarse.
Niveles de la Pirámide de Maslow
- 1. Necesidades Fisiológicas (Base): Son las necesidades biológicas básicas fundamentales para la supervivencia, como respirar, comer, beber, dormir, el refugio y la temperatura corporal.
- 2. Necesidades de Seguridad:
Buscan protección contra amenazas y estabilidad, incluyendo la seguridad física, el empleo, la salud y la propiedad privada.
- 3. Necesidades Sociales (Afiliación): Incluyen el sentido de pertenencia, amistad, amor, intimidad y aceptación social.
- 4. Necesidades de Estima (Reconocimiento): Se refieren al respeto por uno mismo (autoestima), la confianza, el éxito y el respeto de los demás.
- 5. Autorrealización (Cúspide): Es el nivel más alto y representa el desarrollo del potencial propio, la creatividad, la moralidad, la búsqueda de sentido de vida y la resolución de problemas.
LA PÉRSONA AUTORREALIZADA- sus características según Maslow
Percepción eficiente de la realidad.
Aceptación.
Espontaneidad.
Humildad y respeto.
Ética y valores.
Sentido del humor.
Creatividad. La autorrealización y las necesidades básicas.
ANDRES SANCHEZ BODAS- 1948
PULSION/TENDENCIA ORGANISMICA: La noción de sí mismo (self- autoconcepto) es la que regula al organismo humano, por ello considero que casi todos los autores anteriores – salvo Carl Rogers- no tomaron en cuenta esta regulación del sistema motivacional.
El auto concepto se constituye, en el desarrollo de la socialización, que es lo que va sumando a las potencialidades biológicas el factor humano, y desde allí los constructos perceptuales, que se van “instalando” y se deslizan en las acciones que emergen desde la percepción, dado que desde ella vamos construyendo lo que va siendo nuestra propia mirada, sobre nosotros mismos (autopercepción, mismidad), y sobre el otro y el mundo de lo supuestamente real (hetero percepción yoicidad). Ese “formato” perceptual ese el que guía y guiara, nuestro sistema de creencias, que motivan nuestro existir siendo en acciones y vinculaciones. Esta “fuerza vital” toma su propio camino en la interacción entre lo organísmico y el sí mismo, y nosotros cada vez que actuamos- sea como sea- lo hacemos en la “creencia” que es correcto lo que hacemos para seguir existiendo. Esto no nos libera de la responsabilidad que tenemos en nuestras acciones una vez que las realizamos, por ello cuando asistimos a seres humanos tenemos que tomar en cuenta, que para nosotros, si bien hay una “realidad” que nos precede, y tal como mencionó Martin Heidegger :un mundo al cual somos arrojados, sin elegir, quien nos arrojó, cuando y donde, esos seres humanos que somos y son siendo quienes nos consultan, tienen sus propios modos de percibir , significar e interpretar, lo que “pasa” y desde allí poder discernir “ que nos pasa con lo que nos pasa”. Y de eso se trata nuestra tarea: facilitar desde el encuentro, el comenzar a habitar ese “espacio vacío” el cual se inicia en las primeras entrevistas, ese espacio que estaba deshabitado hasta entonces, ir generando desde una empatía relacional, un modo de relacionar nuestras “carnes conscientizadas”, para desde allí con nuestro escuchar humanístico, integrar juntos, como “socios” en un camino a recorrer, donde aquellos constructos que perturban a quienes nos consultan, puedan revisarse en una experiencia, que vitalice un reencuentro con la sabiduría organísmica que todos poseemos.
Podemos pensar otros aportes que enriquecen esta lectura:
- Emerson: 1803-1882: Fuerza Vital
- Alfred Adler: 1870-1937: Búsqueda de Pertenencia
- Carl G.Jung: 1875-1961: Individuación
- de Chardin: 1881-1995: Punto Omega
- Erich Fromm: 1900-1980: Necesidad de Trascendencia
- Viktor Frankl: 1905-1997: Voluntad de Sentido
Lic. Andrés Sánchez Bodas- 2026
Psicólogo Humanista- Buenos Aires Argentina 21/9/1948- Egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1972. Introductor del Counseling Humanístico en 1987 en Argentina. Profesor Universitario. Director de Holos Sanchez Bodas y autor de 19 libros, desde los cuales explicita su propio modelo.

